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MANEL, Transversales artesanos populares

Ilustración: Sonia Pulido

 

EDIT (2012)

MANEL Transversales artesanos populares

Con su segundo álbum, Manel consiguieron superar el gran impacto de su debut, que ya había sido enorme, sobre todo en Cataluña. Y es que “10 milles per veure una bona armadura” ratificó todo lo bueno que se dijo de ellos cuando empezaron a tocar en salas como el Heliogàbal y a ser señalados, sin ellos pretenderlo ni quererlo, como los abanderados del nuevo pop en catalán. Santi Carrillo escribió esta columna alabando el triunfo transversal de Manel, un grupo de “gente normal” que domina como pocos el ingenio aplicado al costumbrismo narrativo.

Con un último bolo en Berlín el pasado 23 de abril, Manel concluyeron su exitosa gira de presentación del inspirado “10 milles per veure una bona armadura”. Con 108 conciertos en trece meses, han sido los grandes triunfadores de la temporada 2011-2012. Sus canciones han caído en gracia sin ser necesariamente graciosas. Su presencia, su actitud y su modo de presentarse ante el público los han consolidado en ese expediente X clasificado como “gente normal”, categoría que suele ganarse la aprobación de la platea. En Cataluña han arrasado, por supuesto, pero también se han hecho notar en el resto de España en escogidos conciertos donde nunca han tenido problemas con el idioma.

En sus temas fáciles pero no simples, brillantemente arreglados, hay requiebros que sugieren caminos no lineales de lectura, alambicados incluso, en un tono depuradamente detallista; como de otra época, si lo comparamos con el esquemático nivel de letras que solemos escuchar por aquí. El gran flujo narrativo de sus composiciones suele estar orientado hacia una cierta amabilidad reflexiva, aunque con puntos de fuga que transitan zonas grises de la memoria para desembocar en el escrupuloso análisis de la emoción cotidiana: la nostalgia del pasado en primer plano y, qué osadía, la de lo que está por llegar en la recámara. Digamos que la excelsa “Benvolgut”, su cumbre, podría haber sido escrita por Serrat en su buena época, por Manuel Alejandro en cualquier momento y, quizá, por Nacho Vegas en los últimos tiempos; pero por pocos más. Y que el homenaje nada disimulado a los Pulp que es la estupenda “Boomerang” está a la altura de las mejores composiciones de Jarvis Cocker.

Pero con el éxito también les han llegado los enemigos, claro, que los desprecian por cursis o repelentes, quizá por su proximidad a los estándares de grupos nacidos para carteles de fiesta mayor. El factor catalán, entendido como provinciano o nada moderno, y su identificación con un costumbrismo mal percibido también han influido en este severo dictamen. Así como que Pep Guardiola acudiese a sus conciertos, circunstancia que amplificó la caja de resonancias del factor Manel, convirtiéndolos en una opción que podía y debía gustar a toda la familia. De ahí el rechazo suplementario que han padecido en algunos supuestos círculos de élite. ¿Del Heliogàbal a grupo para las masas? Ni hablar.

Pero lo cierto es que, a pesar de los prejuicios de sus detractores, Manel, profesionales y adultos desde el principio de los tiempos, mucho más que casi toda la escena indie en bloque, forman parte de la gran tradición de la (buena) música cantada en catalán, esa donde los grandes nombres de la cançó siempre han operado como artesanos populares, más que como artistas, para profundizar en la potencialidad que ofrece la transversalidad sin fronteras de capas sociales, franjas generacionales y lugares de procedencia. Manel, merecidísimamente, han conseguido una hazaña similar con solo dos discos. No está nada mal. Felicidades.

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