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Las elecciones griegas (II), Evripidis Sabatis

Evripidis, un griego en Barcelona. Foto: Óscar García

 
 

EDIT (2015)

Las elecciones griegas (II) Evripidis Sabatis

Artista multidisciplinar afincado en Barcelona desde 2004, lidera el proyecto de indie pop Evripidis And His Tragedies. En su condición de expatriado en contacto intermitente con su Atenas natal, quisimos conocer su opinión sobre los hechos que se han producido en su país desde que en 2010 se desencadenara la brutal crisis de la deuda. Iván Carballido habló con él.

(Se puede leer la primera parte aquí)

La conversación con Evripidis Sabatis discurre entre dos polos que reflejan la evolución, en el último lustro, de una generación de griegos nacidos tras la Dictadura de los Coroneles. Sabatis, miembro de la misma, admite sin ambages que en su entorno “la política no importaba en absoluto antes de la crisis” y, en cambio, hoy muestra un genuino interés y una gran preocupación por glosar la realidad de su país con exactitud.


¡Es la autoestima, imbécil!

“Por un lado, la de una generación nacida en democracia que ve tambalearse todas sus certezas. Y, por otro, la de aquellos que ya vivieron inestabilidades pretéritas, pero que sufren con amargura esta nueva sacudida porque ven que han fracasado en el proyecto colectivo de legar una Grecia mejor a sus hijos”

Esa toma de conciencia de que con la política no se juega deriva de los estragos de la crisis en la vida cotidiana de todo un país, pero también de un factor “que constituye seguramente el elefante en la habitación en que se hacina hoy el sur de Europa: la pérdida colectiva de autoestima”. En este sentido, Evripidis es gráfico y se le extravía la mirada al hablar de la nueva realidad que rodea a sus familiares y amigos, pero las poderosas imágenes que conjura van de la mano de la narración de ese otro deterioro emocional.

El artista habla de “un país en el que edificios enteros se muestran en ruinas en grandes avenidas” o en el que, en varias de sus visitas desde 2010, le ha sobrecogido “un inesperado e intenso olor a leña en la calle y una densa nube de ceniza” planeando sobre una Atenas donde miles de familias no pueden pagar el recibo de la luz.

Pero es igual de beligerante al referirse a una depresión colectiva a dos velocidades. “Por un lado, la de una generación nacida en democracia que ve tambalearse todas sus certezas. Y, por otro, la de aquellos que ya vivieron inestabilidades pretéritas, pero que sufren con amargura esta nueva sacudida porque ven que han fracasado en el proyecto colectivo de legar una Grecia mejor a sus hijos”.


Los presuntos días de vino, bouzoúkia y rosas

Esa derivada emocional, constante en el discurso de Sabatis, acaba de agravarse por la campaña que nos ha presentado a una Grecia amorrada a la teta del papá estado. Sobre la misma, Evripidis acepta que “a una parte importante de la población griega le caracteriza una actitud derrochadora”, pero reivindica una obviedad que no lo es tanto a la luz de la sesgadísima propaganda procedente del norte del norte: la existencia de muchos griegos ajenos a ese estereotipo.

Porque la Grecia precrisis era, en efecto, la de la universidad y los libros de texto gratis, pero también “la de un sistema tedioso y burocratizado que desquiciaba a sus beneficiarios”, sobre el que Sabatis habla con autoridad porque sus padres fueron funcionarios. Por eso lamenta esa campaña y, sobre todo, su capacidad de calar en el imaginario colectivo.

 
Las elecciones griegas (II), Evripidis Sabatis

Sabatis atribuye el triunfo de Syriza a “una combinación de espíritu práctico, castigo a la partidocracia clásica e ilusión”. Foto: Óscar García

 

Show must go on

Por suerte, en la esfera cultural Evripidis encuentra un primer brote verde al que aferrarse. Admite que se trasladó a Barcelona en el arranque de la década de 2000 “porque en Atenas no pasaba nada”, y ahora, en cambio, destaca que el país “resulta mucho más vibrante culturalmente”. El artista atribuye ese cambio de paradigma a una actitud por la cual, una vez descartado cualquier rédito comercial de su actividad, la comunidad creativa ha redoblado su riesgo e intensidad. Ese empuje compensa, además, los múltiples efectos nocivos de la crisis en la cultura, como los que Evripidis atribuye al cierre de las dos cadenas de televisión públicas o “a la berlusconización del entretenimiento que plantean los medios supervivientes”.


Troika über alles

“¡Qué demonios!, la revolución griega en el arranque del siglo XIX fue también una misión suicida contra el dominio del Imperio Otomano que acabó teniendo un saldo positivo, pese a la dureza del trayecto”

Sobre quién es el responsable de la crisis, Sabatis considera que “Grecia es consciente de la gran parte de culpa de sus propios gobiernos”, pero concede que, en la búsqueda de culpables, Alemania es una diana recurrente. El artista justifica este sesgo por la historia compartida de ambas naciones.

No en vano, Alemania arrasó Grecia en la Segunda Guerra Mundial y mostró connivencia con la dictadura en la década de los setenta, de modo que es inevitable que, pese a las enormes distancias entre la Alemania actual y la de esos dos momentos históricos, el mohín acusador de Angela Merkel o el escándalo protagonizado por Siemens en el país conduzca a muchos griegos a murmurar entre dientes: “Lo han vuelto a hacer”.


Tsipras, punto y aparte

Y en esas apareció Syriza, beneficiaria en este 2015 del voto del propio Evripidis y del de sus padres. Sabatis atribuye esa decisión a “una combinación de espíritu práctico, castigo a la partidocracia clásica e ilusión”. Y no solo no considera que haya predominado ninguno de estos tres ingredientes, sino que, de hecho, los amplía a otras aristas del fenómeno, como “la imagen moderna que proyecta Syriza o el haber roto tabúes en debates como el del rol de la iglesia durante la crisis o el de la necesidad de una fiscalidad más progresiva”.

En el tramo final de la conversación, Evripidis admite no estar entusiasmado con el pacto de Syriza con Griegos Independientes, pero sí estar satisfecho “con el efecto terapéutico que su victoria empieza a ejercer en la autoestima colectiva”. No por haber embarcado al país en una quijotada, porque insiste en que “los griegos saben que Tsipras y compañía van a medirse con gigantes y que serán necesarias concesiones y se producirán derrotas”. Pero sí porque Grecia parecía resignada hasta que decidió intentar salir del pozo, y porque, “¡qué demonios!, la revolución griega en el arranque del siglo XIX fue también una misión suicida contra el dominio del Imperio Otomano que acabó teniendo un saldo positivo, pese a la dureza del trayecto”. 

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