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JORDI ÉVOLE, Contra las concesiones

“Ese latiguillo de ‘el programa de Évole’ es inevitable, pero puede hacer que te vea más gente”. Foto: Óscar García

 
 

MANIFESTO! (2014)

JORDI ÉVOLE Contra las concesiones

Fueron largas las gestiones para entrevistar a Jordi Évole (Cornellà de Llobregat, 1974) de ‘Salvados’, el mejor programa de televisión en 2012 y 2013 según los lectores de Rockdelux. El periodista debía iniciar una serie sobre protagonistas diversos de la transformación social, pero su “okey” tardó tanto en llegar que terminó cerrando la tanda de entrevistas que Julián García y Gemma Tramullas realizaron para Manifesto!, sección en la que participaron con sus opiniones Ada Colau, Aleix Saló, Mònica Oltra, Teresa Forcades, Jorge Verstrynge, Francisco Polo, Simona Levi, David Fernández, Lara Alcázar, Manuel Huerga e Itziar González (ver aquí).

Son las once de la mañana de un lunes y Jordi Évole es de los últimos en llegar a la oficina del polígono de Sant Just (Barcelona) desde donde se diseña ‘Salvados’, programa de televisión de laSexta con diez temporadas de éxito y una media de tres millones de espectadores. El multipremiado periodista se toma su tiempo para saludar a sus compañeros antes de sentarse a responder preguntas. Hablará durante poco más de una hora, acompañando sus palabras de ese gesto tan suyo que consiste en arrugar la nariz y achinar los ojos, un solo gesto con el que es capaz de transmitir dulzura o frialdad, según la pregunta.  

“Somos un equipo de treinta personas. Primero se ponen una serie de temas sobre la mesa y elegimos tres o cuatro para los programas siguientes. A partir de aquí, empieza un proceso de preproducción y, si el tema cuaja, se inicia la búsqueda de personajes. Por cada entrevista que se hace se descartan cuatro o cinco personajes. Todo este proceso lleva unas tres semanas, más una semana de grabación y otra de montaje. Poderte dedicar casi un mes a un tema es un lujo”

Os han puesto una denuncia por incumplir el código deontológico periodístico en “Operación Palace”, el falso documental sobre el 23-F. ¿Cómo lo llevas? Estoy muy contento. Si la única queja, de una asociación que yo no conozco –la Asociación de Usuarios de la Comunicación–, es por un falso documental que no es estrictamente periodismo, sino una ficción, quiere decir que la profesión está de puta madre. Llevarte al tribunal deontológico de periodismo por hacer una ficción es como aplicar las normas del baloncesto cuando se está jugando al fútbol.

¿En todos estos años de emisión de ‘Salvados’ nadie había presentado una queja formal? Hemos tenido quejas puntuales de colectivos que se han sentido ofendidos. Cuando aún no se había estrenado el primer programa ya recibimos un burofax de una empresa de comunicación que nos pedía que no emitiésemos una secuencia.

¿Qué secuencia? Fuimos con un micrófono de la cadena SER a un mítin del PP y con uno de la COPE a un mítin del PSOE, y una de las empresas se enfadó.

¿Y se emitió? ¡Por supuesto! Fue uno de los primeros “hits” de ‘Salvados’. Y en “Salvados por la Iglesia”, un grupo ultracatólico pidió a grandes empresas que retirasen la publicidad y lo consiguieron en tres o cuatro casos. Desde el primer día el programa ha sido incómodo, pero es que para mí el periodismo tiene que ser incómodo. En el caso de la denuncia por “Operación Palace”, de entrada yo me declararía culpable antes de que dicten sentencia. Culpable de haber mentido y de haberlo dicho, porque ese debe ser el problema, que cuando mientes lo dices. En cambio, hay casos flagrantes en nuestra profesión de gente que miente y no lo dice y no pasa absolutamente nada.

¿Te molesta que a veces acabes siendo demasiado protagonista del relato periodístico? Intento huir de eso. Si a veces caemos en eso, es un error.

Pero ‘Salvados’ es periodismo de autor, es “el programa de Évole”. Ese latiguillo de “el programa de Évole” es inevitable, pero puede hacer que te vea más gente. Aun así, tenemos que procurar que los protagonistas sean los personajes y reconocer el trabajo de los pioneros que nos han abierto el camino. Nosotros casi nunca somos los primeros en nada; ojalá tengamos de vez en cuando alguna exclusiva, pero para mí la información es una cuestión bastante colectiva.

Évole es una parte muy importante, pero solo una parte. ¿Cómo se hace un ‘Salvados’? Somos un equipo de treinta personas. Primero se ponen una serie de temas sobre la mesa y elegimos tres o cuatro para los programas siguientes. A partir de aquí, empieza un proceso de preproducción y, si el tema cuaja, se inicia la búsqueda de personajes. Por cada entrevista que se hace se descartan cuatro o cinco personajes. Todo este proceso lleva unas tres semanas, más una semana de grabación y otra de montaje. Poderte dedicar casi un mes a un tema es un lujo.

¿Qué presupuesto tiene el programa? No lo sé ni yo. Preferí no saberlo. Yo voy pidiendo equipo, recursos, viajes... y mientras no me digan que no, no me preocupo.

 
JORDI ÉVOLE, Contra las concesiones

“Tenemos que procurar que los protagonistas sean los personajes y reconocer el trabajo de los pioneros que nos han abierto el camino. Nosotros casi nunca somos los primeros en nada”. Foto: Óscar García

 

¿Has desglosado el presupuesto de la Casa Real ante toda España y no conoces el presupuesto de tu programa? No, para eso hay una jefa de producción. Si lo supiera, quizá pensaría que gastamos demasiado. Mientras nos podamos ganar la vida más o menos bien haciendo algo que nos gusta y nos llena... Yo no hago este programa para hacerme multimillonario y nadie del equipo está aquí para eso.

¿Alguna vez te has ido a dormir pensando en que habías expuesto demasiado ante la cámara a gente de la calle? No. Intentamos no dejar en la estacada a nadie que ha dado la cara en el programa. Que Jaume Matas se desnude ante la cámara no me preocupa tanto como si es una persona que se juega el puesto de trabajo con lo que dice. Cuando eso pasa les insisto: “¿Seguro que quieres que salga esta entrevista?”, aunque eso signifique perderme una secuencia de puta madre. Para mí esta gente son los auténticos héroes.

¿No hay nada que te quite el sueño? No. Además, yo soy de dormir en cualquier sitio y eso me salva la vida porque voy corto de descanso. A veces le he dicho a un taxista: “¿Cuánto hay de aquí a Tirso de Molina? ¿Cinco minutos? Pues que sean quince, que voy a dar una cabezadita”. Y el tío me ha dado tres vueltas por Madrid.

“Intentamos no dejar en la estacada a nadie que ha dado la cara en el programa. Que Jaume Matas se desnude ante la cámara no me preocupa tanto como si es una persona que se juega el puesto de trabajo con lo que dice. Cuando eso pasa les insisto: ‘¿Seguro que quieres que salga esta entrevista?’, aunque eso signifique perderme una secuencia de puta madre. Para mí esta gente son los auténticos héroes”

Si España fuera un país con poca corrupción, políticos responsables, índices de paro razonables... ¿‘Salvados’ tendría sentido? ¿El programa es mejor en la medida en que el país es más cutre? En eso hay una parte de razón, pero me gustaría que, cuando superemos esta etapa, no nos olvidáramos de lo que ha pasado, que sirviera un poco de lección y que no perdiéramos el espíritu crítico a pesar de que nos vuelvan a ir muy bien las cosas. Creo que ‘Salvados’ también tendría cabida en un período de bonanza.

¿Es un programa para incitar a la reflexión o para reconfortar el malestar colectivo diciéndole a la gente lo que quiere oír? No siempre ‘Salvados’ dice lo que la gente quiere oír. No quiero sentirme condicionado por lo que piensan los demás o por lo que creo que me dará más aplausos. Es bueno que te digan: “No esperaba que hicierais un programa donde alguien defendiera esta tesis tan bien”. Pues... es que la vida es así.

“Hermida entrevistando al Rey es como Évole entrevistando al juez Garzón o a Felipe González”. ¿Hay algo de razón en esta frase de Twitter? (Ríe) Es la opinión de alguien que piensa que les hacemos la pelota y yo creo que no. Hay que relativizar mucho lo que se escribe en Twitter o Facebook, aunque algunas cosas me duelen, sobre todo si las dice alguien a quien yo respeto.

Pero es verdad que no tratas igual al jefe de las compañías eléctricas o a Cayetano Martínez de Irujo que a González o a Garzón, con los que eres más afín ideológicamente.Discrepo. A veces, hagas lo que hagas, te dirán que les has hecho la pelota porque eres de laSexta o porque escribes en ‘El Periódico de Catalunya’ y tienes un perfil más progre. El día que haga una entrevista y me dé cuenta de que no he hecho las preguntas que tenía que hacer porque me he cagado, lo reconoceré.

Empezaste en televisión haciendo el personaje de El Follonero. ¿Hay algo del personaje en el Évole de ‘Salvados’ o eres tú al cien por cien? Cada vez hay menos de El Follonero, pero sin esa etapa más histriónica con Andreu Buenafuente no estaría haciendo lo que hago. Aquello nos ha permitido llegar a un público al que no habríamos llegado desde el periodismo más ortodoxo; por eso podemos hacer un programa sobre el fraude fiscal en “prime time” y que nos vea mucha gente. Yo venía del periodismo “serio”, de hacer radio en la SER y en teles locales, y entrar en el mundo del entretenimiento nos dio un cierto conocimiento de otro tipo de lenguaje que hemos incorporado a ‘Salvados’. El programa es una mezcla de géneros y formatos, pero ahora mismo creo que el noventa por ciento es periodismo, y espectáculo hay muy poco. La conversación en sí misma es un espectáculo. Además, estamos en un momento fantástico para  los periodistas porque la ciudadanía tiene más ganas de saber que nunca.

 
JORDI ÉVOLE, Contra las concesiones

“El programa es una mezcla de géneros y formatos, pero ahora mismo creo que el noventa por ciento es periodismo, y espectáculo hay muy poco”.

Foto: Óscar García

 

Pero cada vez te cierran más puertas del poder. ¿Eso no limita tu trabajo periodístico? O quizá vuelvan a abrirnos las puertas cuando se den cuentan de que cerrarlas es un error. También teníamos puertas muy cerradas que, de repente, se han abierto. Yo no pensaba que ‘Salvados’ sería el programa que sentaría a Felipe González y a Artur Mas a hablar.

Los periodistas que trabajan día tras día en el Congreso, por ejemplo, intentan mantener una buena relación con sus fuentes para seguir sacando noticias. ¿Y qué hemos conseguido con esta buena relación?

“Los periodistas hemos hecho demasiadas concesiones; la más conocida, ir a ruedas de prensa donde no podemos preguntar. Hemos perdido fuerza. La vulnerabilidad, la debilidad de la empresa periodística como negocio, ha hecho que esas ganas de saber de la sociedad no se plasmen en los medios de comunicación tradicionales y acabemos leyendo ciertas noticias en medios pequeños que no tienen tantas servidumbres con el poder. Los periodistas tenemos que saber lo que es ir en metro y comer de menú en un bar de polígono, porque si no, terminamos haciendo periodismo de calentar la silla en la redacción

Enmienda aceptada. No sé qué ganamos callando. Los periodistas hemos hecho demasiadas concesiones; la más conocida, ir a ruedas de prensa donde no podemos preguntar. Hemos perdido fuerza. La vulnerabilidad, la debilidad de la empresa periodística como negocio, ha hecho que esas ganas de saber de la sociedad no se plasmen en los medios de comunicación tradicionales y acabemos leyendo ciertas noticias en medios pequeños que no tienen tantas servidumbres con el poder. Los periodistas tenemos que saber lo que es ir en metro y comer de menú en un bar de polígono, porque si no, terminamos haciendo periodismo de calentar la silla en la redacción. Hay una nueva generación que quiere volver a pisar la calle, destapar temas...

Hemos invitado a un jubilado de Barcelona a plantearte una pregunta y la hemos grabado. Es esta: “Hace años hiciste una parodia de la Semana Santa en las calles de Londres en la que te reías de todo y, en cambio, ahora haces programas muy serios. ¿Qué pretendías entonces y qué pretendes ahora? ¿Cómo llevas el hecho de que uno de los resultados directos de tu programa sea el enriquecimiento de una cadena de televisión?”. ¡Toma ya! Es verdad que nos hemos vuelto más serios. Para nosotros el 15-M fue un punto de inflexión. Entonces el programa no pasaba por su mejor momento y no teníamos garantizada la renovación. La temporada acabó a principios de mayo y nos dio una rabia enorme no poder contar el 15-M. Recuerdo una conversación con uno de los realizadores en medio de los acampados de la Plaça Catalunya: “Si nos renuevan, no podemos volver a salir de España, decíamos. Tenemos que contar lo que está pasando aquí”. Y nos renovaron. Aquellos ocho programas eran como nuestra reválida, nos lo jugábamos todo. Le dije al equipo: “Nos han renovado por ocho programas y es probable que después nos vayamos a casa, pero haremos los mejores ocho programas de nuestra vida”. Me salió un discurso casi épico, pero es que me lo creía de verdad.

Estilo Pep Guardiola. Un poco sí, estábamos todos muy influenciados por aquella ola triunfal del Barça. Y fueron los programas de “Cuando éramos ricos”, en el que enseñábamos aeropuertos y estaciones de AVE abandonados, “Borrando ETA”, “Reiniciando Euskadi”... Y nos iban renovando de ocho en ocho.

¿Y respecto al dinero que gana la cadena gracias a ‘Salvados’? El programa está en una cadena comercial que pertenece a un gran grupo, que es Atresmedia, y que seguramente querrá que el programa sea muy rentable. A mí ya me va bien. Mientras yo pueda hacer lo que quiero, esto no me crea ningún tipo de conflicto. También es verdad que podemos hacer lo que podemos hacer porque nos ve mucha gente. El día que no tengamos tantos espectadores, seguramente no tendremos tanta fuerza; por eso tenemos que aprovechar ahora.

¿En ningún momento te ha planteado un conflicto ético? ¿Hacer un programa sobre las eléctricas y que en una pausa se anuncie Endesa? Me encanta. Yo he hecho lo que he querido y una empresa ha aprovechado la pausa de publicidad para llegar a mucha gente. Mientras esta empresa no condicione mi contenido a través de los directivos de la cadena, perfecto.

 
JORDI ÉVOLE, Contra las concesiones

“Estamos en un momento fantástico para  los periodistas porque la ciudadanía tiene más ganas de saber que nunca”.

Foto: Óscar García

 

¿Se puede ser el Michael Moore español, como te bautizó ‘The New York Times’, y seguir viviendo en Cornellà? Ser de Cornellà siempre es un plus; es lo que más se parece a mi concepto de patria. Yo no he buscado ser el Michael Moore español ni nadie. Michael Moore es, seguramente, una de mis muchas influencias, como también lo son las columnas que escribía Josep Pernau en ‘El Periódico de Catalunya’.

Entonces, ¿sigues viviendo allí? No, vivo a cinco minutos, en Santa Coloma de Cervelló. Me fui de Cornellà porque los pisos se pusieron carísimos. Primero me mudé a La Palma de Cervelló y luego a Santa Coloma.

“Tengo amigos que nunca se habían interesado por el tema patriótico y ahora les veo con una ‘trempera’ (excitación) inusual. A veces me gustaría tener esta fe. Es como la fe de mi madre, que es muy cristiana y cree que todo lo bueno y lo malo que le pasa es gracias o por culpa de un ser superior. Esa fe le soluciona muchos problemas y creo que la fe en la independencia le está solucionando muchos problemas a mucha gente”

No me digas que tú tienes problemas para comprarte una casa... Ahora no, pero cuando me fui a La Palma te garantizo que sí.

Nunca has militado en un partido. ¿En la universidad ibas a las asambleas de estudiantes? Muy poco.

¿Has sido socio de alguna ONG, de asociaciones de vecinos, has ido a manifestaciones...? He ido a manifestaciones desde el No a la Guerra, pero sin militar.

¿De dónde proviene tu conciencia de justicia social? En primer lugar, de la familia. En los setenta mi padre escribía sobre la vida en las barracas de Sant Vicenç dels Horts para la revista ‘Destino’. Y también de haber vivido en una ciudad como Cornellà, donde los curas obreros creaban conciencia de clase a través de sus sermones, y de la actividad de las asociaciones de vecinos. Esas cosas son las que van cuajando. No es necesario militar un trienio para estar legitimado para tener conciencia social.

No pareces cómodo cuando hablas del tema soberanista catalán. ¿Es por la influencia que pueda tener fuera de Cataluña cualquier cosa que digas? Nunca he sido muy de patrias. La bandera, el himno, son cosas que me generan incomodidad, tanto el de aquí como el de allí. Voy por la Plaza Colón de Madrid y veo aquella bandera y digo: “¡Madre mía! ¿Qué necesidad hay de eso?”. Y llego a cualquier pueblo de Cataluña y en la rotonda de entrada o en la ermita de la montaña tienen una bandera estelada (independentista) y pienso: “¿Hace falta todo este exhibicionismo patriótico?”. No, no es mi tema.

¿Pero para ti es lo mismo la bandera de la Plaza Colón que una estelada que los vecinos de un pueblo han izado en una ermita? Sí. Tengo amigos que nunca se habían interesado por el tema patriótico y ahora les veo con una “trempera” (excitación) inusual. A veces me gustaría tener esta fe. Es como la fe de mi madre, que es muy cristiana y cree que todo lo bueno y lo malo que le pasa es gracias o por culpa de un ser superior. Esa fe le soluciona muchos problemas y creo que la fe en la independencia le está solucionando muchos problemas a mucha gente. Pero supongo que es una cuestión más sentimental, más romántica, como cuando a un amigo tuyo le gusta mucho una tía y a ti no. Pues yo no sé qué le ven.

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