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Ideología y arte (II), Cinefilias y fobias

Clint Eastwood: “Si vienes con una cámara a mi casa para hacerme una entrevista, te mato. Lo digo en serio”.

 

FREESTYLE (2012)

Ideología y arte (II) Cinefilias y fobias

Christopher Nolan, Clint Eastwood, Charlton Heston, John Ford, Elia Kazan, Lars von Trier, Louis-Ferdinand Céline y Frank Miller son algunos de los protagonistas que aparecen citados en este artículo de Fernando Alfaro, segunda parte de su serie sobre “ideología y arte”, o cómo enfrentarse a la creación artística por encima de posicionamientos ideológicos. Dogmáticos defensores de lo políticamente correcto, abstenerse.

(Se puede leer la primera parte aquí)

Me sorprende que os carguéis películas por ser ‘ideológicamente conservadoras. Al revés también sucede. Que hablamos de cine, demonios, tuiteó con furia el crítico Javier Pulido, visiblemente molesto. Hablaba del último Batman de Christopher Nolan. Veamos: ¿de qué hablamos cuando hablamos de cine? ¿O de música? ¿O de literatura, cómic…? ¿Hablamos de la expresión directa y articulada de una ideología o una visión del mundo, sea o no dogmática? ¿O de la destilación de ese crujido interno de alguien dotado del talento o la capacidad para destilarlo –y hacernos también crujir– muchas veces a ciegas, dando palos en la penumbra?

Más claro está el asunto cuando la sombra de la duda proviene no ya de la propia obra, sino de la vida privada del artista. Por mucho que todo un Clint Eastwood entre como un cazador blanco en la cacharrería de la política-espectáculo estadounidense, por mucho que apoye a la facción más facciosa de esta, ¿desactiva eso el estruendoso silencio, la capacidad de emocionar, la compasión de “Sin perdón” (1992), de “Mystic River” (2003), de tantas otras?

Más preguntas: ¿no se os revolvieron las tripas viendo cómo en “Bowling For Columbine” (2002) el imperdonable Michael Moore, de forma absolutamente descortés (en atención a cómo había sido recibido en casa del anfitrión, sin mánager ni asistentes y con toda amabilidad), acosaba e intentaba humillar a un ya anciano Charlton Heston por su apoyo a la Asociación del Rifle? ¿No lo recordabais entonces en la genial “Sed de mal” (Orson Welles, 1958) –interpretando a un mexicano, sí, ¿qué pasa?– o en las fábulas distópicas de “El planeta de los simios” (Franklin J. Schaffner, 1968) o “Cuando el destino nos alcance” (Richard Fleischer, 1973), o en tantos westerns mitológicos, rifle en mano? ¿No forma parte vital de esas películas?

 
Ideología y arte (II), Cinefilias y fobias

Elia Kazan contribuyó con sus chivatazos a la defenestración de sus antiguos compañeros del Partido Comunista.

 

Y ya que hablamos de westerns mitológicos: lo de tachar a John Ford de racista (con los criterios actuales) por “Centauros del desierto” (1956), que presenta a un protagonista cuyo odio hacia los indios es motor del argumento, equivale a acusar a Hobbes de fomentar el canibalismo por lo de el hombre es un lobo para el hombre.

Joder –diría Harry el Sucio–. “A veces pienso que a determinada gente le abriría algo más que los ojos pasar un tiempecito en la cárcel. Como mínimo se acabarían ciertos remilgos.

Y fue Harry el Sucio el que le salió del alma a Clint Eastwood cuando en enero de 2005, a la salida de una gala en Nueva York, se plantó ante Michael Moore y le espetó: Si vienes con una cámara a mi casa para hacerme una entrevista, te mato. Lo digo en serio.

Tengo otra imagen en la mente: Warren Beatty y bastantes más, sentados sin aplaudir a Elia Kazan el día o la noche en que recibió aquel Óscar honorífico en 1999. Tirando la primera piedra. Vale, Kazan contribuyó con sus chivatazos a la defenestración y caída en desgracia de sus antiguos compañeros del Partido Comunista durante la “caza de brujas” del macarthismo. Siendo cierto, ¿hay que olvidar o tirar a la papelera de la Historia filmes como “Un tranvía llamado deseo” (1951) o “Al este del edén” (1955)? En otra –gran– película como “La ley del silencio” (1954), un atribulado o escocido Kazan se dedicó, por un lado, a justificarse levantando una auténtica apología de la delación y, por otro, a equiparar o relacionar nada menos que con la mafia a los sindicatos de estibadores, próximos a sus antiguos camaradas comunistas que ahora lo despreciaban. Pero eso fue solo una reacción individual, fruto del despecho.

 
Ideología y arte (II), Cinefilias y fobias

Siguiendo con los heterodoxos formidables, podríamos hablar de Lars von Trier y sus estentóreas declaraciones filonazis.

 

Sin embargo, al sostenimiento de las relaciones de poder y las desigualdades sí que contribuye “Hollywood” en general, esto es, “la industria”, por muy cerca que se les suponga del Partido Demócrata (se escucha un canto: ¡¡¡Tal y Tal la misma mierda es!!!, aludiendo con lenguaje castizo al bipartidismo o bipartitocracia). Pero mucho más todavía todo el entramado televisivo y mediático, con la Fox del inefable Rupert Mordor (sic) a la –monstruosa– cabeza. No hay más que apreciar la creciente moralina conservadora de los últimos “Los Simpson”. El capítulo dedicado a las bodas homosexuales, por ejemplo, es de traca.

Pero siguiendo con los heterodoxos formidables, también podríamos hablar de Lars von Trier y sus estentóreas declaraciones filonazis, justo antes de estrenar una genialidad como “Melancolía” (2011). Vale, pues niéguense a verla. No lean tampoco la obra de Céline. Ustedes verán.

Sin querer justificar la biografía o los actos de nadie, diré que todos la cagamos, todos la hemos cagado alguna vez. Algunos hasta el fondo. Todos, al menos los humanos, tenemos contradicciones. Así se construye la Historia, y pocos son los héroes que no acaban podridos. La vida es larga para cometer errores y corta para rectificar. Y así podría estar soltando excusas y justificaciones. Pero, a mí por lo menos, no me hacen falta. ¿Que Frank Miller vilipendia, desde posiciones fachas, el movimiento Occupy Wall Street, primo hermano y por tanto supuestamente cercano a nuestro 15-M? Yo seguiré en mis “300” –disfruté también con la película– o en mi “Sin City” –ídem multiplicado por dos–. No sé, a mí me enseñaron a afrontar las cosas de la vida en general con espíritu crítico, y perderme grandes obras por un tufillo neocon por allí, unas torpes intenciones adoctrinadoras por allá… no va conmigo. Tampoco, claro está, en el caso de los Batman de Nolan.

Publicado en la web de Rockdelux el 22/11/2012
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