×

USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
Justicia universal, Quimera atemporal

Ilustración: Pepo Pérez

 

MANIFESTO! (2006)

Justicia universal Quimera atemporal

Finalmente, se hizo efectiva en noviembre de 2017 la condena a cadena perpetua por parte del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia de Ratko Mladic, detenido en 2011. Tras la captura en 2008 de Radovan Karadzic, esta fue una nueva oportunidad para impartir justicia por la masacre de Srebrenica. De eso trata este artículo, que versa sobre la justicia internacional contra la impunidad en los llamados “crímenes contra la humanidad”. Es un texto de Fede Guerrero escrito cuando se supo la noticia de la muerte de Slobodan Milosevic –expresidente de la antigua Yugoslavia y, tras su disolución, de Serbia– en los calabozos del Tribunal Penal Internacional en La Haya el 11 de marzo de 2006, luctuoso hecho que fue considerado, por varios analistas, su última gesta para la causa etnonacionalista de la Gran Serbia al transformar el mensaje ideológico comunista en un mensaje de sangriento nacionalismo exclusivista, basado en una supuesta postura victimista serbia (el pueblo serbio, históricamente maltratado por Occidente). ¿Malos tiempos para la justicia internacional? De ello se habla en este Manifesto!

Con su muerte, Slobodan Milosevic, responsable de la considerada mayor tragedia humanitaria de Europa desde la Segunda Guerra Mundial, ha conseguido mantener esa máxima utilitarista y épica (aunque éticamente reprobable) de “morir matando”. Independientemente de si el móvil de la muerte de Milosevic ha sido el suicidio (asistido o no), el asesinato o la muerte natural, la verdad es que el resultado final –su muerte y la imposibilidad de ser condenado por los crímenes cometidos– ha tenido un triple efecto: en primer lugar, ha representado una cierta victoria moral para los nacionalistas serbios y su causa (un nuevo mártir ha nacido); en segundo lugar, al quedar Milosevic sin castigo, las víctimas no han podido disfrutar de una más que justa y necesaria reparación moral (la última esperanza que les queda para intentar restañar un dolor demasiado hondo); finalmente, ha infligido un golpe letal a una justicia penal internacional que veía cómo se esfumaba la posibilidad de condenar por primera vez a un jefe de Estado por crímenes de guerra y contra la humanidad. Una condena que hubiese supuesto el espaldarazo definitivo para legitimar su objetivo principal: demostrar que ya no existe impunidad para quienes cometen crímenes contra la humanidad, independientemente del cargo político o institucional que ostenten, y que hasta el momento se escudaban en una éticamente mezquina salvaguarda de la soberanía nacional (en un claro ejemplo de perversa interpretación del principio de no injerencia). Es decir, conseguir por fin la aplicación tanto horizontal (a nivel geográfico) como vertical (a nivel de escalafón o jerarquía política) de la jurisprudencia penal universal.

En este sentido, la muerte de Milosevic perpetúa una constante europeo-occidental durante el último siglo: por uno u otro motivo, nunca se ha podido juzgar y condenar a los grandes genocidas, dictadores y asesinos políticos europeos (llámense Hitler, Stalin, Ceaucescu o Milosevic). Esto nos llevará a preguntarnos qué futuro le depara a la justicia penal internacional y qué motivos u obstáculos han propiciado y propician que esa quimera jurídica, política y ética (el fin de la impunidad frente a los crímenes ejercidos contra la humanidad) no se haya producido hasta el momento.

 
Justicia universal, Quimera atemporal

Tribunal de La Haya o el sueño de un tribunal penal internacional permanente que aplique una jurisprudencia de carácter universal.

 

 

CONTRA LA IMPUNIDAD

A nivel histórico, la búsqueda de un tribunal penal internacional permanente que aplique una jurisprudencia de carácter universal para la lucha contra los crímenes contra la humanidad y el genocidio ha conocido diversos precedentes, aunque todos ellos basados en la creación de tribunales ad hoc y con unos resultados bastantes decepcionantes. Desde el intento de juzgar a los criminales de guerra alemanes de la Primera Guerra Mundial a través del Tratado de Versalles (1919) hasta la instauración de los Tribunales Militares de Nuremberg (1945) y Tokio (1946) posteriores a la Segunda Guerra Mundial, los problemas con que se han enfrentado esos tribunales han sido varios: van de la crítica por su falta de imparcialidad (eran tribunales creados por los vencedores para juzgar a los vencidos, lo que les restaba legitimidad) hasta la muerte de los máximos responsables antes de poder ser juzgados (Hitler, Goebbels), pasando por vergonzantes situaciones de oportunismo político (el japonés Hiro Hito no solo no fue juzgado, sino mantenido como emperador por los estadounidenses para facilitar su ocupación sobre territorio nipón).

La aparición de la Guerra Fría paralizó la propuesta de la Asamblea General de Naciones Unidas para la instauración de dicho tribunal. Y hasta la creación por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY) en 1993 y del Tribunal Penal Internacional para Ruanda en 1994 no se retomó una idea que cristalizó en la creación del Tribunal Penal Internacional (TPI) en 2002: el primer tribunal permanente y universal para juzgar dicho tipo de delitos. En este sentido, los resultados obtenidos por los tribunales de la antigua Yugoslavia y de Ruanda serán determinantes para que el TPI inicie sus futuros trabajos de manera sólida y respetada (el TPI solo puede juzgar crímenes y hechos cometidos a partir de su fecha de creación, sin posibilidad de retroactividad).

Por el lado de los intereses y motivos que obstaculizan el correcto desarrollo de una justicia penal internacional, existe una corriente de opinión que considera que lo mejor para perdonar es olvidar. En otras palabras, que el procesamiento de autoridades políticas y militares puede convertirse en un obstáculo para la reconciliación y la reconstrucción nacional, en una forma de mantener “abierta la herida”. Craso error. No se puede formalizar una base consistente para la reconciliación y el perdón sin una depuración previa de responsabilidades, ya que, de este modo, se está proveyendo un abono para que la semilla del rencor, el odio, la impotencia y la represalia germine antes o después (uno de los grandes errores cometidos a lo largo de la historia europea). En este sentido, y como afirma el jurista internacionalista vasco Xabier Agirre Aramburu, el esclarecimiento de los crímenes y las responsabilidades individuales sería una precondición ineludible para cualquier proceso de paz viable.

 
Justicia universal, Quimera atemporal

Ratko Mladic fue comandante del ejército serbio de Bosnia y uno de los responsables de la matanza en Srebrenica.

 

Pero mientras que algunos (de buena fe) optan por la opción del olvido con una lógica reconciliadora, otros la defienden como una forma de protegerse de posibles consecuencias, si no jurídicas, sí políticas. Es de sobras conocido que los dictadores y genocidas desarrollan la mayor parte de las veces sus atrocidades con la connivencia (como mínimo pasiva) de las grandes potencias. En este sentido, moralmente es tan grave apoyar a un genocida como inhibirse y permitir que actúe. En el caso del conflicto de los Balcanes, la falta de capacidad de reacción de la UE y Estados Unidos ante el desastre fue patente (por no hablar del genocidio ruandés). Resulta significativo que tras la muerte de Milosevic la UE respire tranquila y declare que ahora es el momento de pasar página del pasado y mirar hacia el futuro. ¿A qué precio? ¿Se volverá a repetir la dinámica de que los máximos responsables e ideólogos de dichos crímenes nunca son juzgados y condenados y se cumplirá el expediente condenando a los simples ejecutores de dichos crímenes (culpables, de todos modos)?

LA JUSTICIA DE LOS HOMBRES

Es el momento de desterrar de una vez por todas esa socorrida frase de que a los dictadores y genocidas “solo la historia los juzgará”. Han de ser juzgados en vida y por los hombres, sin dejar margen a posibles justificaciones o zonas grises interpretativas que alimenten odios. La historia es susceptible de ser revisionada y tergiversada (tenemos como ejemplos la negativa turca a reconocer el genocidio perpetrado sobre la población armenia entre 1914 y 1918, o la negativa japonesa a reconocer los crímenes cometidos en Asia durante su período de colonización en los años treinta y cuarenta), y más que ayudar a pasar página lo que hace es contribuir a perpetuar conflictos no debidamente resueltos en su momento.

En definitiva, la justicia internacional y sus instituciones no dejan de ser instrumentos que en última instancia dependen de los Estados para desarrollar sus funciones. Si realmente queremos apostar por una justicia penal internacional imparcial y sólida, es necesario que, en primera instancia, los propios estados se la tomen en serio y no apliquen dobles raseros. No puede ser que mientras el Tribunal de Ruanda condena a cadena perpetua al exprimer ministro ruandés Jean Kambanda por delito de genocidio, en la “civilizada” Europa aún se esté jugando bochornosamente al gato y el ratón con la búsqueda y captura de otros dos causantes de los horrores en los Balcanes como Ratko Mladic (excomandante del ejército serbio de Bosnia) y Radovan Karadzic (expresidente serbo-bosnio), responsables de la matanza en Srebrenica de ocho mil musulmanes ante la pasividad de las fuerzas de la ONU; Mladic y Karadzic se encuentran “escondidos” en Bosnia con el beneplácito de las propias autoridades serbo-bosnias.

TERESA FORCADES, Libertad y sensibilidad
Por Gemma Tramullas
11-S, El americano herido

MANIFESTO! (2001)

11-S

El americano herido

Por John Carlin
SIMONA LEVI, Madame X

MANIFESTO! (2013)

SIMONA LEVI

Madame X

Por Gemma Tramullas
FRANCISCO POLO, Actuar, organizar el cambio
Por Julián García
Google / YouTube, Los 8.000 elegidos
Por David García Aristegui
¿Machismo en el indie?, Objetivemos
Por Santi Carrillo
ADA COLAU, La batalla cotidiana

MANIFESTO! (2013)

ADA COLAU

La batalla cotidiana

Por Gemma Tramullas
UbuWeb, Arte en un clic

MANIFESTO! (2011)

UbuWeb

Arte en un clic

Por Kenneth Goldsmith
Escándalo Bankia, El 15-M arrincona a Rodrigo Rato
Por Víctor Lenore
LANCE ARMSTRONG, Las mentiras del molinillo
Por Xavier Cervantes
15-M (I), “PSOE y PP, la misma mierda es”
Por Víctor Lenore
BOB MARLEY, El hombre y el mito

MANIFESTO! (2011)

BOB MARLEY

El hombre y el mito

Por Dr. Decker
MÒNICA OLTRA, Sin mordazas

MANIFESTO! (2013)

MÒNICA OLTRA

Sin mordazas

Por Gemma Tramullas
Intervenidos, Madrid-Bruselas-Fráncfort
Por Vicenç Batalla
Ciutat morta, El caso 4-F

MANIFESTO! (2015)

Ciutat morta

El caso 4-F

Por Xavier Cervantes
Megaupload, Batalla por el control de la cultura
Por Roberto Herreros
15-M (y II), Cinco cosas que han cambiado
Por Víctor Lenore
MANUEL HUERGA, Vocación indignada
Por Julián García
CÉSAR STRAWBERRY, Palabras entre rejas
Por David Saavedra
Madrid Arena, Criminalización de la música electrónica
Por Víctor Lenore
DAVID FERNÀNDEZ, Contra el círculo de la impunidad
Por Julián García
Arriba