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In a free world, Perversión de lo gratuito

Ilustración: Sonia Pulido

 

EDIT (2012)

In a free world Perversión de lo gratuito

El fin del mundo como lo conocíamos. Un nuevo paradigma de actuación y, con él, una nueva forma de relacionarnos. Es un escenario que ha acabado –que acabará– irremediablemente con antiguos hábitos de acceder a la información y, por tanto, con la recompensa de quienes cobraban por facilitar ese conocimiento. El lubricante de lo gratuito desvirtúa muchos debates cargados de dogmatismo. ¿Cuando hablamos de “free” hablamos de gratuito o de libertad?, preguntó Santi Carrillo en este Edit.

El 2012 ha empezado fuerte. Periódicos, distribuidoras de prensa, editoriales, tiendas de discos... tocados y hundidos por las exigencias de un mundo veloz y feroz. Internet ha acabado con nuestros hábitos de comportamiento. Podemos hacer casi cualquier cosa sin levantarnos del asiento, sin separarnos de la pantalla de nuestro ordenador. Es el triunfo de lo etéreo y, por encima de todo, de lo gratuito, placentera circunstancia a la que nos hemos habituado mucho antes de que la maldita crisis nos obligara a ello. ¿Pagar por algo que puedes tener gratis? ¿Por qué?

Hay que decir que en estos tiempos de redes sociales y exhibicionismo impúdico, donde se vocean secretos y se dictan sentencias a la velocidad de un clic, no todo el mundo puede generar opiniones valiosas, como no todo el mundo puede arreglar una lavadora, pilotar un bólido de carreras o construir una casa. La democratización de la tecnología, acontecimiento histórico de gran magnitud, tiene una serie de contraindicaciones que nos han confundido más que la noche a un adicto a los gin-tonics. Todos hablamos de lo que sea, y todos queremos tener razón... mientras no tengamos que pagar por ello, claro.

Hasta hace aproximadamente menos de una década, la gente podía cultivarse más o menos razonablemente de un modo autodidacta, con independencia de los estudios que hubiera realizado. Quioscos, librerías, tiendas de discos y salas de cine, ahora todos en peligro de extinción, proporcionaban una amplia oferta cultural que ayudaba a intentar comprender el mundo. Ese plus de información se basaba en la interpretación de visiones ajenas creadas por artistas, periodistas y expertos que, como en cualquier otra profesión, cobraban por su trabajo, hecho sustancial que les permitía seguir dedicándose a él para profundizar e investigar, y así enriquecer su discurso.

Pero hoy la sociedad parece haber perdido sus vistas al exterior para enquistarse en el onanismo de una pantalla de ordenador y, entre otras muchas cosas, dar voz a aficionados. Esta concurrencia entre amateurs y especialistas conviviendo indistintamente, en principio algo positivo, ha adquirido un efecto devastador: se ha equiparado el trabajo de unos y otros ¡como si fuese lo mismo!, primando, además, siempre lo gratuito...

Artistas, periodistas o expertos, a diferencia de lo que ocurre en cualquier otro oficio, están a punto de dejar de percibir dinero por su labor, si no lo han hecho ya. Y por consiguiente, dramáticamente, dejarán de estar presentes en este escenario. ¿Quién escogerá ser músico, escritor, cineasta o periodista a tiempo completo, con dedicación absoluta, no como hobby en horas muertas? No parece importarle a nadie el deterioro y desprestigio de estas profesiones, algo que repercutirá en la línea de flotación de una sociedad que puede acabar siendo cada vez más superficial, más frívola, menos crítica y menos plural. Se nos ve felices con este magnicidio cultural. Es gratis.

Etiquetas: 2010s, 2012, internet, sociedad
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