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Las elecciones griegas (I), O cómo asaltar el centro político

Ilustración: Paco Alcázar

 
 

EDIT (2015)

Las elecciones griegas (I) O cómo asaltar el centro político

En las elecciones del 25 de enero de 2015, los griegos otorgaron una mayoría a Syriza como respuesta a las políticas de austeridad impuestas por la troika. Así, mientras los líderes de la eurozona miraban con incertidumbre los movimientos del nuevo gobierno de coalición, en España eran muchos los que se preguntaban si Podemos se iba a convertir en la versión española de Syriza. Diego Muro, del IBEI (Institut Barcelona d'Estudis Internacionals), analizó la situación en esta columna de opinión, mientras que Viçenc Batalla, en el despiece, incidió en el desencanto generalizado con los gobernantes europeos.

¿Cuánto hacía que la política europea no era tan interesante? ¿Desde cuándo nos importa el gobierno que escoge un pequeño país de once millones de habitantes? Sencillamente, desde que las políticas que pueda aprobar el nuevo ejecutivo heleno pueden volver a poner en aprietos el sistema bancario europeo y nuestra moneda común, el euro.

Para empezar, el apoyo mayoritario que ha recibido Alexis Tsipras es una respuesta clara a la austeridad, una delirante receta económica que combina la subida de impuestos y los recortes en gasto público con el objetivo de “dinamizar” la economía. Es una idea que no puede funcionar en tiempos de crisis y el caso griego es un buen ejemplo. Además de contraer la economía y empobrecer al conjunto de la ciudadanía griega, la receta de la troika está dificultando la devolución de la deuda griega. El triunvirato formado por el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión ha conseguido que el remedio sea peor que la enfermedad, y ya hay diversos expertos que sostienen que Grecia merece una quita similar a la que Alemania recibió tras la Segunda Guerra Mundial.

El principal peligro es que Europa puede autodestruirse por intentar impartir una lección moral a un pequeño país que dice que su deuda actual es impagable. Los países deudores son reacios a que Grecia se convierta en un mal precedente para economías en problemas y no quieren ni oír hablar de reducir o renegociar la deuda soberana. Y es que, desde el inicio de la Gran Recesión en 2008, Europa se ha divido entre países deudores (mayoritariamente situados en la periferia y cuenca mediterránea) y países acreedores, que reclaman que se les devuelva cada euro prestado. Así, los países del norte exigen a sus vecinos del sur que devuelvan todos los créditos, ignorando una política crediticia irresponsable por parte de sus entidades bancarias. ¿Quién necesita una lección moral cuando casi la mitad del rescate griego fue a parar a cajas y bancos alemanes y franceses?

Las elecciones helenas también han puesto de manifiesto la crisis de un invento griego: la democracia. La Gran Recesión ha presentado un dilema evidente entre lo que los ciudadanos demandan y los gobiernos quieren (o pueden) hacer. Hoy en día, escoger un nuevo gobierno puede no tener consecuencias en la política pública resultante porque, mande quien mande, las obligaciones con las instituciones y países acreedores son las mismas. Este dilema (o trilema, según el economista Dani Rodrik) hace que los estados hayan perdido aún más autoridad y control sobre sus asuntos internos, sobre todo los económicos. El argumento nacionalista de recuperar la soberanía nacional ha vuelto con fuerza y los partidos “responsables” de haberla perdido (PASOK y ND en Grecia) han sido las primeras víctimas. Pero el bipartidismo griego no va a ser el primero ni el último en caer.

Finalmente, Podemos y Syriza son formaciones muy parecidas, sobre todo en cuanto al origen sociodemográfico de sus simpatizantes. También en cuanto a la evolución de sus propuestas electorales, que se han moderado desde los orígenes anticapitalistas hasta posiciones “atrapalotodo” (donde cohabitan desde irredentos de la izquierda radical hasta centristas descontentos). España no es Grecia y el PSOE tampoco es el PASOK, pero no cabe duda de que las opciones progresistas se están multiplicando en un país que se define mayoritariamente como de centro-izquierda. Siguiendo el ejemplo griego, Podemos no planea un asalto a los cielos, como apunta su retórica, sino una toma del centro político. Diego Muro

 

¡Adiós a la troika!

 
Las elecciones griegas (I), O cómo asaltar el centro político
 

Alexis Tsipras, primer ministro de Grecia tras las elecciones del 25 de enero de 2015. Sus propuestas electorales se han moderado desde los orígenes anticapitalistas hasta posiciones “atrapalotodo”.

 


La troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional) había previsto muchas cosas para Grecia. Pero el final del bipartidismo, con el que se supone que se tenía que reformar el país, no. A fuerza de decirle lo que tenía que hacer, y que no ha funcionado, ha logrado que emerja una fuerza alternativa, Syriza, cuya primera decisión ha sido echar a la troika. Y en Bruselas han aceptado porque saben que se estaban equivocando. Que la colonización económica de una nación no resuelve sus problemas internos, sino que puede agravarlos.

La presencia de un ministro de Finanzas como Yanis Varufakis, bloguero e inconformista, pone en evidencia esas reuniones del Eurogrupo donde todos están pendientes de lo que dictan los mercados, si es que ya no forman parte de ellos. Difícil bajar a la calle para comprobar las medicinas de la austeridad, los recortes públicos y las privatizaciones. Y, en este sentido, el ejemplo de cómo un estado entero está en venta es edificante si se quieren evitar los errores cometidos por quienes tienen intereses no siempre legítimos. Entregar a manos privadas la gestión del agua, las empresas energéticas, la onerosa lotería nacional, los puertos, aeropuertos, autopistas y líneas ferroviarias y las costas e islas griegas es favorecer aún más a los oligarcas que han hecho su fortuna como armadores pagando menos impuestos que nadie. Que se lo pregunten a Dimitris Melissanidis y Spiros Latsis, poderes fácticos en esta subasta de bienes públicos.

Si España quiere recuperar los 26 000 millones de euros que prestó, en su parte correspondiente a Grecia, quizá sería mejor que se preocupase de procurar un futuro menos dantesco para sus socios. Vicenç Batalla


(Se puede leer la segunda parte aquí)

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