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LANCE ARMSTRONG, Las mentiras del molinillo

Ilustración: Pepo Pérez

 

MANIFESTO! (2013)

LANCE ARMSTRONG Las mentiras del molinillo

Recuperamos este artículo sobre la ética aplicada al deporte. El ciclista Lance Armstrong reconoció, al fin, la falsedad de su exitosa vida deportiva. En una extensa entrevista con Ophra Winfrey emitida en dos partes entre el 17 y el 18 de enero de 2013, el texano admitió todas las culpas y confirmó todas las sospechas que se cernían sobre él. En cualquier caso, la acusación de dopaje contra Lance Armstrong (previa a esta confesión) y la desposesión de todos sus títulos supuso mucho más que la simple caída de un ídolo deportivo. Fue la constatación de que en el mundo del ciclismo algo huele mal. Xavier Cervantes lo analizó en este artículo publicado días antes de la entrevista televisada que desveló el gran secreto.

El pasado 10 de octubre la Agencia Antidopaje de Estados Unidos (USADA) hizo público el informe en que se basa su acusación contra Lance Armstrong por dopaje. Son unas mil páginas que recogen la investigación que llevó a la USADA a denunciar al ciclista texano. El 22 de octubre la Unión Ciclista Internacional (UCI) desposeyó a Armstrong de todos los títulos ganados entre 1998 y 2009, incluidos siete Tours de Francia. Además, el Comité Olímpico Internacional estudia cómo quitarle la medalla de bronce conseguida en la contrarreloj de los Juegos Olímpicos de Sidney 2000.

La acusación de la USADA se fundamenta en testimonios de ciclistas que compartieron equipo y dopaje con Armstrong, como George Hincapie, Tyler Hamilton, Floyd Landis, Christian Vande Velde, Levi Leipheimer y Jonathan Vaughters, que así expían culpas y, en algunos casos, escapan de sanciones más severas. También aporta documentación bancaria que demuestra pagos al médico italiano Michele Ferrari. Investigaciones periodísticas posteriores señalan que dos patrocinadores de Armstrong transfirieron medio millón de dólares a una cuenta de Hein Verbruggen, presidente de la UCI entre 1991 y 2005. El periódico holandés ‘De Telegraaf’ sugería en un artículo publicado el 16 de octubre que el dinero recibido por Verbruggen sirvió para ocultar un positivo de Armstrong por cortisona. El informe de la USADA menciona un positivo por cortisona detectado en el Tour de 1999, que en su momento sería solventado con la falsificación de un informe por parte del médico español Luis García del Moral, suspendido a perpetuidad por la USADA. Del Moral, en nómina del equipo US Postal entre 1999 y 2003, emitió un comunicado a través de la agencia EFE negando cualquier relación con la trama. Además, Del Moral considera que la USADA no tiene jurisdicción para sancionarle y que, al no tener relación con US Postal desde 2003, “los hechos manifestados han prescrito”. Es la misma actitud que la de los ciclistas españoles que compartieron equipo con Armstrong: negarlo todo y escudarse en que el texano nunca dio positivo. Mientras no te pillen, la mentira no existe: repugnante.

 
LANCE ARMSTRONG, Las mentiras del molinillo

La UCI desposeyó a Armstrong de todos los títulos ganados entre 1998 y 2009, incluidos siete Tours de Francia.

 

El torrente documental podría seguir, y los interesados pueden consultar el blog Ciclismo 2005, donde su autor, Sergio, lleva ocho años escribiendo sobre ciclismo profesional, con todo lo que ello implica. El blog ha hecho lo que el periodismo español no ha querido o no ha sabido hacer: contrastar informaciones, articular opiniones y mantener despierto el escepticismo.

El informe de la USADA parece la autopsia de un cadáver que se empeñaba en hacer creer que estaba vivo: el ciclismo profesional, víctima de sí mismo y de unos cuantos cómplices. Alguien creyó que no era suficiente ver una pugna por ganar la Flecha Valona o la Milán-San Remo. O contemplar una volata en el Giro de Italia. O asistir a tácticas de equipo en los Pirineos. O tratar de adivinar en qué momento se formará un abanico camino de Montpellier. La necia idea de la superación de los límites físicos se alió con la ambición desmedida y la farsa del espectáculo a toda costa mientras algunos médicos se frotaban las manos. El Tour puso el escenario y el público aceptó la mascarada jaleado por periodistas enloquecidos por la leyenda de las curvas de Alpe d'Huez.

A la UCI le interesó potenciar un ídolo norteamericano para abrir mercado y llenar sus arcas con dinero del otro lado del Atlántico. El Tour aceptó guiado por el egoísmo y fomentó la carrera de un ciclista que, desde 1999, únicamente competía para lucir el amarillo en París. La audiencia que solo tiene ojos para la ronda francesa también compró el boleto, porque creía la falacia según la cual el mejor ciclista es el que triunfa en el Tour. Qué importa que alguien gane el mundial, la París-Roubaix o la clásica de San Sebastián. La épica hizo el resto, y ahora la hemeroteca sonríe cada vez que recuerda una crónica sobre hazañas como la de Floyd Landis en el Tour del 2006. Sí, Landis, entonces excomponente de la guardia pretoriana de Armstrong, fue cazado en un control.

 
LANCE ARMSTRONG, Las mentiras del molinillo

La revolución del texano no fue la cadencia de pedaleo conocida aquí como el molinillo, sino la organización de una trama de dopaje.

 

Y con la épica, ese estúpido envolverse en la bandera tan típico de la prensa española, cierto que bajo el amparo de una legislación lamentable. La Operación Puerto dejó un reguero de pistas para que quien quisiera pudiera desenmascarar iniciales y números involucrados en el proceso, pero tuvo que ser el Comité Olímpico Italiano el que sancionara a Alejandro Valverde. Por no hablar del solomillo de Alberto Contador, del ginecólogo Eufemiano Fuentes o de la larga lista de cazados vinculados a los equipos que dirigió Manolo Saiz. Luego rugen cuando los guiñoles franceses bromean sobre la fórmula del éxito del deporte español.

Los ciclistas españoles que compartieron equipo con Armstrong callan. Otros más jóvenes, como Ángel Madrazo, quieren creer lo imposible. En una entrevista publicada en ‘El Diario Montañés’ el 26 de octubre, decía que le parecía “injusto” sancionar a Armstrong sin dar positivo e insistía: “Para el mundo ciclista seguirá siendo un campeón. Revolucionó parte de las ideas de este deporte. Fue el que introdujo el aumento de la cadencia de pedaleo”. El informe de la USADA, incluso si se duda de algunos testimonios, explica cómo se podía eludir el positivo: con dinero, ya sea para avanzarse a las técnicas de detección o sobornando. ¿Qué mundo ciclista sigue considerando a Armstrong un campeón? ¿El que le ha desposeído de sus títulos? ¿Los aficionados que se han hartado del engaño?

La supuesta revolución del texano no fue la cadencia de pedaleo conocida aquí como el molinillo, sino la organización de una trama de dopaje que otros equipos quisieron copiar fichando a corredores del US Postal. Lo hicieron sin demasiada fortuna, porque el texano, de acuerdo con los médicos y con Johan Bruyneel, director del US Postal, controlaba la distribución del dopaje: se le daba a cada cual según la necesidad de Armstrong. Como ninguno de ellos tenía acceso al programa del jefe, su información carecía de valor cuando fichaban por otro equipo. El texano era el capo, y también se cubría las espaldas por si sus empleados no seguían una omertà que se ha roto ahora, cuando Armstrong ya no puede hacerles daño.

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