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KANYE WEST, La soledad del corredor de fondo

Ilustración: Sonia Pulido

 

EDIT (2011)

KANYE WEST La soledad del corredor de fondo

Kanye West, el Rey Midas del hip hop, tiene un dominio absoluto del lenguaje del pop de consumo. Es directo, fastuoso y referencial. Escanea la música urbana con un sentido amplio, y mezcla, sin prejuicios, la bisutería y el oro. En su música cabe, y no de cualquier manera, el sinfonismo, el metal, el soul, el pop de FM, el R&B, el electro y el Auto-Tune. Santi Carrillo explicó aquí las sensaciones positivas que le produce escuchar la música de Kanye West, especialmente cuando suena el laureado “My Beautiful Dark Twisted Fantasy”, mejor disco del año 2010 según las listas publicadas en el Rockdelux 291.

Salgo a correr, cuando puedo, y no me canso de escuchar en mi iPod nano “My Beautiful Dark Twisted Fantasy”; todavía hoy. Es más, he llegado a una sincronización perfecta con la música y los raps de este disco. Noto que corro más, y más tiempo, que me canso menos y que, sobre todo, disfruto más. No me había pasado antes con ningún otro álbum completo. Estoy encantado. Y he decidido celebrarlo explicándolo en esta columna. Deseo que llegue definitivamente el buen tiempo, la suave brisa primaveral, el calor rotundo del verano, para forzar todavía más la máquina y establecer nuevos récords personales.

Arranca “Dark Fantasy” y se dispara en mí el reto de poder cumplir cualquier objetivo: de entrada, me siento ágil, poderoso y feliz, capaz de correr cualquier distancia, por muy lejana que parezca. Y me desplazo flotando entre la gente, esquivando bicicletas, perros, niños y ancianas.

Cuando corres, imaginas cosas que te mantengan despierto, motivado, que te permitan seguir moviéndote con la menor fatiga posible. La música de Kanye West me ayuda. Y reconocer las píldoras soterradas pero evidentes de los samples de The Byrds, King Crimson, Smokey Robinson, The Mojo Men, Tony Joe White, Black Sabbath, Manu Dibango o Gil Scott-Heron, entre otros, que él coloca estratégicamente para ganar en inmediatez, favorece a aligerar la carga, que en ocasiones, víctima del agotador esfuerzo, se convierte en cruz. Pero nunca con él, ya digo. Mi rendimiento físico, lo juro por Abebe Bikila, mejora con su música.

Y el rendimiento artístico de Mr. West resulta ya fastuoso, tan rico y directo como, también, referencial e inabarcable, dominando el lenguaje del pop como muy pocos antes. “My Beautiful Dark Twisted Fantasy” es un álbum bastardo que escanea la música urbana con un sentido amplio y cargado de bisutería fina y gruesa: hay clásica y soul, sinfonismo y metal, pop de FM y R&B. Suena pletórico, brillante y tan ególatra como siempre. Pero este chico lo vale: ya ha dado demasiadas pruebas al respecto. Por lo menos, tres de sus cinco discos son obras maestras. Y dispone de un surtido de canciones como únicamente Public Enemy, desde el otro flanco del hip hop, habían conseguido antes. Forma parte de lo mejor de la historia reciente de la música, de cualquier tipo de música.

Fuera prejuicios. Cuando suena “All Of The Lights”, un hit para todos los públicos con la participación de Rihanna, Kid Cudi, Fergie, Alicia Keys y Elton John, parecen encenderse todas las luces de la ciudad en honor a la estrella más radiante del pop actual. Él quiere ser el nuevo Michael Jackson, a quien cita en el inicio del tema, y va camino de equipararse a él. Yo, como Elton John en la despedida de la canción, únicamente puedo decir: “I tried to tell you but all I could say is ohhhh”. Admiración y agradecimiento.

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