USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
JAMES MURPHY & 2MANYDJS, Bailar “Despacio”

Ilustración: Sonia Pulido

 

EDIT (2014)

JAMES MURPHY & 2MANYDJS Bailar “Despacio”

El espacio “Despacio”, alojado en una carpa destinada al baile, no pasó desapercibido en la edición de Sónar 2014. De hecho, fue lo más aplaudido del festival. Una experiencia retro que, comandada por James Murphy y los hermanos Dewaele, quienes oficiaron a lo balearic y homenajearon las enseñanzas de Larry Levan y su labor de precursor sin prejuicios en el Paradise Garage, fue un gustoso y nostálgico viaje al fondo de la memoria disco. Santi Carrillo lo vivió así.

En la década de los setenta se produjo en Nueva York un hecho accidental pero trascendente que tuvo consecuencias sociales de gran calado: la música disco irrumpió contra el machismo, el racismo y la homofobia cuando un público básicamente compuesto por mujeres, negros y gays tomó el protagonismo en las pistas de baile, otorgando visibilidad a actores secundarios que, hasta entonces, permanecían semiocultos.

Al amparo de clubes pioneros y prescriptores como The Loft, The Gallery, Paradise Garage o el elitista Studio 54, la disco music, verdadero sonido libre internacional, fue extendiéndose por el mundo hasta convertirse en el patrón de socialización más recurrente en el ámbito de las relaciones personales; la discoteca como lugar de encuentro, como emblema de comunicación popular e interclasista. Así, agitando aleatoriamente pies, brazos y caderas, el disfrute y el hedonismo siguieron marcando el territorio de la confraternización bailable de las sucesivas generaciones: entre la liberación y el exhibicionismo, entre lo sensual y lo sexual. 

En el reciente Sónar, los habitantes de la noche se convirtieron, en un inusual horario infantil, en sorprendidos y entusiastas disco dancers de tarde gracias a la encomiable labor de tres estrellas de la música trabajando como obreros con vocación de artesanos. James Murphy (ex LCD Soundsystem) y los hermanos David y Stephen Dewaele (2manydjs) ejercieron de maestros de un rito ya antiguo: ¡¡¡pinchar vinilos, cuando ya casi nadie lo hace, a razón de seis horas por jornada durante tres días!!! Desde las 15:30 hasta las 21:30, convirtieron la carpa “Despacio” en un insospechado lugar de peregrinación con visos de celebración retro.

Aunque, en esencia, era un acto promocional de la marca McIntosh, adalides del buen sonido (en este caso, gentileza del ingeniero John Klett, quien ya había establecido las directrices técnicas del estudio de DFA, el sello de Murphy), en este imbatible espectáculo de groove cálido –estrenado en el Manchester International Festival en julio de 2013– primó el crepitar, e incluso el error, de los discos sobre la perfecta frialdad de las máquinas, devolviendo al planeta Tierra a muchos estrategas de la electrónica evolucionada.

Oficiando a lo balearic (todos los estilos: funk, disco, rock, pop blanco, mixes europeos), y recurriendo con regularidad a pertinentes remezclas de Larry Levan que homenajeaban su labor de precursor sin prejuicios, cualquier canción histórica era posible en un mundo ajeno al espacio exterior. Porque “Despacio” acabó convirtiéndose en una burbuja de música sin fin de la que era difícil escapar: un gustoso y nostálgico viaje al fondo de la memoria. Una gran experiencia, sí; pero, al mismo tiempo, una paradoja que –¿irónicamente?– cuestionó la naturaleza aventurada del público de un festival de música avanzada. Y es que, en cuestiones de divertimento, ya sea en el Sónar –como se vio en este ensayo-proyecto “Despacio”– o en una fiesta de cumpleaños, todos tendemos a lo conservador, aunque lo disimulemos bailando de forma extraña.

STANLEY KUBRICK, Su universo cinematográfico
Por Quim Casas
Las elecciones griegas (I), O cómo asaltar el centro político
Por Diego Muro y Vicenç Batalla
MARK E. SMITH, La revuelta permanente
Por Quim Casas
Charlie Hebdo (II), “Esto no es una pipa, imbécil”
Por Pepo Pérez y Raúl Minchinela
In a free world, Perversión de lo gratuito
Por Santi Carrillo
THE SMITHS, La luz, la luz
Por Santi Carrillo
ANTÒNIA FONT, Se acabó la magia
Por Santi Carrillo
CDs Rockdelux, Música de calidad y distinción
Por Santi Carrillo
Sidecar, 30 años

EDIT (2013)

Sidecar

30 años

Por Santi Carrillo
CHARLES MANSON, Hijo de Nadie
Por Jaime Gonzalo
Jamboree, 365 días al año, dos pases al día
Por Roger Roca
JOSÉ MOURINHO, El gran timo del rock’n’roll
Por Santi Carrillo
Girls, Lena Dunham y las anti-riot grrrls
Por Santi Carrillo
EELS, Cosas que no deberían perderse
Por Santi Carrillo
LOQUILLO, A portagayola

EDIT (2016)

LOQUILLO

A portagayola

Por Santi Carrillo
KANYE WEST, La soledad del corredor de fondo
Por Santi Carrillo
House Of Cards, Kevin Spacey y Shakespeare en TV
Por Santi Carrillo
CAMARÓN, Tiempo de leyenda
Por Santi Carrillo
JUANJO SÁEZ, Emociones musicales con nostalgia
Por Santi Carrillo
CARLOS ZANÓN, Soñada tinta sonora de rock
Por Santi Carrillo
Rockdelux 300, Especial con fotos
Por Santi Carrillo
Arriba