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NME, 66 años y dos días explicando el pop

Stefflon Don pasará a la historia como la última protagonista de la portada en papel del semanario: 9 de marzo de 2018.

 

FREESTYLE (2018)

NME 66 años y dos días explicando el pop

El semanario británico ‘New Musical Express’ anunció el pasado 7 de marzo el cierre de sus rotativas. Aunque no se trata de un adiós definitivo: la revista seguirá online y apostará por nuevos canales después de alcanzar el mayor número de usuarios de su historia. Con el adiós de la versión impresa –que el 9 de marzo entregó su último número– acaban más de seis décadas de historia no solo de la prensa musical, sino del pop. Cesc Guimerà analiza con urgencia la desaparición de esta revista emblemática y lo que ha significado a lo largo de su existencia.

Shame, los enésimos salvadores del rock británico, ocupaban la portada de ‘NME’ (escondida tras una cubierta publicitaria de una cerveza) cuando se anunció que el del 9 de marzo sería el último número impreso de la revista después de sesenta y seis años en la calle. Con el enésimo hype se despedía el que durante décadas fue uno de los referentes de la prensa musical mundial, venido a menos desde el cambio de siglo. La rapera Stefflon Don pasará a la historia como la última protagonista de la portada en papel del semanario. Todo muy sintomático.

“‘NME’ es una de las marcas más emblemáticas de los medios de comunicación británicos y el paso a la versión gratuita ha ayudado a propulsar la marca a la mayor audiencia jamás alcanzada por NME.com”, explicaba tras el anuncio Paul Cheal, mandamás de Time Inc. UK, editora de la revista, que en 2015 redujo su formato y comenzó a distribuirse de forma gratuita en un agónico intento de reanimación. “La reinvención en formato impreso nos ayudó a poner en portada estrellas que no hubiera sido posible sacar en el formato de pago. Sin embargo, al mismo tiempo nos hemos tenido que enfrentar al aumento de los costes de producción y a un complicado mercado publicitario”, añadía Cheal.

No se trata del final definitivo de la publicación, que, con trece millones de usuarios únicos al mes, seguirá en internet y potenciará nuevos formatos más acordes a las tendencias actuales de consumo. Cheal anunció la creación de dos canales de radio y una nueva web, The Big Read. Para nostálgicos, melómanos y seres de alma analógica en general, ‘NME Gold’ seguirá imprimiéndose bajo suscripción.

El declive de ‘NME’ en los últimos años se explica, en parte, por una extenuante exaltación del hype, agudizada en el nuevo milenio, y por una falta de adaptación a los cánones de los gustos actuales. Sin embargo, está inevitablemente ligado también a la decadencia de la prensa tradicional, a los nuevos formatos de reproducción y al nuevo perfil del consumidor, oyente por acumulación y poco dado a la profundización.

 
NME, 66 años y dos días explicando el pop

Primer ‘The New Musical Express’: 7 de marzo de 1952. Fue la continuación de la publicación ‘Accordion Times’, nacida en 1935 y reflotada en 1946 como ‘Accordion Times and Music Express’.

 

Pero, tras un deceso, lo usual y pertinente es cantar las virtudes del difunto. Sería injusto no reconocer los méritos del semanario y su capacidad de amoldarse a las múltiples corrientes durante seis décadas. Muestra irrefutable de ello es el número de cadáveres de competidores que ha contado a lo largo del camino. ‘Disc’ (1958-1975), ‘Record Mirror’ (1954-1991), ‘Sounds’ (1970-1991), ‘Melody Maker’ (1926-2000), ‘Select’ (1990-2001), ‘Smash Hits’ (1978-2006, y un último especial en 2010) o ‘Loaded’ (1994-2015).

Su tirada actual apenas alcanzaba los 15.000 ejemplares, pero llegó a vender 308.000 en los sesenta, popularizando la primera guerra del pop: The Beatles vs. The Rolling Stones. Otro frío dato: Jan Wenner fundaría ‘Rolling Stone’, referente cartón piedra de la contracultura norteamericana, quince años después de la llegada a los quioscos de ‘NME’ el 7 de marzo de 1952. Ese mismo año fue la primera revista en crear una lista de singles en el Reino Unido al estilo de la ‘Billboard’ norteamericana.

En los setenta, superada una primera crisis de supervivencia, fue sinónimo de subversión cuando Johnny Rotten cantaba de crucero por el Támesis “I use the NME, I use anarchy”. Aparcado el punk, en los ochenta fue una plataforma para la new wave y el indie. Pecó de pretenciosidad, pero se convirtió en dinamizadora de la escena alternativa, como también lo fueron John Peel, Tony Wilson o el show televisivo ‘The Old Grey Whistle Test’; y su cinta C86 creó un género en sí misma. Y en los noventa participó de la fiesta británica como la que más y reencarnó viejas rivalidades, ahora el “British Heavyweight Championship” de Blur contra Oasis, “Country House” vs. “Roll With It”. Era agosto de 1995.

Caitlin Moran, que escribió sus primeras líneas no en ‘NME’ sino en ‘Melody Maker’, ficciona desde la propia experiencia en “Cómo se hace una chica” (2014) los excesos de los tiempos de abundancia en la prensa musical británica de los noventa, los años de la última gran juerga antes del inicio de la lenta agonía que ahora ha acabado con ‘NME’. Sea por la crisis coyuntural o por la falta de perspicacia de sus rectores, con la revista acaba una época. Por mucha panorámica que se tenga, siempre es adecuado recurrir a quien lo ha vivido en primera persona para sintetizar. Alexis Petridis, quien sí escribió en ‘NME’, ha resumido en ‘The Guardian’ lo que fue la revista: “Un disturbio del rock'n'roll que se perdió en el silencio”.

Publicado en la web de Rockdelux el 9/3/2018
Etiquetas: 2010s, 2018, periodismo, sociedad
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