×

USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
LACH, El trovador a oscuras

Lach plantó en el club The Fort la primera semilla de la escena antifolk, que se consolidaría después en el SideWalk Cafe.

 

FREESTYLE (2013)

LACH El trovador a oscuras

La primera gira por aquí del impulsor de la escena antifolk neoyorquina pasó prácticamente desapercibida. Sin embargo, mucho se podía aprender de sus actuaciones en restaurantes, librerías, tiendas de discos y bares. Lach es un cantautor a la vieja usanza: sabe que su oficio no consiste en venderse a sí mismo, sino en entretener y ganarse a un público que apenas lo conoce. Y para ello echa mano de sus mejores trucos. Nando Cruz lo vio en Granollers el 9 de marzo de 2013.

El Anònims de Granollers no es un restaurante cualquiera. De entrada, es un restaurante-librería. Los bocadillos tienen nombre de revolucionarios (Emiliano Zapata, Rosa Luxemburg, Ghandi...) y entre los libros mejor expuestos hay una introducción a la figura del filósofo Slavov Zizek y la historia de los veinticinco años del centro autogestionado barcelonés El Lokal. Aquí, mientras degustas una de las veinte cervezas artesanales en oferta, puedes hojear la prensa de contrainformación que se amontona en la barra: el semanal ‘La Directa’, el quincenal ‘Diagonal’, la revista mensual de la CGT...

Es sábado por la noche. Las calles de esta ciudad a veintiséis kilómetros de Barcelona están desiertas, pero el Anònims está a rebosar. Dentro no hay mesas para todos los clientes, así que alguno cenará en el bar. Por ejemplo, un Abdelkrim El Khattabi: bocadillo de lechuga, tomate y kefta en memoria del resistente anticolonialista magrebí que fundó la República del Rif en 1921. Un balsámico disco de Lambchop relaja la espera de la cena.

¿¡Lambchop!? Sí. Esta noche hay concierto en el Anònims. Muchos clientes ni lo saben, pero aquel tipo que preside la mesa de siete es Lach, el cantautor y empresario de conciertos que levantó a pulso la escena antifolk neoyorquina. Lach anda de rocambolesca gira por Cataluña: Palafrugell, Girona, Manresa, Figueres... Este mediodía ha actuado en la tienda de discos Luchador, en la calle de Ferlandina del Raval barcelonés. Al acabar el concierto, se ha dado un masaje en el local contiguo y ha llegado a Granollers flotando, pero ahora le duele todo. Ni el té ni el capuchino ni el Ibuprofeno pueden relajar sus músculos, resentidos por la friega.

Sin embargo, Lach está dicharachero y dispuesto como siempre. Es su segunda visita a España. De la anterior, cuando tenía 10 años, solo guarda un recuerdo: jugar en la playa de Cambrils con unos muñequitos de Astérix y Obélix. Se expresa en un inglés con dicción de profesor: será por sus años como maestro de ceremonias en el SidewWalk Cafe o porque sabe que en el extranjero debes hablar pausado para que te entiendan. Minutos antes de su actuación, Lach bromea con la camarera y se acerca a varias mesas para charlar con algunos espectadores. Pasada la medianoche, sin previo aviso y mientras la clientela aún apura sus postres, se levanta y anuncia: "Dejad que os presente a la persona que me va a presentar". Y cede la palabra a uno de los organizadores de la gira, quien, a su vez, lo presenta a él.

 
LACH, El trovador a oscuras

Sábado noche. Las calles de Granollers están desiertas, pero el Anònims está a rebosar: unas treinta personas.

 

Lach es un completo desconocido en Granollers, en Ourense y en Tarifa, pero el ‘Time Out’ de Londres dice que es “una leyenda viva de Nueva York”, y ‘The New York Times’ lo considera “una institución de Manhattan”. Este último medio también afirma que es “el cerebro del antifolk”, pero esto ya no es un piropo, sino un hecho. En los años ochenta plantó en el club The Fort la primera semilla de la escena antifolk, que se consolidaría más de una década después en el SideWalk Cafe del East Village y por la que pasarían The Moldy Peaches, Jeffrey Lewis, Regina Spektor y tantísimos otros. Ahora vive en Edimburgo y sigue organizando sus Antihoot, veladas semanales de micro abierto que han tejido una infinita red y vivero de cantautores.

A las primeras de cambio, Lach dejó entrever que maneja a la perfección las mejores armas de un intérprete: la capacidad de improvisación y el don de gentes. Actuando ante a un público que acababa de cenar, no pudo evitar calzar unos versos del “Armagideon Time” de The Clash: “A lot of people won’t get no supper tonight...”. Actuando ante un público que no lo conocía, quiso ganarse su interés lo más pronto posible, haciéndoles saber que su gira llegaba en una semana histórica para la humanidad. Ratzinger había dimitido y aún no habían nombrado a Bergoglio. Aprovechó la ocasión para cantar su “Holy Days”.

Lach sabía que tenía faena por delante. Asumió hace décadas que su oficio no es subyugar al público con su talento, sino entretenerlo. Era él quien se había colado en la vida de los allí presentes. Él tenía que dar explicaciones. No podía presentarse a vender su disco; antes tendría que demostrar que su presencia no era una molestia, sino un aliciente para aquella cena de sábado. Y así, como el trovador medieval que se cuela en una taberna y promete distraer al personal a cambio de un plato de sopa, no tuvo reparo en anunciar una canción “muy importante para los neoyorquinos”... que resultó ser la sintonía de “Spiderman”... y cantar la última estrofa imitando la voz nasal de Bob Dylan. Versiones, referencias al cómic, parodias del padre del folk... ¡Lo que hiciera falta por esa sopa!

A los diez minutos, Lach accedió a que apagasen las luces del restaurante y ofreció el resto del concierto a oscuras. Quizá así perdió muchas opciones de que los asistentes recuerden su cara, pero obtuvo la necesaria desinhibición del público (unas treinta personas, siete de las cuales era el séquito que montaba la gira), que a partir de ese momento se animó algo más a cantar y participar.

Lach picoteó en su vasto repertorio (de la añeja “Teenage Alcoholic” a la reciente “Break The Day”), pero se recreó más en chistes que le permitían calcular el nivel de inglés del personal y anécdotas que oxigenaban las canciones. Especialmente divertida fue la de “Kiss Loves You”. Unos amigos suyos telonearon a Kiss y le pidieron permiso para tocar esta canción. Los fans de Kiss la celebraron puño en alto y Lach, presente en el estadio, no pudo resistirse: “Me acerqué a un agente de seguridad y le dije: ‘¿Sabes? ¡Yo compuse esa canción!’”, explicó. A esas alturas, ya tenía al Anònims en el bolsillo, muerto de risa y dispuesto a corear: “Ooooh, Kiss loves you!”.

 
LACH, El trovador a oscuras

Por no haber, no había ni escenario. El trovador se infiltró en nuestra cena para contarnos unas cuantas historias. Sin más.

 

Ya hacía rato que el cantautor había cumplido su misión: conquistar un espacio ajeno. A diferencia de los grupos que salen a escena y lanzan un “bienvenidos” que altera la realidad (en todo caso, los bienvenidos, a la ciudad y a la sala, son ellos), el estadounidense era consciente de su condición de intruso e hizo lo posible por ganarse a la gente. En cierto modo, revirtió ese ritual en que se ha instalado la música en directo y que consiste en que el público de cada ciudad acuda a esas zonas francas llamadas salas de conciertos a admirar al artista en gira. Esa noche nadie descorrió las cortinas del escaparate de narcisismo ambulante. Por no haber, no había ni escenario. El trovador de mirada curiosa y guion flexible se infiltró humildemente en nuestra cena para cantarnos y contarnos unas cuantas historias. Sin más.

Hacia el final, Lach invitó a los comensales a que eligiesen el repertorio. No pidió que citasen títulos de canciones suyas, sino temas a partir de los cuales él buscaría una canción; un modo original de hacer partícipe a un público que lo desconocía. Un espectador pidió algo sobre “coches, chicas y sexo” y Lach adaptó sobre la marcha la letra de “Devil’s Cadillac”. Luego, él mismo se dirigió a una espectadora cuyo nombre había memorizado antes: “¡Eva, elige un tema!”. “¡El mar!”, respondió ella. Lo puso en aprietos, pero entonces le vino a la memoria “Let’s Dive”, una canción perdida al final de su primer disco. La compuso hace más de veinte años, así que necesitó unos segundos para refrescar los acordes y la letra. Era una invitación a bañarse en el mar y olvidarse de todo. Y sonó como un regalo muy especial.

La velada acabó con “Drinking Beer With Mum”, una de sus canciones más célebres (ácida y punk: 100% antifolk), y Lach subido a una mesa; tal vez para dejar una huella aún más imborrable en el público... y el mobiliario. Y antes de encender las luces del restaurante, acercó una vela a un papel con pistas de dónde seguirle: estaba iluminando su cuenta en Twitter.

Unos días después, quienes le dieron su dirección de e-mail recibieron por correo una canción. Era algo así como la copia de aquella foto que te hiciste en vacaciones con un desconocido con el que podrías trabar una interesante amistad. Un nomeolvides en formato mp3 para estos tiempos modernos en los que cada concierto borra el recuerdo del concierto anterior.

“Volveré de gira tanto si queréis como si no”, amenazó cordialmente. Y si todo marcha según su experiencia, la próxima vez tendrá el doble o el triple de público porque todos los allí presentes habrán dado la tabarra a sus amigos sobre aquel cantautor norteamericano que tocó en el Anònims un sábado de invierno. Uno con un nombre muy corto y raro... El padre del antifolk.

Publicado en la web de Rockdelux el 5/4/2013
Humo en el agua, Milagros del rock
Por Jaime Gonzalo
LANA DEL REY, Diamante o pedrusco
Por David S. Mordoh
Juego de espejos, Revelar el arte y ocultar al artista
Por Fernando Alfaro
Seminario punk, Posgraduado en underground
Por Eloy Fernández Porta
Ideología y arte (II), Cinefilias y fobias
Por Fernando Alfaro
LOU REED, “Berlin” en Berlín
Por Nando Cruz
Art Brut, Universo de outsiders

FREESTYLE (2012)

Art Brut

Universo de outsiders

Por Fernando Alfaro
WILCO, El rock escultura

FREESTYLE (2012)

WILCO

El rock escultura

Por Nando Cruz
Todos somos bobos, Reificación burguesa
Por Jaime Gonzalo
Identidad y música, Reflexiones en el campus
Por Andrés García de la Riva
FERMIN MUGURUZA, Colisión vasco-neorleana
Por Miquel Botella
DAVID LYNCH, Elogio de la madurez rampante
Por Ignacio Julià
MARK KOZELEK, Ese hombre

FREESTYLE (2014)

MARK KOZELEK

Ese hombre

Por Jesús Llorente
Recuerdos, Fuimos felices aunque ya no me acuerde
Por Jesús Llorente
MORENTE, Su evangelio profano

FREESTYLE (2016)

MORENTE

Su evangelio profano

Por Santi Carrillo
Glosófogos sin paladar, Transfuguismo linguístico
Por Jaime Gonzalo
LOS PLANETAS, Acontecimiento “Islamabad”
Por Pepo Pérez
MAHER SHALAL HASH BAZ, Epifanía y exorcismo
Por Nando Cruz
Música y neurociencia, Emociones y necesidades
Por Ignacio Julià
Volando por los aires, Esto podría ser el fin
Por Jesús Llorente
China Today, La colmena infinita

FREESTYLE (2011)

China Today

La colmena infinita

Por David S. Mordoh
Sin paños calientes, Confesiones (de un crítico frustrante)
Por Jesús Llorente
Arriba