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MUHAMMAD ALI, Bigmouth strikes again (y 2ª parte)

Ilustración: Juanjo Sáez

 
 

ME, MYSELF & I (2002)

MUHAMMAD ALI Bigmouth strikes again (y 2ª parte)

En la primera parte de este repaso a la vida de Muhammad Ali (1942-2016) escrito por Santi Carrillo, y publicado en Rockdelux tras el estreno de la película de Michael Mann “Ali” (2001), habíamos dejado a nuestro protagonista privado de su título de campeón mundial de los pesos pesados y en paro forzoso tras su negativa a combatir en Vietnam. En esta segunda parte llega lo mejor: sus grandes luchas contra Joe Frazier y, sobre todo, George Foreman en la década de los setenta, especialmente el histórico enfrentamiento en Kinshasa, memorable disputa por el campeonato del mundo entre Ali y Foreman en 1974, descrita magistralmente por Norman Mailer en su libro “El combate” (“The Fight”). Muhammad Ali, enfermo de párkinson, continuó siendo un emblema universal, como se comprobó en sus apariciones estelares en Atlanta 96, donde fue el portador del último relevo olímpico, y en Londres 2012, donde se le rindió un emotivo homenaje acorde con su leyenda.

(Se puede leer la primera parte aquí)

Cuando finalmente el Tribunal Supremo le dio la razón, se había producido un amplio proceso de transformación en el pensamiento político de su país. Con el pacifismo de cara, Muhammad Ali se convirtió en un emblema contestatario a quien se le permitió volver a boxear tras ser admitidas sus creencias religiosas como objeción a servir en las Fuerzas Armadas. Pero se encontró con un problema mayor; tres años y medio después, el cetro del boxeo estaba en otras manos: las de Joe Frazier (quien, curiosamente, una vez retirado emprendió una carrera musical como Joe Frazier And The Knockouts) y George Foreman, campeones olímpicos de los pesados en Tokio 64 y México 68, respectivamente, dos de los más grandes luchadores de todos los tiempos, con quienes compitió en algunos de los combates más intensos, dramáticos y épicos que se recuerdan.

Ya sin la velocidad que le había caracterizado, Ali tuvo que adaptarse a otras estrategias del boxeo, perfeccionando su capacidad de encajar, cansando a sus rivales al dejarse castigar por un aluvión de golpes, pero intentando no darles demasiada distancia a sus oponentes para que sus argumentos no fueran fulminantes y consiguiendo, a la vez, que estos perdieran potencia progresivamente.

Así fue como derrotó a Foreman en el Estadio Fortaleza de Kinshasa, Zaire, el 30 de octubre de 1974, a las 4 a.m. (horario televisivo impuesto para Estados Unidos y Canadá, sobre las 10 de la noche), en el considerado “El Combate del Siglo”. 100 kilos pesaba Foreman, 96 Ali; 1.90 de altura para los dos. En esta vuelta a África recuperó por fin su título mundial, el que le habían hurtado tras su negativa a ir a Vietnam, siete años después. Rumble in the Jungle ante 62.800 espectadores.

Por entonces Ali ya había saboreado la derrota a los puntos ante Joe Frazier en el denominado primer combate del siglo, en Nueva York, en 1971 (¡qué lucha de invictos con el mundial en juego, con un undécimo y un decimoquinto asaltos de antología: Ali convertido en un alma en pena, aunque sin dejar de lado su fanfarronería habitual, aguantando hasta el final a pesar del durísimo castigo en su mejilla y en su cadera!; los dos acabaron en el hospital), y después ante el exmarine Ken Norton (quien le destrozó la mandíbula en el primer asalto cuando Ali abrió la boca para sugerirle algo, seguramente ofensivo; Ali, con artritis en las manos e inyectándose cortisona en el tobillo, había estado en una fiesta la noche anterior: rock’n’roll).

A ambos les devolvería la derrota en revanchas ganadas también a los puntos; formidable el segundo combate contra Frazier, en 1974, sin título en juego, a doce asaltos, con un noveno demoledor: parecía que Ali perdería de nuevo al verse atacado por un Frazier dolido por los comentarios de su contrincante tratándolo de ignorante (entre golpes, fuera de tiempo, con el árbitro separándolos: “Ignorant, am I?”; “Yes, you are ignorant!”)

 
MUHAMMAD ALI, Bigmouth strikes again (y 2ª parte)

El Bocazas más Grande que ha existido jamás, el Carisma por Excelencia, un Genio de la Comunicación aplicada al Deporte, The Louisville Lip, simplemente Muhammad Ali.

 

En Zaire, Foreman presentaba un balance demoledor: 40 victorias (38 antes del límite; 31 puestos a dormir directamente) y 0 derrotas. Su media era escalofriante: una decena de nocauts en el primer asalto, otra en el segundo y otra más en el tercero... En efecto, George Foreman era “the most punishing human being” sobre la faz de la Tierra.

Del combate de Kinshasa Norman Mailer escribió el libro “The Fight” (1975), un documento a pie de ring de un momento histórico que, con el paso del tiempo, se ha mitificado aún más con el documental “When We Were Kings” (1996), de Leon Gast. Hunter S. Thompson también andaba por allí, malhumorado, para cubrirlo para ‘Rolling Stone’: aquello era, por supuesto, un acontecimiento, al que se unirían musicalmente James Brown, B.B. King, Miriam Makeba, The Crusaders, The Spinners... “Un cadeau du président Mobutu au peuple zaïrois et un honneur pour l’homme noir”. El presidente Mobutu Sese Seko había llegado al poder en 1965 tras un golpe de estado y ahora propiciaba, pagando cinco millones de dólares a cada contrincante, una pelea entre dos negros en un país negro, el antiguo Congo Belga hasta 1960, el antiguo Congo-Kinshasa hasta 1971 (ya República Democrática del Congo desde 1997), buscando ganarse el corazón de su pueblo y, obviamente, gran repercusión internacional. Todo, obra del maquiavélico promotor Don King.

Ali supo aprovechar de nuevo el aplazamiento por cinco semanas del combate, como ya había sucedido en su revancha contra Sonny Liston, debido a un corte de Foreman en la ceja en los entrenamientos, para pulir su deficiente puesta a punto (parecía más interesado en hablar con la prensa que en prepararse; aunque después aseguró que “si hubiese entrenado tanto para cada combate, ya estaría muerto”) y vencer inopinadamente a un ejecutor del calibre de George Foreman, el Robot de Texas, la Momia, quien defendía su título por tercera vez tras quitárselo a un invicto Smokin’ Joe Frazier en el denominado “Gran Duelo al Sol”, en Kingston, en 1973, en la que era su undécima defensa. Foreman tiró tres veces a Frazier en el primer asalto y tres veces más en el segundo, poniendo fin a un reinado, demoliéndolo violentamente, de casi cinco años. José “King” Román en Tokio y Ken “Mandingo” Norton en Caracas llegarían a continuación: dos combates, tres asaltos y... seis cuentas de protección más; la crueldad en estado puro, como ya había demostrado con ese manotazo en la nuca a un Joe Frazier ya en órbita... Norman Mailer definió a Foreman como un fiero león puesto en pie. Y reconoció que “no veía de qué manera Ali podía ganar”. Se decía: “Si Ali gana, es porque está amañado”.

Tras una salida fogosa, no de tanteo, que rompía la acostumbrada dinámica letal de Foreman, Ali desobedeció a su rincón y se plantó en las cuerdas desde la mitad del segundo asalto, como una pieza fija. Esta vez sin baile. Jugándose la vida, desgastó a su impaciente rival, a quien cogió por sorpresa esa actitud abiertamente masoquista de su oponente; Foreman no había entrenado previendo esa posible ventaja a su favor (había practicado con boxeadores rápidos) y cayó en la trampa de desfondarse paulatinamente. Ali, enfriando la pelea, sufrió lo indecible, aunque lo disimulara insultando a Foreman, a quien encendían todavía más esos menosprecios (“Can you hit? You can’t hit”); a más golpes lanzados, más energía gastada (“Nothing. You have no aim”). Pero Ali esa madrugada era un hombre con un objetivo sustentado en el máximo riesgo posible: el todo o la nada, el ahora o el nunca, el título del mundo o el fin de su leyenda (¿quizá también de su existencia?).

Ali, enfriando la pelea, sufrió lo indecible, pero el 30 de octubre de 1974 era un hombre con un objetivo sustentado en el máximo riesgo posible: el título del mundo o el fin de su leyenda (¿también de su existencia?). Aquí, los asaltos séptimo y octavo (el definitivo) de la gran batalla de Zaire entre Foreman y Ali.

“Estáis impresionados con George Foreman porque es un tipo muy grande y sus músculos parecen enormes, pero sois unos ignorantes del boxeo”, repetía Ali antes de la confrontación para resituar sus oportunidades en un combate que parecía decidido antes de empezar, a pesar del grito despiadado de “Ali, buma yé! Ali, buma yé!” (“¡Ali, mátalo!”) con que los zaireños encumbraban a su ídolo en contra del campeón Foreman. Ali no solo era un boxeador, también una figura de resonancia mundial que luchaba “por cambiar un montón de cosas”, aseguraba.

“Soy un científico del boxeo, un maestro del baile, un artista”; también, por supuesto, el Bocazas más Grande que ha existido jamás, el Carisma por Excelencia, un Genio de la Comunicación aplicada al Deporte, The Louisville Lip, simplemente Muhammad Ali...

Antes de empezar el combate, ya en el cuadrilátero, un autoritario Ali, con 32 años, se dirigió a Foreman, de 26, y le soltó: “Has oído hablar de mí desde que eras joven. Me has estado siguiendo desde que eras un niño. Ahora, finalmente, me has encontrado. Soy tu maestro”. Con el espectáculo en marcha, la puesta en escena más brillante y arriesgada en toda la historia del boxeo, Ali siguió fiel a su guión. “Come on, George, show me something. Can’t you fight harder? That ain’t hard. I thought you was the Champion, I thought you had punches...”. Mítico.

Desde su rincón, le gritaban a Ali que saliese de las cuerdas; este respondía: “Callaos. Sé lo que estoy haciendo”. Su entrenador Angelo Dundee le replicó: “Sí, estás haciendo que te maten”. Pero, de repente, en el quinto asalto, Ali forzó que cambiara la dirección del combate haciendo ostensible que George Foreman no solo se estaba quedando sin ideas, sino también sin aire. En el séptimo asalto, Archie Moore, antiguo y odiado rival de Ali que ejercía de ayudante de Foreman, jaleaba a su pupilo para darle ánimos cuando se topó con la repuesta de Ali: “Calla, viejo, que esto se ha acabado”. Y para Foreman, acostumbrado a ir siempre por la vía rápida (solo dos de sus rivales habían resistido en pie hasta el final de sus combates), se acabó en el octavo tras dos golpes demoledores de derecha de Ali, uno de izquierda y el remate de otro directo de derecha. Foreman besó la lona y, exhausto, no pudo levantarse. Adiós al temible GF, Great Fighter, George Foreman.

Después de la lucha, llegó la paz, y el cielo africano aplaudió, dando inicio oficial a la temporada de lluvias con un diluvio bíblico.

Foreman, tras una época deprimido, se retiraría en 1977 para volver en 1987, afeitado al cero, convertido en predicador y boxeando para recaudar fondos para su iglesia. Se hizo de nuevo con el título universal en 1994, dos décadas después, ya con 46 años, ganándose el respeto de todos los norteamericanos. Por su parte, Ali defendió su nueva corona diez veces hasta perderla con Leon Spinks en febrero de 1978; siete meses después entraría todavía más en la historia del deporte al recuperarla ante el propio Spinks y convertirse así en el primer campeón de los pesos pesados en ganar el cinturón en tres ocasiones distintas.

En 1996 recogió todos los honores del mundo al ser el portador del último relevo de la antorcha olímpica en Atlanta 96: tres mil millones de espectadores. Temblando, la enfermedad, la emoción.

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