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MARIO PACHECO, Reverencia flamenca

Ilustración: Juanjo Sáez

 

ME, MYSELF & I (2001)

MARIO PACHECO Reverencia flamenca

Mario Pacheco, uno de los hombres que más hizo por la música en España, murió el 26 de noviembre de 2010. Este texto de Santi Carrillo pone en valor el trabajo del sello Nuevos Medios, la aventura personal a la que Mario Pacheco entregó su vida. Publicado en mayo de 2001, en la sección Me, Myself & I, repasa la singladura de la discográfica a partir de la publicación de una caja con los recopilatorios de “Los jóvenes flamencos”, la brillante escena que Mario Pacheco auspició y la etiqueta que permitió a la marca Nuevos Medios darse a conocer internacionalmente. 

Una bonita caja de cartón (la textura se asemeja a la que envolvía el doble vinilo “Still” de Joy Division) titulada “Los jóvenes flamencos” (2000) recopila los siete primeros volúmenes en CD de las compilaciones de igual título aparecidas en Nuevos Medios entre 1990 y el pasado año. La acompaña un cuidado librito con veinticinco fotografías en blanco y negro de Mario Pacheco, director de la discográfica, a los artistas que han marcado el itinerario vital del sello.

Es una oportunidad ideal para, en noventa y nueve temas ya publicados o inéditos, rememorar, primero, el legado musical de lo que en su día el ‘Billboard’ calificó como “la Tamla Motown española” y el ‘Actuel’ como “una música demasiado bella para ser ignorada”, y cerciorarnos, después, de que la corriente de renovación que se dio en el flamenco a partir de mediados de los ochenta difícilmente hubiese salido a flote como movimiento etiquetable sin la voluntad y el empeño puestos por la compañía madrileña Nuevos Medios. Mario Pacheco intentó y consiguió alentar una escena que, definida como “nuevo flamenco”, se concretó en una serie de artistas talentosos y más de un disco memorable.

Confiando en la inspiración de los hermanos Amador desde la recuperación en 1986 de unos salvajes registros de 1979 llamados “Guitarras callejeras” y apostando por la prometedora all star band que formaban Ketama en 1985 con su debut homónimo (con José Soto “Sorderita”, los Carmona de la saga “Habichuela” y un fugaz y visionario Ray Heredia), el terreno fue abonándose para la consecución de un momento cumbre: 1988, tiempo de “Blues de la frontera” de Pata Negra y del primer “Songhai”, dos trabajos superlativos que aventuraron una situación propicia para recuperar un espacio privilegiado que el flamenco popular parecía tener perdido (Camarón al margen).

Haciendo valer su prestigio como sello independiente avezado en, sobre todo, la distribución del catálogo de la mejor época de Factory (Joy Division, New Order) y Rough Trade (The Smiths) y su vinculación al sector más cultivado de la movida (La Mode y Golpes Bajos), el camino hacia los medios de comunicación quedaba expedito para un trato preferente; en aquella época, la calidad de la marca Nuevos Medios era acogida sin dudas ni recelos: encajaba con un público joven sin prejuicios y con uno más adulto agotado del rock y a un paso de caer en el boom étnico. Y así pudo Mario Pacheco enderezar la producción propia de su invento hacia el primer objetivo que se había marcado: “La intención era grabar flamenco y jazz, o tal vez un equivalente del jazz dentro de nuestro ambiente, pero la singular explosión de las movidas (madrileña y gallega) nos apartó de estos propósitos”, le confesaba a Luis Troquel en Rockdelux 113.

 
MARIO PACHECO, Reverencia flamenca

Pata Negra & Ketama. En los camerinos de Zeleste, Barcelona, 22 de enero de 1988: momento de gloria. Foto: Francesc Fàbregas

 

Fueron años espléndidos, sobre todo hasta 1994 –con el hola y adiós del príncipe gitano Ray Heredia en “Quien no corre, vuela” y la segunda parte de un inspirado “Songhai”, entre otros aciertos, como los de La Barbería del Sur, lanzados en dos etapas diferentes–, para un recorrido que, con detractores o sin ellos, posibilitó la actual asunción naturalizada que se tiene del flamenco en cualquier ámbito de nuestra sociedad. La semilla del trabajo del sello trascendió más allá de su propio radio de acción: probablemente, la nutrida generación de inquietos cantaores que ha debutado en estos últimos diez años no hubiese navegado con el viento tan a su favor sin ese bagaje de flamenco-con-raíces-pop tan característico de la idiosincrasia de Nuevos Medios.

¿Cosas en contra? Sin el sonido particular de la factoría Nuevos Medios, marca de fábrica generalmente endogámica, hoy nos evitaríamos muchas de las medianías que copian y exprimen esa estética posketamera (con tanta mezcla exitosa, los Carmona acabaron cayendo en el puro pastiche, aunque ya fuera de Nuevos Medios) de pop-con-raíces-flamencas lanzadas desde cualquier discográfica, sobre todo multinacionales, con aspiraciones de grandes ventas con excusa latina: de la nada de Cherokee al infinito de Alejandro Sanz.

Y sí, por sus manos pasaron elementos potencialmente comerciales (José El Francés) o piedras preciosas por pulir (Aurora o Willi Giménez & Chanela) que, entre las autolimitaciones de una marca que a diferencia de DRO prefirió no hacerse grande y la merecida buena suerte que nunca llegó, desaparecieron por el foro discretamente. Curiosamente, también vieron de lejos el renacer de Kiko Veneno, los aciertos puntuales de Niña Pastori o Navajita Plateá, la socarronería de Mártires del Compás, la sacudida del “Omega” de Morente & Lagartija Nick o los fenómenos de Remedios Amaya, José Mercé o Estrella Morente, acontecimientos relevantes de una secuencia exitosa que, posiblemente, no hubiesen brillado con la misma intensidad sin el primer eslabón soldado por Nuevos Medios.

En la actualidad, el genio inclasificable de Diego Carrasco hace sombra a la no siempre excitante fusión jazz de Jorge Pardo y sus aliados en un catálogo que, aseguran en la discográfica, espera mucho y bueno de lo nuevo de Pepe Habichuela –con el honor de ser la primera referencia flamenca de Nuevos Medios ya en 1983–, apuesta por el Churri (Diego Amador “Patita Negra”) y bendice un precioso y entrañable recital, ya editado, del veterano Juanito Valderrama en el festival de La Unión del pasado verano, “Don Juan”, donde, con satisfacción y sorpresa, retoma sus nobles orígenes.

Una nobleza, por supuesto, que le sobra al sello de Mario Pacheco –mucho menos acertado en su acercamiento al pop y al rock en los noventa–, por donde han pasado, en un momento u otro de sus singladuras, atendiendo a esa prudente política de contratos por disco que muchas veces ha ido en su contra, nada más y nada menos que Enrique Morente, Duquende, Ramón El Portugués, Miguel Poveda, El Indio Gitano, El Potito o Tomatito: respeto.

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