Es de esos golpes que no sabes de dónde provienen. Que te agarran desprevenido, en tus cosas, en superficie, hasta hundirte en el epicentro de lo que atribula. Un golpe corto y contundente para tirar cualquier sensibilidad a la lona de sus inquietudes, brotando desde el noveno lugar donde lo han escondido sus autores, Vànova, en la zona catalana –“Estimada incertesa”– de su doble “2 Records” (Foehn, 2011).
El tema en cuestión se llama “Sense valor” y dice mucho sin casi contar nada. Solo cuatro frases. Pero tan bien colocadas que el discurso se me revela antológico. “¿Hacia dónde hemos de girar si ahora no veo ninguna señal?”. El plural auspicia la incógnita numérica. Son más de uno en el vehículo. Podrían ser muchos, confusos, sin rumbo. Quizás toda una generación. Quizás gran parte del planeta. “¿Hacia dónde nos llevará la incertidumbre de los años?”.
La incorporación temporal empieza a hurgar en las heridas de los que ya tenemos una edad. El tiempo, esa mala puta contorsionista que describía David Bowie en “Time”; siempre el tiempo. El que pasó, el que viene, y lo que nos queda. Aquí cada cual recibe el golpe de modo distinto pugnando por encajarlo en la situación actual, mientras repasa la precariedad de su vida. “Tal vez no hace falta seguir ningún plan”. Seguramente. Porque este plan no existe ante lo volátil de nuestro presente. De todos modos, centrar la lucha componiendo una canción así me parece magistral como alternativa a la no canalización política del movimiento de los indignados. “Pertenecer al remolino del azar y nunca preguntar”. Una frase que, entre las escobillas y el teclado definitivo remarcando lo de nunca preguntar, viene como una coz para despertar de la pasividad a los indecisos. ¿Vas a seguir cruzado de brazos ante el panorama?
Vuelvo a escuchar “Sense valor” por enésima vez mientras me retuerzo en la dulzura crepuscular de sus voces impregnadas de Midlake (coincidencia: los coros de Vànova huelen a estas tranquilas aguas entre tierras que los latinos llamaron Mediterráneo). Aun sabiendo que lo más probable es que no fuera esta la intención real del grupo y esté yo sacando el tema de contexto, sueño con que la escuche mucha gente, muchísima, emocionándome con solo pensar ver a esos seres anónimos juntos un día, encendiendo una lucecita cada uno –vela, mechero, móvil, lo que sea– como gesto solidario, para demostrar que de pronto se puede hacer el día en medio de la oscuridad. El golpe me ha ido directo a un corazón contraído y contrariado que cada vez parece necesitar más oxígeno. No sé si por culpa de los años o de los palos. 