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La crisis del euro, Mercados financieros y procesos democráticos

Ilustración: Pepo Pérez

 

MANIFESTO! (2011)

La crisis del euro Mercados financieros y procesos democráticos

Analicemos las grandes contradicicones económicas a las que estamos sometidos. Vicenç Batalla explicó en este artículo que tras la crisis del euro se encuentra el problema de la falta de democracia en las instituciones europeas. También, que el gran fallo de los padres del euro fue creer que una unión económica podría sobrevivir sin una unión política, sin una Europa federal.

No sé si cuando salga este artículo todavía existirá el euro. Espero que sí. Pero lo más grave del asunto es que la decisión no parece estar en manos de los ciudadanos que compartimos esta moneda única, sino de lo que hemos acordado en denominar, como un eufemismo, los mercados. Lo utilizamos a diario en los medios de comunicación y se ha convertido en algo parecido a esas fuerzas irracionales del pasado, en tiempos del medievo, que nos azotaban sin saber exactamente de dónde venían y por eso les atribuíamos un carácter divino. Es difícil librarse de este tipo de lenguaje.

Nunca había leído tanto de economía desde que nos dimos cuenta de que nos habían tomado el pelo. Más o menos, a partir de la crisis de las subprimes en verano de 2008. Es necesario recordar que, si ahora la gente se queda en la calle, se bajan salarios o se cierran ambulatorios y servicios básicos, todo empezó con una burbuja especulativa alimentada por la teoría de que el mercado era clarividente y era capaz de autorregularse. Pues no, fue directamente a pedir dinero al Estado que tanto demonizaba y utilizó el dinero público para asfixiar a los países más débiles. Entre ellos, España y su herencia de ladrillo inmobiliario gestada en el bipartidismo.

A medida que las grandes fortunas, las compañías expatriadas en islas fiscales o los agentes de bolsa apostando por el empobrecimiento de la población se iban escapando de los controles del fisco, los ingresos de estos mismos Estados disminuían ante una recesión económica creciente. Subía su endeudamiento y aumentaba su déficit. Las habituales subastas de bonos del Tesoro para conseguir crédito vieron así dispararse los intereses que pagan estos mismos mercados, que han llevado a la economía a su refinanciación constante al tiempo que exigen cada vez ganar más dinero. Eso pasó en mayo de 2010, cuando se intervino a Grecia y Rodríguez Zapatero dio su giro político hacia la derecha. Hasta ese momento, lo que pagaba Alemania y lo que pagaba España no era muy diferente.

 
La crisis del euro, Mercados financieros y procesos democráticos

Las soluciones a la crisis siguen hipotecadas por el mismo razonamiento que nos ha llevado a la ruina.

 

Lo que ha pasado desde entonces es propio de una película de terror, donde los guionistas son los gobernadores de los bancos centrales y los asesores de los ministros de Finanzas. Más de seiscientos investigadores franceses, pero también españoles, firmaron en septiembre un “Manifiesto de economistas aterrorizados”. A lo largo de una cincuentena de páginas, cuatro de ellos desmontan los diez mandamientos de la ortodoxia de la Unión Europea para demostrar que las soluciones a la crisis siguen hipotecadas por el mismo razonamiento que nos ha llevado a la ruina.

Es decir: los mercados financieros son eficientes; favorecen el crecimiento económico; son buenos jueces de la solvencia de los Estados; el endeudamiento público es fruto de un exceso de gasto; su reducción es la única solución para reducir la deuda; si no, lo pagarán nuestros nietos; hay que tranquilizar a los mercados para obtener refinanciación; la UE defiende un modelo social; el euro es un escudo para la crisis; y lo que ocurre en Grecia permite avanzar finalmente hacia una verdadera solidaridad europea. Ante estas ideas preconcebidas, los economistas aterrorizados exponen una veintena de alternativas que pasan por una fiscalidad en el continente que equipare prestaciones en vez de fomentar la competitividad a la baja y la transformación del Banco Central Europeo en una entidad que preste dinero directamente a los Estados en dificultades.

La solución no es otra que la que disponen la Reserva Federal estadounidense, el Banco de Inglaterra o el de Japón. En estos países, la deuda es mayor que la media en la zona euro, pero sus bancos centrales tienen siempre a disposición la posibilidad de fabricar dinero y, por consiguiente, hacer imposible que haya dudas sobre su solvencia. El peligro es la inflación, pero los japoneses hace años que viven en deflación.

Si el BCE se resiste a monetizarse y el nuevo Fondo Europeo de Estabilización Financiera para socorrer a países como Grecia, Irlanda o Portugal no se ha convertido ya en un Tesoro del euro, es porque Alemania no quiere. La canciller Angela Merkel solo ha avanzado por presión y, de momento, se beneficia de unos intereses exponencialmente más bajos para su deuda a medida que se incrementan los de los demás. Por ello, se niega a la instauración de los eurobonos que mutualizarían las pérdidas y le harían perder, posiblemente, la sacrosanta triple A de las agencias de notación.

 
La crisis del euro, Mercados financieros y procesos democráticos

Si el Banco Central Europeo se resiste a monetizarse, es porque Alemania no quiere.

 

El error de diagnosis de Merkel, criticada a su vez entre los suyos, es que el gran boom de las exportaciones germanas no deja de ser un espejismo. La mayoría se dirigen al interior mismo de la eurozona y, si esta se derrumba, su mayor crecimiento también. El engaño es considerar estos movimientos de mercancías como exportaciones dentro de la misma área de la moneda única.

Y el gran fallo de los padres del euro fue creer que una unión económica podría sobrevivir sin una unión política. O sea, sin una Europa federal. En estos momentos, se da la paradoja de que el nuevo presidente del BCE, el italiano Mario Draghi, se dedicará a supervisar las cuentas de su país, pero no le podrá prestar dinero tras la desastrosa gestión de Silvio Berlusconi. Desde Bruselas o desde Frankfurt se toman decisiones que afectan a todos los habitantes de un país, pero la forma de escoger al presidente de la Comisión o el BCE no es democrática.

La avanzadilla de la pareja franco-alemana aún es menos transparente porque significa que dos Estados deciden por los quince restantes del euro. Las amenazas de sanciones a los despilfarradores se acuerdan unilateralmente. Los griegos, italianos o españoles no pueden expresarse a través de referéndums sobre estas medidas. Hay que dar paso a gobiernos de tecnócratas, a pesar de que los anteriores hayan hecho méritos para abandonar el poder.

A estas contradicciones se refieren, precisamente, dos intelectuales alemanes en escritos recientes y que comparten la misma edad de 82 años: Jürgen Habermas y Hans Magnus Enzensberger. Ambos hablan de una fase posdemocrática en la UE donde las decisiones cada vez están más alejadas de los ciudadanos. Habermas expuso hace poco en París la necesidad de una Unión socialmente menos injusta. Por su parte, Enzensberger recrea en “El dulce monstruo de Bruselas o Europa bajo tutela” un continente de burócratas que impide que emerja una auténtica opinión pública europea. Un proceso democrático que tiene su origen etimológico en el “demos” (pueblo) y “kratos” (poder) griegos.

Etiquetas: 2010s, 2011, economía, política
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