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Intervenidos, Madrid-Bruselas-Fráncfort

Ilustración: Pepo Pérez

 

MANIFESTO! (2012)

Intervenidos Madrid-Bruselas-Fráncfort

En este artículo se analizó la situación europea y, sobre todo, española tras el fracaso del gobierno de Mariano Rajoy en mantener su ilusión de que España no era como Grecia y que, por tanto, no podía ser “intervenida”. Vicenç Batalla, redactor de economía en Euronews, lo explicó aquí.

Que nadie se engañe, esto es una guerra. Económica, pero guerra. Entre los países ricos del norte de Europa y los pobres del sur; entre unas teorías ortodoxas y otras de solidaridad; entre los monopolios y los pequeños empresarios; entre los especuladores y los trabajadores; entre una oligarquía política y los ciudadanos en la calle. El grado de soberanía de los pueblos y las personas es diametralmente opuesto a las medidas que se aplican desde Bruselas y Fráncfort a medida que avanza la crisis, y la última capital en caer ha sido Madrid. O sea, el gobierno de Mariano Rajoy y su ilusión de que España no era Grecia. Y de que la canciller alemana, Angela Merkel, era nuestra aliada en una guerra donde los ricos cada vez pagan menos intereses y los pobres cada vez pagan más o pasan a ser tutelados por los primeros. La ayuda, por ahora bancaria, no es gratuita y supone entrar en un círculo vicioso cuyas consecuencias se han comprobado en el resto de países periféricos. Estas son las trincheras.

Madrid

En el cara a cara de las elecciones legislativas de noviembre pasado, Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba apenas hablaron de Europa. Ambos se enfrascaron en un diálogo de sordos, en clave electoralista, donde la cuestión más importante del margen que le quedaba a España para salir del marasmo se relegaba a un segundo plano. Y resulta que, de todo lo que discutieron, lo fundamental estaba en qué podrían hacer realmente. O qué les dejarían hacer. Porque en sus programas no había iniciativas propias europeas. Y mucho menos, planes alternativos a la intervención.

Existía un precedente suficientemente serio para tenerlo en cuenta, pero prefirieron ignorarlo, y este fue el cambio de rumbo, en mayo de 2010, del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Zapatero se inmoló por ello. Rubalcaba se fue directamente al patíbulo. Y Rajoy, mirando hacia otro lado, esperó ganar tiempo. El resultado es que, seis meses después, asumió una derrota en toda regla en un Congreso de diputados y en un debate que más parecía una rendición ante los mercados. Ni vanguardia ni resistencia, solo inexorabilidad. La más pura imagen de la impotencia y el descrédito. Un presidente vigilado, que arrastrará así la sombra de un protectorado sin atreverse a decir su nombre y se consolará con unos palmeros que aplauden la eutanasia del Estado tal como lo habíamos conocido.

 
Intervenidos, Madrid-Bruselas-Fráncfort

El gran superviviente, a pesar de representar solemnemente la más pura imagen de la impotencia y el descrédito.

 

En un Parlamento relegado a tareas de sumisión, las raíces de esta decadencia de los felices años del cemento y los intereses a casi el cero por ciento se ningunearán. No se investiga el caso más escandaloso de Bankia y las connivencias de banqueros, poder público y consejos de administración con partidos mayoritarios, sindicalistas y representantes, que callaban mientras en todas las cajas se repartían salarios indecentes y se vendían unas acciones preferentes que eran mentira. La punta del iceberg de la debacle de unas centenarias cajas de ahorro, mutiladas por la avaricia del dinero fácil allí donde antes contribuían a la obra social de su demarcación. El ejemplo de la vida a crédito para unos recursos de los que no se disponía. Y la pérdida de garantía frente a un patrimonio que cae por los suelos mientras echan a la gente de sus casas.

Bruselas

Se nos hizo creer que Rajoy le había echado un pulso a Merkel en el Consejo Europeo celebrado el 29 de junio. Pero quien realmente lo hizo fue el primer ministro italiano, Mario Monti, que amenazó con no firmar el pacto por el crecimiento propuesto por el nuevo presidente francés, François Hollande. Este le dio carta blanca a Monti, en una delegación de su lucha contra la inflexibilidad germana. Y entonces Rajoy se apuntó. Y pareció funcionar bien, aunque se trataba únicamente de un nuevo movimiento de tropas entre los contingentes.

El Mecanismo de Estabilidad Europeo (MEDE) no podrá prestar directamente a los bancos españoles sin que ello siga cargando las arcas públicas en forma de déficit perseguido por Bruselas (la cuadratura del círculo) hasta que no se cree un supervisor europeo de las entidades financieras que dependa de la votación unánime de todos los miembros de la eurozona. Entre ellos, los euroescépticos Finlandia y Holanda. Y en último término, el Bundestag germano y el Tribunal Constitucional de Karlsruhe. Podemos ir esperando.

Para cuando ello sea posible, se habrá echado encima el susodicho plazo ampliado para que este déficit se reduzca al tres por ciento del Producto Interior Bruto, en 2014. Mientras tanto, y a pesar de la devaluación fiscal de Madrid para recortar 65.000 millones de euros, la economía española seguirá en recesión y el paro habrá superado ya el 25 por ciento. Los ingresos previstos por parte del Estado seguirán descendiendo y se deberá volver a renegociar una ayuda exterior que aumentará la parte de intervención.

 
Intervenidos, Madrid-Bruselas-Fráncfort

Se nos hizo creer que Rajoy le había echado un pulso a la canciller alemana Angela Merkel en una guerra entre ricos y pobres.

 

 

Fráncfort

El nuevo dogma económico se llama déficit público. Es verdad que el gran problema español es el déficit privado acumulado durante tantos años de orgía en la moneda única. Pero los contribuyentes no tienen la culpa de que los responsables financieros crearan un sistema insano y tóxico para su enriquecimiento personal. Ahora, la Hacienda española es rehén para financiarse de este pecado original de la deuda privada que, hace solo cinco años, le llenaba las cajas. Aunque no debería ser irreversible.

Hay que volver a recordar que el Banco de Inglaterra, la Reserva Federal estadounidense y el Banco de Japón lidian con unos déficits públicos mucho mayores. Pero pueden poner en marcha la máquina de billetes si la inflación no se dispara. Allí, el déficit no es tabú como en Berlín. Y los inversores que mueven miles de millones en centésimas de segundo de un punto a otro del planeta no tienen miedo a perder. Incluso están aceptando intereses negativos en países como Francia (en la frontera de lo que se considera un país solvente o no) porque consideran que no se les esfumará el dinero como en Grecia. De paso, los agentes más agresivos apuestan y ganan enormes cantidades en sofisticados productos que se benefician de la subida de intereses en el sur de Europa.

No es por casualidad que la llave para parar esta locura esté en Alemania y, concretamente, en Fráncfort. En el directorio del Banco Central Europeo, que ante una sola indicación de los políticos puede no únicamente volver a comprar deuda enferma en el mercado secundario, sino directamente en las subastas de los Tesoros nacionales. Una antesala del Tesoro en la eurozona que es la gran batalla final que nos debería librar de un exterminio de nuestro ideal como europeos.

Etiquetas: 2010s, 2012, economía, política
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