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MAHER SHALAL HASH BAZ, Epifanía y exorcismo

Tori Kudo, el genio gamberro, el Miró pop, se comportaba como si nada fuese responsabilidad suya. Foto: Ismael Llopis

 

FREESTYLE (2013)

MAHER SHALAL HASH BAZ Epifanía y exorcismo

La descacharrada orquestina amateur del japonés Tori Kudo debutó en España en el Tanned Tin 2013 de Castelló y, en apenas media hora, puso patas arriba los incontables corsés que constriñen la música en directo. Su actuación fue una obstinada deconstrucción de la arquitectura pop: impredecible en su dinámica, pero profundamente fascinante. Nando Cruz lo vio, pero aún no tiene claro si aquello fue el final de la música tal como la conocemos o un regreso al principio.

En un festival como el Tanned Tin, las posibilidades de sentirte profundamente conmovido por un concierto son limitadas. Te acomodas en la platea o en uno de los palcos del Teatre Principal de Castelló y ves desfilar grupos y más grupos como en un casting de figuras de culto lejano o inminente. Es un ceremonial tan eminentemente contemplativo que hasta Lisabö tiene que instigar al público para que se despegue de sus butacas. Es un cónclave tan enfocado a la admiración ciega que Steve Shelley toca el cajón flamenco con una torpeza supina durante el concierto acústico de Lee Ranaldo y se le aplaude sin reservas. El tedio está tan interiorizado como parte del ritual que el inerte concierto de Gravenhurst solo arranca tres aplausos espontáneos; y son las tres veces que su cantante da un sorbo al vaso de vino. Uf.

Tuvo que aterrizar Maher Shalal Hash Baz para evidenciar el infinito listado de normas de comportamiento que asumimos todos, público y artistas, en un concierto. Porque el Tanned Tin era una educada balsa de aceite hasta que llegó Tori Kudo: el niño nipón, el genio gamberro, el Miró pop.

Kudo llevaba dos días merodeando por el Teatre Principal. A menudo, apoyado en una de las columnas de la entrada central, con japonesa cara de nada. Salió al escenario minutos antes de la hora marcada para ultimar los preparativos. Mientras sus músicos tomaban posiciones, él paseaba arriba y abajo, estudiando la escena como el detective que busca pruebas de un crimen recién consumado, como el mecánico planchista que inspecciona un coche que le acaba de entrar en el taller. Imposible saber qué pasaba por su cabeza. ¿Esto no tiene arreglo? ¿Esto dará mucha faena? ¿Esto lo reparo en un santiamén?

 
MAHER SHALAL HASH BAZ, Epifanía y exorcismo

Orquestina amateur y espejismos melódicos. A rachas y trompicones. Driblando la gravedad. Foto: Ismael Llopis

 

Y sin previo aviso el concierto ya había empezado.
Una orquestina perezosa e imprecisa.
Un engranaje de turbinas y pistones mal atornillados.
Una araña estirando las patas al amanecer.
Una baterista recién casada y recién baterista.
Y su marido, rasgando una guitarra acústica sordomuda.
Partituras con los cantos doblados apoyadas sobre las rodillas.
Reiko, la esposa de Tori Kudo, aquí y allá, achicando agua.
Una melódica, siempre en primer plano.
Detrás, un alemán. Era McCloud Zicmuse, improvisador cacharrista y miembro del grupo Hoquets.
Las melodías iban cobrando altura y velocidad de forma caprichosa. Como bolsas de plástico sacudidas por el viento.
A rachas y trompicones. Driblando la gravedad.
Intentar perseguirlas con el oído generaba un indescriptible nosequé interior. Como cuando en la carretera tomas un cambio de rasante imprevisto y te sube un palmo el estómago.
La orquestina amateur esbozaba deliciosos espejismos melódicos.
Tori los iba frenando y cazando al viento; uno tras otro.
Agitaba los brazos con exagerados aspavientos.
Parecía que intentase evitar un accidente de tráfico, pero sus órdenes provocaban accidentes musicales igual de estrepitosos.
Stop y todas las notas se apelotonaban, cayendo por un embudo.
El castillo de naipes se desmoronaba y había que volver a empezar.
¡Lo tenían en la punta de los dedos!
Lo tuvimos a un milímetro del tímpano.
Y sonaba como una carrera de lagartijas mareadas.
No, sonaba como un cachorro de elefante intentando aprender a patinar sobre hielo.
No, eran dibujos animados trazados por un ilustrador epiléptico.
Pesadilla en Barrio Sésamo.
Eran garabatos con una ética secreta; inarticulada.
Y así, una y otra vez.
Como aprender a armonizar bostezos y tics nerviosos.
Como perseguir estrellas fugaces con el cazamariposas.

 
MAHER SHALAL HASH BAZ, Epifanía y exorcismo

Tori Kudo es director de orquesta y “performer”, es todo chispa y finta, es mente pensante y ladrón. Foto: Ismael Llopis

 

En un momento del concierto, Kudo empezó a saltar enloquecido, golpeando con fuerza con los pies sobre el suelo del escenario. Se levantó una polvareda perfectamente visible desde las primeras filas. Hasta las tablas de madera temblaron y escupieron partículas de polvo que parecían sedimentadas desde tiempo inmemorial. Desde la última vez que un músico hizo crujir aquel escenario de verdad. Y eso que en las treinta y seis horas anteriores se había celebrado una docena de actuaciones y pruebas de sonido que, en apariencia, sugerían formas alternativas de entender la música.

Acudimos intermitentemente a la romántica idea de que el amateurismo es la única salvación para la música. Suena bien como idea. Pero no siempre como música. En este caso, sí, porque Maher Shalal Hazh Baz es una orquesta de incapaces dirigida por un mago de las melodías pop. Un cerebro privilegiado capaz de levantar y desmontar un castillo de naipes en veintiocho segundos. Capaz de hacernos percibir eso que seguimos queriendo escuchar en los conciertos de Daniel Johnston, pero que el grandullón de Austin ya no puede garantizarnos. Porque, a diferencia del consumido y explotado amigo de Casper, Tori Kudo es todo chispa y finta. Es director de orquesta y performer. Es mente pensante y ladrón. Es capaz de transformar el sabotaje a su obra en un espectáculo tanto o más fascinante que esas composiciones que nos sugiere y luego aborta, una y otra vez, ante nuestros ojos.

Acabó el concierto y las conversaciones en torno a lo que acababa de ocurrir eran igual de torpes, inasibles y desorbitadas. Abundaban esas risas tontas y esas ganas irrefrenables de querer decir algo y no saber qué. La frase más repetida durante los primeros instantes posteriores al concierto fue: “Pero ¿has visto eso?”. Así, en caliente, costaba concretar algo más. Pasados unos minutos, mientras unos desaprobaban una deconstrucción tan descaradamente amateur (ese recelo que permanece agazapado en caso de que el artista deconstructor ponga cara de experimentador y sufrido forjador del sonido), muchos otros seguíamos balbuciendo inconexos elogios.

 
MAHER SHALAL HASH BAZ, Epifanía y exorcismo

¿Fue una epifanía o un exorcismo? ¿Una deconstrucción en tiempo real de la historia y normas de la música pop? Foto: Ismael Llopis

 

Detrás del escenario, el director del festival era otro de los abonados al “pero ¿has visto eso?”. Jesús Llorente no sabía si por allí había pasado un ángel o un demonio. Nacho Umbert y Refree, que habían actuado antes, tampoco lograban concretar tesis alguna. “No sabían tocar, pero era precioso”, exclamaba Refree. “Pero ¿esto ya existía? Quiero decir, ¿graba discos?”, preguntaba Umbert, visiblemente descolocado. Coincidían en el veredicto: habían visto algo deslumbrantemente único. Desconocido e irrepetible. En eso coincidimos muchos. Pero aún no sabemos si fue una aparición mariana o una deconstrucción en tiempo real de la historia y normas de la música pop.

¿Fue una epifanía o un exorcismo?
Fue un saqueo fulminante.
Pero a él, que le registren.

En el camerino, Kudo recogía los instrumentos y guardaba papeles como un técnico del gas que ya ha completado su reparación. Japonesísimamente lacónico. En absoluto silencio, como el resto de músicos. El camerino estaba lleno como el camarote de los hermanos Marx, pero allí no se oía una mosca. Ni euforia ni comentarios sobre la actuación. Kudo se comportaba como si nada de lo ocurrido minutos antes fuese responsabilidad suya. Como si él nunca hubiese estado en aquel escenario. Como si nada fuese con él. Imposible adivinar si tenía sueño o le picaba la espalda.

Y sayonara Tanned Tin.

Publicado en la web de Rockdelux el 6/3/2013
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