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  • “La llegada”

  • “Prisioneros”

  • “Sicario”

Denis Villeneuve y Jóhann Jóhannsson formaron una pareja artística esencial en películas como “Prisioneros”, “Sicario” y “La llegada”.

 

FREESTYLE (2018)

JÓHANN JÓHANNSSON Música Incidental (VI): Un adjetivo que musicó casi todos los adverbios

Por Remate

La serie “Música incidental” se salta el guion previsto para analizar la fabulosa obra de Jóhann Jóhannsson (1969-2018), un autor esencial que falleció el pasado 9 de febrero, cuando tan solo tenía 48 años (ver aquí). Obviamente, el compositor islandés iba a aparecer antes o después en este repaso del mapa más sugestivo de bandas sonoras contemporáneas. Pero adelantamos el capítulo como un pequeño homenaje y reacción ante una noticia tan triste e inesperada. La serie “Música incidental” se puede seguir aquí.

Denis Villeneuve y Jóhann Jóhannsson, cineasta y músico superlativos respectivamente, forman una pareja artística de una trascendencia esencial para percibir parte del cine presente más fascinante, de la plasticidad y el nervio de este arte en el que resultan casi indisociables la imagen y su música. Un mismo fagocito que se contrae como el corazón de la película. Alfred Hitchcock y Bernard Herrmann, David Lynch y Angelo Badalamenti, Wes Anderson y Alexandre Desplat, o más recientemente Paul Thomas Anderson y Jonny Greenwood... serían algunos ejemplos de dúos similares en el fondo y en la categoría. Esa disección anatómica en la que se podía abrir en canal un filme. Directores de cine que casi escriben la historia al tempo de la partitura de los crescendos y diminuendos. Y el hiposulfito sódico con el que fijan la fotografía de cada escena espera pacientemente a cada destello de vientos, cuerdas o sintetizadores para revelarse y fundirse al color que sea.

Jóhannsson musica todos o casi todos los adverbios: lugar, tiempo, modo, cantidad, afirmación, negación... Es un compositor que ilustra el cómo, el cuándo y el dónde. Si cerráramos los ojos, sabríamos que nos encontramos en medio de una explanada donde aparece una nave espacial que levita a unos metros del suelo, aunque permanezca inerte. Lo que oímos es la respiración de la nave, esa es la música. Y la experta lingüista –interpretada por Amy Adams; y la película sería “La llegada” (2016)– simbolizaría al propio compositor, a Jóhannsson. Son los sonidos, los fonemas, las melodías... los que trascienden las barreras entre extraterrestres y humanos. Los distintos colores se deben a la dispersión de la luz producida por la atmósfera (palabra clave: el dónde y parte del cómo). La eclosión de orquestaciones clásicas tenues serían de algún quirúrgico modo los adverbios, y las texturas electrónicas teñirían este impresionismo de expresionismo (la visión interior), de sentimientos, de dudas.

 
JÓHANN JÓHANNSSON, Música Incidental (VI): Un adjetivo que musicó casi todos los adverbios

Jóhann Jóhannsson fue uno de los mejores compositores actuales: dio con la orquestación perfecta para musicar bandas sonoras.

 

En el registro electrónico casi siempre contó con la ayuda de Robert Aiki Aubrey Lowe (también conocido como Lichens), intérprete genuino del sintetizador modular: música electrónica free, incontrolable y pura, casi una secta (maravillosa) que debate acerca del sonido, su divinidad aleatoria y el infinito del bucle perfecto. Esta colaboración –“Sicario” (2015), “La llegada”...– define el grado de minuciosidad y devoción con el que Jóhannsson abordó cada encargo cinematográfico. Era plenamente consciente de la importancia de los instrumentos empleados y de su alma, como si fueran la de los diferentes idiomas del planeta, para plasmar ese espacio de expresionismo-impresionismo vidrioso sin que resultara un ejercicio intelectual o cerebral, sino todo lo contrario, pura clorofila.

Sus composiciones son también contemplativas, lo que en algún momento (fallido) de la historia del cine parecía casi un clamoroso error. Supuestamente, esa no era la función de la música incidental, la de observar. Había que contar cosas. Que ocurrieran pasajes y acentos y muchos rinforzando. Un gran ejemplo de cómo la música puede mirar a la escena es la pieza “Escape” de la banda sonora de “Prisioneros” (2013). Un acorde de órgano de casi seis minutos que muta un poco y se deforma otro poco, y se suman unos chelos como si saludaran por un hipotético carril contrario de una carretera imaginada y siguieran su camino inverso, y unos coros subrayan levemente la misma tónica... Y ya. No le hizo falta más para evidenciar esa angustia.

Jóhannsson quedará para la posteridad como un adjetivo musical, como uno de los mejores compositores que dio con la orquestación perfecta para entrar en un túnel y para salir de él, para abrir la escotilla de un cohete y para conducir por el desierto. Como uno de los grandes artífices capaces de musicar las elipsis, y de que esa supuesta “nada” fuera un todo. RIP.

Publicado en la web de Rockdelux el 12/2/2018
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