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MÒNICA OLTRA, Sin mordazas

“Lo importante es que la ciudadanía recupere el poder, y esto ahora no depende de si tienes un Estado, porque el poder financiero ha pulverizado las fronteras”. Foto: Óscar García

 
 

MANIFESTO! (2013)

MÒNICA OLTRA Sin mordazas

Militante comunista desde los 15 años, Mònica Oltra saltó a la fama por lucir una camiseta con la foto del expresidente Francisco Camps con la leyenda “Wanted, Only Alive” en las Cortes valencianas. Madre, abogada de profesión y diputada por Compromís tras su expulsión de Esquerra Unida, esta mujer que se relaja a base de sesiones maratonianas de “Doctor en Alaska” encarna la máxima de que “Otra política es posible”. Gemma Tramullas nos la presentó en esta entrevista.

Si me permite, empezaré preguntándole por las camisetas y así nos quitamos el tema de encima. ¿Lleva puesto algún eslogan hoy? Llevo una camiseta monísima que compré en una tienda alternativa y que me parece que expresa mucho.

Una mujer con corbata... Y con un anillo en la oreja. Es una camiseta muy transgresora, aunque no lleve mensaje.

“Soy madre y diputada las veinticuatro horas y tengo un despacho que es la garantía de que no vaya por ahí estirando chaquetas para mantenerme en el cargo. La clave está en organizarse y no dejarse invadir. Cuando voy por la calle y veo que algo no está bien, enseguida, ¡pam!, pregunta parlamentaria. Yo entiendo así el cargo público; por eso no comprendo que la gente se pueda eternizar en los cargos, porque no se puede estar treinta años a este nivel. A veces digo ‘hasta aquí puedo llegar’ y apago el teléfono. Por suerte tengo muy buen dormir y recupero mucho durante el sueño

Más allá de los mensajes, ¿qué influencia tiene el vestir en su forma de hacer política? Soy hija de emigrantes y me crié políticamente en Alemania. Recuerdo perfectamente cuando Los Verdes entraron por primera vez en el Bundestag (Parlamento alemán). Yo tendría 11 o 12 años y lo vi por la tele: primero llegaron los portavoces de los otros partidos, vestidos con traje azul marino y corbata, y el último era el de Los Verdes, que llevaba un jersey de lana hecho a mano, vaqueros y el pelo medio largo y rizado. “Este es de los míos”, pensé. Era el único diferente y le daba un toque personal que te podía gustar o no, pero no era un uniforme, no era un molde, no era la casta. Aquel día fui consciente de que las cosas empezaban a cambiar.

¿Eso mismo representaría usted en las Cortes valencianas o la CUP en el Parlamento catalán? Me emociona pensar que alguna niña me pueda haber visto con una camiseta en las Corts y haya dicho: “Esta es de las mías”. He roto con el cliché establecido y con esa manera de sentirse por encima de la sociedad, de estar más preocupado por los problemas internos del partido y por cómo me coloco por ser diputado en las próximas elecciones que por los problemas de la gente.

Es diputada las veinticuatro horas y, además, abogada en activo. Soy madre y diputada las veinticuatro horas y tengo un despacho que es la garantía de que no vaya por ahí estirando chaquetas para mantenerme en el cargo. La clave está en organizarse y no dejarse invadir. Cuando voy por la calle y veo que algo no está bien, enseguida, ¡pam!, pregunta parlamentaria. Yo entiendo así el cargo público; por eso no comprendo que la gente se pueda eternizar en los cargos, porque no se puede estar treinta años a este nivel. A veces digo “hasta aquí puedo llegar” y apago el teléfono. Por suerte tengo muy buen dormir y recupero mucho durante el sueño.

En YouTube hay colgados un montón de vídeos de sus intervenciones parlamentarias. Viendo cómo la interrumpen continuamente algunos diputados de la derecha, me pregunto si también se lo harían a un hombre con traje y corbata. No se lo harían. Es más, a un hombre con camiseta tampoco se lo harían. Es parte del lenguaje de la casta. Yo siento la responsabilidad de la institución y de lo que supone ser diputado y que eso lo estén tirando por tierra me entristece mucho. Cuando entré en el Parlamento por primera vez estaba tan emocionada... Me senté en la silla sin apoyarme mucho, como para no profanarla.

A estas alturas ya debe tener un callo. Una de las cosas que más me molesta del PP no es que me interrumpan, sino que vengan todos con el manual aprendido, con la consigna de que hoy hay que hablar de esto, todos iguales. “Oiga, ¡no insulte mi inteligencia! ¡Cúrrenselo un poco más! ¡Esto es un Parlamento, aquí se viene a dar argumentos, no consignas!”. Cuando uno es diputado, tiene que ser un poco más riguroso y tratar con más consideración y cariño un cargo tan importante como el de representante del pueblo.

“¡Para qué os sirve tanta escuela privada y tanto misal!”, le espetó a un diputado maleducado que la interrumpía constantemente. ¿De pequeña ya era tan directa? Sí. Una de las frases que más me repetía mi madre es: “La última palabra siempre tiene que ser la tuya”. Pero no era mala nena.

 
MÒNICA OLTRA, Sin mordazas

“Las mujeres hemos dejado de ser objetos para convertirnos en sujetos políticos y sociales conscientes, y este salto cualitativo puede hacer que ahora sí aprovechemos esta segunda oportunidad que nos da la historia”. Foto: Óscar García

 

A sus hijos les habla en valenciano, pero esta no es su lengua materna. Mi lengua materna cabalga entre el castellano y el alemán, que son mis lenguas afectivas; el valenciano es una lengua de militancia. Mi historia responde un poco a la que cuenta Al Tall en “Tio Canya” –canción que habla de los problemas de un hombre de pueblo del País Valenciano que no entiende el castellano y que concluye con sus bisnietos aprendiendo valenciano, muchos años después–. Tenía 15 años cuando volvimos de Alemania y tenía muy claro que venía a un país donde se hablaba una lengua, por eso tenía que aprender a hablar la lengua de mis abuelos y de mi padre. De lengua de militancia, el valenciano se ha ido convirtiendo en mi lengua afectiva. Mis hijos estudian en valenciano, hablan en valenciano, todo lo que la falta de normalización lingüística en el País Valenciano nos permite.

Usted es un cóctel explosivo de fallera, valencianista de izquierdas, internacionalista, procatalanista... En Twitter me fríen con lo de procatalanista. La aversión que ha generado la derecha valenciana hacia Cataluña ha sido siempre una manera de manipular a los valencianos. Compartir un ámbito lingüístico es una oportunidad, no una desgracia.

“En el futuro me veo siempre peleando, no sé si en una institución, pero peleando. No puedo evitarlo. Para mí es un privilegio estar donde estoy en este momento. Los libros de historia hablarán de este período como el del nacimiento del salto adelante del ser humano hacia la emancipación, hacia otro modelo de evolución en la consciencia, la solidaridad y el ‘agermanament’ (hermanamiento) del ser humano”.

Si Cataluña llegara a independizarse, ¿le daría envidia? Pues no. En este momento tener un Estado es tan irrelevante a la hora de tener el poder... Lo importante, y a lo que yo aspiro, es que la ciudadanía recupere el poder, y esto ahora no depende de si tienes un Estado, porque el poder financiero ha pulverizado las fronteras. Ahora, si alguien quiere un Estado, estupendo, y si se monta una fiesta en Cataluña para celebrarlo, vendré, porque las fiestas siempre están bien. Pero ¿qué se habrá ganado? Creo que hay que ir hacia un proceso constituyente, donde la gente decida si se constituye en un Estado con otros o sin otros y qué derechos y reglas tienen en ese Estado. Hay que empezarlo de cero, porque la actual situación de cosas, que ha sido una perversión de la democracia, no está legitimada ni un minuto más.

¿Cree que las mujeres pueden salvar la política? Le he dado muchas vueltas a esto y la respuesta es que sí. Estamos en un escenario que se parece mucho al período de entreguerras: tienes en ebullición tanto movimientos emancipadores como el potencial peligro que esto derive hacia un totalitarismo. Y esto en el siglo pasado ocasionó más guerras y fascismos. Pero tengo la sensación de que la historia nos está dando una segunda oportunidad para madurar como seres humanos. Uno de los elementos subjetivos más importantes que antes no estaba y ahora sí es que las mujeres hemos dejado de ser objetos para convertirnos en sujetos políticos y sociales conscientes, y este salto cualitativo puede hacer que ahora sí aprovechemos esta segunda oportunidad que nos da la historia.

¿Es más de Raimon o de Obrint Pas? Mmm... Ahí me partes el corazón. Por memoria estaría más con Raimon, pero para “festuqui” me iría con Obrint Pas. Cuando estoy jodida recurro a la música y normalmente me da por cantautores: Pau Alabajos, Serrat, Ismael Serrano, Sabina... Silvio Rodríguez es muy recurrente, pero solo cuando estoy muy jodida.

En las redes sociales ya la ven como la próxima presidenta de España. Pues yo no me veo, me encuentro más cómoda en lo más pequeño. En el futuro me veo siempre peleando, no sé si en una institución, pero peleando. No puedo evitarlo. Para mí es un privilegio estar donde estoy en este momento. Los libros de historia hablarán de este período como el del nacimiento del salto adelante del ser humano hacia la emancipación, hacia otro modelo de evolución en la consciencia, la solidaridad y el “agermanament” (hermanamiento) del ser humano. La humanidad está conectada con unos hilos invisibles que nos empeñamos en destruir. La auténtica globalización es que, si hay alguien sufriendo en cualquier parte del planeta, yo también estoy sufriendo.

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