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MORENTE, Y la voz torcida de los heterodoxos

Morente ha hecho muchísimo más que nadie por acercar “esta música torcida” a nuestros profanos corazones.

 

FREESTYLE (2011)

MORENTE Y la voz torcida de los heterodoxos

Fernando Alfaro se ha convertido en un mito para muchos seguidores de la música en España. Con Surfin' Bichos, con Chucho o en solitario, Fernando ha intentado domesticar una carrera nerviosa, intensa y emotiva que ha reportado muchas satisfacciones a sus fans. Buen escritor de canciones, dedicó esta “columna torcida” a los heterodoxos que pueblan el mundo de la música. Con ella rindió homenaje a Enrique Morente.

“Tu padre tuvo ocho hijos, y los ocho crecieron torcidos”. Eso lo cantaba Jorge Ilegal hace ya unos cuantos años. El blues torcido, si es que alguna vez hubo un blues que no fuera torcido. Torcidas las espaldas en los campos de algodón, torcidos los dedos sobre las cuerdas metálicas de la guitarra o el banjo. Torcida el alma de Robert Johnson, torcida la peluca de Debbie Harry sobre la cabeza retorcida de Jeffrey Lee Pierce. “La voz torcida”, se titulaba la portada de un ya antiguo número de ‘Ruta 66’, la competencia añeja de esta revista. La portada estaba ocupada por una foto en blanco y negro de un enjuto, joven y trajeado Nick Cave, que nos clavaba sus ojos con pupilas como agujas. Esas pupilas yonquis. Cuánto ha llovido. Se mantenía en pie, pero no totalmente erguido: se mantenía de pie, solemne y torcido.

“Tu padre tuvo ocho hijos, y los ocho crecieron torcidos”. La forma en que las cosas estas de la vida nos llevan a donde nadie pensó, ni siquiera nosotros mismos. Como las raíces retorcidas de un árbol buscando el agua. Ted, Woody y Junior –cantaba Robyn Hitchcock en la canción del mismo nombre– fueron decepciones para sus padres. Qué bonita canción, evocadora de un fracaso luminoso. Papá y mamá siempre hablan de todo lo que pudimos ser. Eso es mío, lo siento. De “El mundo por los pies”, una canción de hace veintipico años. Yo he intentado torcer el mundo para agarrarlo por los pies...

 
MORENTE, Y la voz torcida de los heterodoxos

Enrique Morente, tirado en el suelo, ante el Guernica, alzando la voz torcida hacia las reverberantes catacumbas del Reina Sofía.

 

La voz torcida, como el vuelo de un pájaro extraño, era, es, la voz de Enrique Morente. Hace poco vi en televisión, o en lo que queda de ella, el documental “El barbero de Picasso”. Enrique Morente torcido en el plano, tirado en el suelo del Reina Sofía, ante el Guernica. Enrique Morente alzando la voz torcida hacia las reverberantes catacumbas del propio museo o de un pozo granadino. O cantando y retorciendo corazones desde un escenario, torciendo la voz, modulando la melodía hasta lo imposible y el escalofrío. Confieso ahora mismo que soy un casi absoluto ignorante, por lo menos en lo que se refiere a flamenco. Parafraseando al aludido Jorge Ilegal, era como: El flamenco (el trabajo, decía la canción) es sagrado: por eso no lo toco. El flamenco es sagrado. Pero Morente, y por supuesto Camarón, siendo probablemente las mayores figuras del flamenco de los últimos, yo qué sé, cincuenta años, han hecho muchísimo más que nadie por acercar esta música torcida a nuestros profanos corazones. Música torcida, sí, la música que intentó torcer el destino que aplastaba a una raza, y luego a un pueblo. Como el blues, sí. Siento repetirlo, pero es verdad: el flamenco es otra música de voces y de dedos retorcidos sobre unas cuerdas de guitarra. ¡Y qué guitarristas, por Dios!

El argumento de los entendidos es que Morente, como Camarón, era, es, un renovador: un heterodoxo. Y a los heterodoxos voy a dedicar yo esta columna torcida en lo sucesivo, si Dios y los jefes lo permiten. Así son los personajes, las personas que he ido invocando, y así seguirán siendo. Y creo que lo haré desde la heterodoxia y con la voz torcida. Está claro el valor que un heterodoxo, un espécimen único, tiene en el arte. Pero también la heterodoxia, en dosis más o menos grandes, es necesaria en el pensamiento, incluso en la política e incluso en la economía. Para escapar de esta especie de monolítica simetría que algunos, demasiados, parecen adorar. O cuando menos, aceptar. Esa simetría es la muerte. Y, a pesar de la teoría antropológica de que la simetría de los rasgos, por ejemplo faciales, es síntoma de bondad genética que atrae al sexo opuesto, algunas de las mujeres más atractivas que he conocido tenían, tienen, desviación de columna. La columna torcida.

Publicado en la web de Rockdelux el 30/12/2011
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