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Primavera Árabe, A ritmo de hip hop

Se acabaron las lamentaciones. Debería haber llegado la hora de las sonrisas. No más Gadafi, no más tiranos.

 

MANIFESTO! (2011)

Primavera Árabe A ritmo de hip hop

Ilusionante artículo de Kiko Helguera de cuando las cosas se veían diferentes a raíz del eco de la no tan lejana Primavera Árabe. En él se analizan las revueltas en el norte de África y Oriente Próximo a partir de que Muhammad Al Bouazizi, un joven de 26 años en paro, se entregó a las llamas el 17 de diciembre de 2010 en Sidi Bouzid (Túnez). También se hace hincapié en la relación de la juventud árabe con las nuevas tecnologías y la música: un mundo de esperanza parecía posible.

En un disco titulado “Peace Revolution 2.0”, editado por un colectivo de raperos norteamericanos de origen árabe, escuchamos, al inicio de la canción “Jan 25”, dedicada al día en que se inició el movimiento en Egipto, una cita de Mahatma Ghandi: “Primero nos ignoraron, después se rieron de nosotros, más tarde nos combatieron y finalmente ganamos”. Y a continuación, un tal Offendum comienza a rapear en inglés: “Les oí decir que la revolución no sería televisada, Al Jazeera les demostró lo contrario, Twitter los paralizó, somos la fuerza de ochenta millones que no va a dejarse aterrorizar, organizados, movilizados, articulados del lado de la verdad, es solamente una cuestión de tiempo hasta que atrapemos al pollo y lo metamos en el horno…” .

Cuando escribo estas líneas, ya han cocinado a dos, Ben Alí y Mubarak, mientras hay otros dos que con seguridad correrán igual suerte: el irrepetible Gadafi, al que se lo han tragado, con jaima y todo, las arenas del desierto libio, y el yemenita Abdullah Saleh, quemado tanto en el sentido metafórico como epidérmico de la palabra, y cuyas apariciones públicas no auguran una pronta recuperación. En Siria la situación se está agravando y la violentísima represión de Bashar Al Assad no hace sino aumentar peligrosamente la temperatura del horno.

Aparentemente, nadie dentro del sistema percibía ningún olor raro en la región en el último trimestre de 2010. Un universo de estadistas, politólogos, economistas, intelectuales, geoestrategas y servicios de inteligencia seguían fabricando, desde las alturas, informes optimistas sobre la realidad, con los mismos lugares comunes y la misma falta de olfato. Porque al nivel del suelo todo el mundo árabe padecía, en distintos niveles, la crisis económica internacional, con sus consecuencias de paro generalizado, miseria, hambre, migraciones internas, huidas en patera y enormes desigualdades sociales, en un contexto de regímenes autoritarios, ineficientes y profusamente corruptos.

Esta vez prendió la mecha un hombre anónimo que se convirtió en antorcha: Muhammad Al Bouazizi, un joven de 26 años en paro, se entregó a las llamas el 17 de diciembre de 2010 en Sidi Bouzid (Túnez) porque las autoridades le habían confiscado el carrito con el que vendía frutas y verduras para alimentar a su familia.

 
Primavera Árabe, A ritmo de hip hop

Esperanza de liberación: la respuesta de la ciudadanía; las mujeres árabes son las que más tienen que ganar en este nuevo escenario.

 

Y este es el primer ingrediente de lo que se está cocinando en el mundo árabe: ha sido una respuesta espontánea la que ha generado un incendio social incontrolable; aunque, una vez iniciado, todos los poderes, ya sean institucionales o fácticos, se hayan lanzado a intentar manipularlo, desactivarlo o instrumentalizarlo: gobiernos amenazados, partidos políticos, líderes tribales, islamistas varios, movimientos sociales y, cómo no, los Estados Unidos y las potencias regionales.

Un hecho muy significativo de estos primeros momentos fue la detención e interrogatorio el 24 de diciembre del rapero tunecino Hamada Ben Amor, alias El Général, por parte de los servicios de seguridad, a la búsqueda de conspiraciones inexistentes, presuntamente organizadas para subvertir el desorden establecido. Este muchacho de 21 años había subido a YouTube, días antes de la inmolación de su compatriota, un tema titulado “Rais lebled” (“Dirigido al presidente”) en el que, de forma sorprendentemente educada –que a mí me recuerda  a “Le déserteur” de Boris Vian– decía lo siguiente: Sr. Presidente, su pueblo se está muriendo, la gente come basura, mire lo que está pasando, miseria por todos lados / Sr. Presidente, hablo sin miedo, aunque sé que me voy a meter en líos, veo injusticia por todas partes”.

Y su diagnóstico apunta al segundo ingrediente básico del guiso: se trata de un fenómeno masivo, que une a casi toda la sociedad, sin distinciones de edad, procedencia social o filiación política; de ahí la dificultad de controlarlo. No los mueven ideologías laicas de izquierdas ni fundamentalismos religiosos de derechas: los mueve el hambre, la miseria, la desesperación y, en general, el descontento popular. Y no buscan sino algo tan básico como libertad, democracia y justicia social.

El tercer ingrediente, a modo de levadura, es la participación de los jóvenes, verdaderos impulsores y dinamizadores del movimiento. Según las estadísticas, más del 35% de la población árabe tiene entre 15 y 24 años, viven en entornos urbanos, están casi todos escolarizados, muchos son universitarios y poseen ya, como los europeos, una habilidad genética para los ordenadores, internet y las redes sociales, lo que les permite comunicarse libremente con el mundo exterior e informarse fuera del circuito de los medios oficiales y tradicionales. Como en el Mayo del 68 francés, los jóvenes aportan esa irresistible dosis de energía, ilusión y valentía que les da la convicción de que pueden cambiar el mundo. Una juventud que ha viajado, sea físicamente o a través de internet, y que se siente unida a través de la música, como se ha podido ver en la Plaza Tahrir de El Cairo y en muchas otras manifestaciones. Sobre todo se conectan con el hip hop contestatario que funciona como elemento de cohesión entre todos los países árabes.

 
Primavera Árabe, A ritmo de hip hop

“Khalas” quiere decir “Basta ya”. Título para una mixtape de hip hop contestatario con artistas de Túnez, Egipto, Argelia y Libia.

 

Ahí tenemos, sin ir más lejos, la célebre “Khalas Mixtape Volume One Mish B3eed”, un CD de raperos de Túnez, Egipto, Argelia y Libia. Y lo más curioso es que casi todos los temas creados en estos tiempos se acompañan de vídeos que se suben a YouTube, con imágenes de lo que está sucediendo en el país, unas ráfagas musicales de urgencia que muchas veces resultan más interesantes como crónicas de combate que por su calidad musical. La  importancia de las nuevas tecnologías en la génesis y el progreso del movimiento quedó demostrada cuando el gobierno egipcio cortó el acceso a internet, los móviles y la cadena televisiva Al Jazeera, en su desesperada lucha por controlar la situación a finales de enero de 2011.

Y luego hay un último ingrediente que va a ser decisivo para la consistencia del nuevo sistema: las mujeres, pues ellas son las que más tienen que ganar en este gran cambio no solo político, sino cultural, que logre reducir la influencia del islam y las ponga en igualdad de condiciones con el hombre, tanto humana como profesionalmente. Es palpable la presencia activa de las mujeres en las manifestaciones y sobresalen figuras emblemáticas como la veteranísima feminista e intelectual egipcia Nawal El Saadawi, la joven tunecina Lina Ben Mehnni, autora del imprescindible blog ‘A Tunisian Girl’, o la recientemente excarcelada activista yemení Tawakul Karman.

Lo que se está gestando en el mundo árabe, es decir, al otro lado del Mediterráneo, es algo que nos afecta directamente y que puede significar un gran salto adelante si la propia sociedad occidental lo toma como tarea propia, sin dejarlo en manos de su clase política. Hasta hace pocos meses nuestros gobernantes se fotografiaban sonrientes con todos los líderes carbonizados por la revuelta, anunciando gloriosos tiempos de amistad, cooperación y desarrollo mutuo. En realidad, si reflexionamos un poco, nuestra revuelta pacífica del 15-M guarda cierta similitud, es una reacción parecida (solo que infinitamente menos traumática por partir de niveles de democracia y bienestar mucho más altos) a lo que sucede en el mundo árabe, que no es sino, en definitiva, un divorcio claro entre la clase política y la ciudadanía. A lo mejor, a nosotros también nos vendría bien una receta de cocina mediterránea, aunque fuese más ligera que la del mundo árabe, y fantaseo con la idea de que en nuestro país, antes de pasar por las urnas este próximo mes de noviembre, pudiéramos pasar a nuestros políticos por la plancha, aunque solo fuese unos segundos, lo que se dice vuelta y vuelta, para espabilarlos con el objetivo de que, después de las elecciones, caminen más rectos.

Publicado en la web de Rockdelux el 26/9/2011
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