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Luto en París, Del Bataclan a Malí

La tragedia se produjo en una sala histórica. Una muestra: Lou Reed, John Cale y Nico en el Bataclan, 29 de enero de 1972.
Foto: Mike Gold

 
 

MANIFESTO! (2015)

Luto en París Del Bataclan a Malí

El periodista y colaborador de Rockdelux Vicenç Batalla se encontraba por casualidad en París durante el sangriento fin de semana del 13 de noviembre de 2015 que acabó con un balance de 137 muertos y 415 heridos. Fue un ataque coordinado de Daesh en el norte y este de la ciudad, un ataque a un modelo de vida occidental, donde la cultura está íntimamente ligada a la libertad. Esta fue su crónica de urgencia.

Acostumbrado como estaba a seguir la actualidad para varios medios durante once años en París, se me hizo extraño no tener que estar esta vez en primera línea. Aunque volvía, porque esta ciudad no ha dejado de ser mi casa. Llegué a la capital francesa en tren desde Lyon el viernes por la noche, justo cuando todavía proseguía el secuestro-matanza en la sala de conciertos Bataclan. Venía a ver, entre otras cosas, la actuación el domingo del maestro de la kora Toumani Diabaté y su hijo Sidike. Una cita, en la Cité de la Musique de La Villette, que acabó suspendida.

En el Bataclan había estado muchas veces (Basement Jaxx, Roots Manuva, Jon Spencer Blues Explosion, Joseph Arthur, Radio Soulwax, Kate Wax, Benjamin Biolay, Yo La Tengo, Dominique A...). La sala, en el bulevar Voltaire, se halla a medio camino de mi trabajo durante años en la Agencia France Presse y mi casa entonces en Montreuil. Pasaba cada día en bicicleta por delante. Igual que por algunas de las calles donde se produjeron los ataques a las terrazas. Allí viven amigos míos y, afortunadamente, todos están bien. Aunque todo el mundo conoce al amigo de un amigo involucrado en la masacre.

Cuando los tres asaltantes del grupo Estado Islámico entraron en la sala de conciertos, mataron primero a los porteros y al encargado de vender las camisetas de Eagles Of Death Metal, la banda californiana de hard rock que hacía media hora que tocaba para un aforo de 1.500 personas. Ya dentro, se dirigieron al bar, donde acabaron con la vida de los camareros y el ingeniero de sonido. Los músicos pudieron escaparse de la escena, pero buena parte del público quedó atrapado en la platea.

La música de este grupo, conservador en sus postulados estilísticos e ideológicos, me interesa poco. Pero es lo de menos. Si esta vez los seguidores eran rockeros, la víspera habían sido de electrónica jazzística con St Germain, y al día siguiente hubieran sido más oscuros con los Deftones. El fanatismo y la ignorancia militar y religiosa no establece diferencias y dispara contra todo lo que se mueve y manifesta su voz.

Las escenas que explican los supervientes, recogidas ampliamente por el diario ‘Le Parisien/Aujourd’hui’, son escalofriantes. Después de los primeros tiros, se trataba de ir ejecutando uno a uno a los presentes que no habían podido huir o esconderse. Una película de terror no hubiera podido imaginar una angustia más cruel. O te hacías el muerto, o te mataban.

Agentes tan peligrosos para la yihad como el crítico de rock Guillaume B. Decherf, de 43 años, que colaboraba para la revista ‘Les Inrockuptibles’, fue una de las víctimas mortales. Como era de temer, responsables de sellos discográficos, promotores musicales y editores de webs culturales también se han ido. Después de casi tres horas, la policía pudo intervenir liberando a los que seguían con vida.

Hay quien dice que el Bataclan ya hacía tiempo que estaba amenazado por haber acogido galas de apoyo al ejército israelí. Aunque la elección no fuera aleatoria, los civiles de allí no tenían nada que ver. Como tampoco los que estaban sentados en Le Petit Cambodge, el Carillon, La Bonne Bière, Casa Nostra, La Belle Équipe y el Comptoir Voltaire. Los locales atacados no eran, necesariamente, los más de moda en esta zona de vida nocturna del este de París. Lo es más bien la parte alta de Oberkampf. Fueron escogidos porque estaban situados en las esquinas, acogían más mesas y eran prácticos para huir en coche.

El ataque lo es, en general, a un modelo de vida occidental, donde la cultura está intimamente ligada al deseo de comer, beber y acostarse con quien plazca. La escalada va más allá de los atentados contra el semanario satírico ‘Charlie Hebdo’ del pasado 7 de enero, a trescientos metros del Bataclan. Allí se mataba el humor político y gráfico. Esta vez, todo el mundo es culpable por el solo hecho de no seguir las consigas integristas. Y de vivir en un país como Francia, que envía aviones a bombardear al Estado Islámico en Irak y Siria. Así lo exclamaron los asaltantes, franceses viviendo en Bélgica.

No mencionaron Malí, donde en 2013 el presidente François Hollande ordenó la intervención militar en el Magreb Islámico contra Al Qaeda, entonces a punto de ocupar Bamako, la capital. La paz ahora es precaria en Tumbuctú, Kidal y Gao. Y la vida musical en el país, uno de los centros más activos en los últimos años en África, sigue bajo amenaza.

Yo había estado allí un par de veces, pero ahora es más oportuno ver a estos artistas en capitales como París. Esta era mi intención. Esperando encontrar una entrada de última hora, también quería asistir al concierto del sábado de la orquesta Les Ambassadeurs con Salif Keita y todos sus viejos compañeros de ruta de sus inicios, cuando empezó a cantar en los años setenta en Bamako. La ironía de la historia es que, en el momento en que se juegan la vida por la música en su país, han visto cómo se anulaban sus conciertos en una ciudad europea.

Algo que nos debería hacer pensar a todos sobre lo que sucede diariamente en países africanos y asiáticos. Y, no hace tanto, en Turquía. La reivindicación para la libertad de espíritu no debe limitarse a nosotros. Justo antes del ataque del viernes, amigos míos estaban ayudando a refugiados de estos países en guerra en la plaza de la República (de donde parte el bulevar Voltaire), porque volvían a ser desalojados de un sitio público y debían buscarse otro lugar para dormir. La evacuación se terminó, por suerte, a las siete de la tarde. El resto comenzaba dos horas más tarde en el Stade de France.

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