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LOQUILLO, A portagayola

Noche memorable en Las Ventas. Loco refrendó el guiño con la espléndida “En las calles de Madrid”. Foto: Alfredo Arias

 

EDIT (2016)

LOQUILLO A portagayola

Descomunal éxito de Loquillo en Las Ventas, con 15.000 entradas agotadas desde tres meses antes de la gran noche. El triunfo del 24 de septiembre de 2016 en Madrid –a 600 km de su ciudad, Barcelona, en el día de la Mercè, su fiesta mayor– pasará a los anales de sus grandes momentos históricos: dos horas y cuarenta minutos incontestables, con un repertorio enorme, una banda extraordinaria y un frontman imponente. Fue escogido mejor concierto del año en el Rockdelux 357. Santi Carrillo lo vivió así.

Loquillo hace años que se impone a sus canciones con la actitud temeraria de las cosas dichas con la pasión y la determinación del héroe que emite señales importantes, lo crean o no sus enemigos. Desde la atalaya de su rock poético y adulto, intimida con la grandiosidad de palabras que reivindican unos valores antiguos dictados con frases lapidarias lanzadas con autoridad. Más o menos acertados, sus himnos marciales, a caballo entre el romanticismo y los mensajes de reafirmación personal, sintonizan con una ética, generalmente polémica, que tiene sus raíces en idealizaciones ajenas a esta época.

Obstinado maestro de viejos rituales, serio, dominante y actor, Loquillo es el único superviviente de su generación con relevancia popular que ha mantenido engrasada la llave del rock’n’roll durante más de tres décadas en España. No hay nadie que lo haya hecho con tanta perseverancia.

Su grupo actual, con la incorporación del extraordinario guitarrista vintage de rockabilly-country Mario Cobo, es muy superior a Los Trogloditas de la última etapa. Junto con Igor Paskual y su hard rock-glam y el clasicismo de Josu García, son tres los buenos guitarristas que proporcionan, y muy bien, solos de vieja escuela, de cuando el rock era algo importante, valor que Loquillo sigue reivindicando en su obra. De hecho, la conjunción de todos ellos hace que aquella bonita magia pretérita incentive el sonido de la banda y que esta suene –ya alejada del AOR o del heavy en el que muchas veces cayeron Los Trogloditas terminales– como una máquina de precisión a la altura, por momentos, de la E Street Band. Y no, no es una exageración, como se pudo apreciar en “Rock’n’roll actitud”, en la parte final de “Fuerte, feo y formal” y en un pletórico “Jim Dinamita” de Burning que transitó vibrante desde los Stones hasta el espíritu colectivo de la troupe de Springsteen. “Jim Dinamita”, por supuesto, sirvió de homenaje a Pepe Risi y a la ciudad que lanzó a Loquillo al estrellato en los ochenta y que, más de tres décadas después, también lo coronó en esta noche memorable en Las Ventas. Refrendó el guiño con la espléndida y desbocada “En las calles de Madrid”. “Un barcelonés que ama esta ciudad”, dijo.

Apoyado en el repertorio de sus grandes compositores históricos (Sabino Méndez, Carlos Segarra, Gabriel Sopeña e Igor Paskual), dosificó el concierto con la experiencia del que sabe sobradamente secuenciar ¡treinta y cuatro canciones!: crecía la intensidad a la vez que subía la pulsión emocional. Arrancó con sus mejores temas del siglo XXI, reservó el inicio abrumador de la segunda mitad, más rocanrolera (de inspiración psychobilly, incluso), al protagonismo de Mario Cobo, quien añadió un punto de “cool-ismo” a una dimensión retro con enjundia, y cerró las dos partes a lo grande, con sus cimas antológicas escalonadas perfilando el ascenso al cielo. Se acabó tras un “Cadillac solitario” apoteósico, y de sonido ambiente sonó, inmortal, “Heroes” de Bowie. Homenaje y autohomenaje.

Misión cumplida. Los músicos saludando desde el escenario, el público extasiado, y la leyenda, que hace años que dejó de serlo para convertirse en mito, superando un nuevo reto. Y lo mejor de todo es que pareció normal que así fuese: no todo el mundo puede presumir de una colección de hits como la suya...

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