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MARK KOZELEK, Artista vs. persona

Kozelek, una especie de Mourinho con guitarra, sale al escenario en permanente estado de cabreo.

 

FREESTYLE (2017)

MARK KOZELEK Artista vs. persona

Mark Kozelek agrandó su leyenda de tipo avinagrado cancelando en Madrid en el último segundo el concierto de Sun Kil Moon el 23 de noviembre de 2017. Esta vez, ni siquiera esperó a estar sobre el escenario para dar la nota. Unas semanas después de su plantón a cuatrocientos fans, uno de los organizadores de la fecha dio más detalles: “Estábamos avisados, pero no he visto nada igual en quince años de trabajo”. En casos como el suyo, ¿es posible olvidarse de todo lo que rodea a la persona al analizar el trabajo del artista? ¿Es justo? Víctor Trapero fue testigo de la frustrada actuación del norteamericano. Más sobre “el expediente Kozelek”, aquí.

Si hablamos de Mark Kozelek, lo hacemos del alma mater de los ya extintos Red House Painters. Del tipo que, desde hace tres lustros, firma trabajos estupendos a un ritmo admirable bajo el alias Sun Kil Moon. En 2014, por ejemplo, publicó “Benji”, mejor disco del año para Rockdelux. Durante este 2017 que ya agoniza, ha editado “Common As Light And Love Are Red Valleys Of Blood”, octavo LP de Sun Kil Moon, y tres álbumes colaborativos, uno junto con Jesu, otro en compañía de Sean Yeaton (bajista de Parquet Courts) y un tercero con Ben Boye y Jim White. Definitivamente, ser estudioso o, todavía mejor, fan del trabajo de Kozelek parece una ocupación agradecida. Al menos, desde la comodidad de casa.

Porque todo cambia en vivo y en directo, en el cara a cara, donde ser seguidor del de Ohio se convierte en algo parecido a una profesión de riesgo. Hace tiempo que sus conciertos se convirtieron en una moneda al aire: puede pasar cualquier cosa, casi literalmente. Son citas con un cincuentón malhumorado y bocazas en las que, por más que sus canciones sean impecables, la música termina siendo lo de menos con demasiada frecuencia. Kozelek, una especie de Mourinho con guitarra, sale al escenario en permanente estado de cabreo, como si alguien le obligara a girar por el mundo. A su lado, Liam Gallagher es una hermanita de la caridad: que le pregunten a The War On Drugs al respecto.

En sus últimas visitas, le hemos visto discutir con los técnicos de luces, prohibir fotógrafos, torpedear su propio setlist con temas compuestos en esperas de aeropuerto, meterse con los franceses justo después de actuar en París, regañar sin ningún miramiento a los charlatanes y a los que osan echar mano del móvil (“estoy viendo vuestras feas caras iluminadas y no puedo aguantarlo”) o flirtear con poca gracia con alguna chica de las primeras filas, entre otras lindezas. Eso, en el mejor de los casos. En el peor, te deja tirado, compuesto y sin plan.

 
MARK KOZELEK, Artista vs. persona

Centenares de personas estaban preparadas para llenar el Teatro Lara, pero el concierto se canceló.

 

Fue exactamente lo que pasó el 23 de noviembre en Madrid, cuando unos cuantos centenares de personas estaban preparadas para llenar el Teatro Lara. Allí, apretujados en el hall, casi una hora después del momento de inicio fijado, nos enteramos de que el concierto se cancelaba “por causas ajenas a la organización”. En mitad de la confusión, Kozelek y sus músicos abandonaron la escena del crimen a toda velocidad delante de nuestras narices. Con la cabeza gacha y un gorro de lana calado hasta las cejas: le faltó salir silbando para disimular.

Una voz autorizada dentro de la organización, parte de SON Estrella Galicia, ofreció más detalles: “En muchos años de conciertos hemos visto cancelaciones por defunción, por enfermedad, por problemas de transporte…, pero nunca por algo así. Hemos trabajado con artistas serios y estrictos como Swans o Low, que, en lo personal, te ofrecen un trato absolutamente respetuoso. Lo de Kozelek es otra cosa. Aquel día no pudimos dar ninguna explicación porque, sencillamente, no la había. Después de acceder a todas sus exigencias y lidiar con un ‘rider’ inexistente, no tocó porque no quiso. Se agarró al hecho de que en el Lara existiera un limitador que le impedía usar un pedal de voz en dos momentos concretos de dos canciones, pero es que la ley es la ley. Por mucho que intentara chantajearnos, no es un aparato que pueda desconectarse sin más. Nos faltó al respeto a nosotros y, sobre todo, a sus fans, a los que todavía debe un comunicado”.

El caso es que nos quedamos sin una actuación que se presumía mitad recital folk-blues confesional, mitad monólogo bestia de Louis C.K., aunque, dada la actualidad, el ejemplo puede no ser el más oportuno. O quizá sí: este año, más que nunca, ha costado sobremanera ejercer ese sano ejercicio que consiste en separar persona y artista. Dadas las andanzas de Kevin Spacey o del propio Louis C.K., entre otros, 2017 ha funcionado como un amargo apéndice de aquel maravilloso “Por favor, mátame. La historia oral del punk” (Legs McNeil, 1996), del libro que más he regalado en mi vida, un desfile de desvergonzados reyes punk (de Sex Pistols a Patti Smith; de Iggy Pop a los Ramones) a los que dan ganas de dejar sin corona. Todos hemos fantaseado alguna vez con tomar una cerveza con alguien a quien admiramos por su obra, pero deberíamos pensárnoslo dos veces: la magia podría volatilizarse antes de que llegue la cuenta. En el caso de Kozelek, quizá antes.

Publicado en la web de Rockdelux el 14/12/2017
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