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NO AGE, El ruido y el feedback

No Age en el ciclo Make Noise que organiza la promotora barcelonesa This Is Underground para Converse. Foto: Marta Vélez

 

FREESTYLE (2013)

NO AGE El ruido y el feedback

Artículo de opinión sobre una polémica que tuvo a los californianos No Age como protagonistas. El dúo angelino fue contratado para tocar el 18 de diciembre de 2012 en La [2] de Apolo (Barcelona) dentro de un acto patrocinado por Converse. A medio concierto, el grupo proyectó un vídeo con imágenes que denunciaban la explotación laboral de la marca en sus factorías de Indonesia. Nando Cruz, tras recabar información sobre lo que allí ocurrió, reflexionó sobre la acción de No Age y las reacciones que esta provocó.

Hay una sensación casi tan intensa como volver a casa después de haber presenciado un concierto que te remueve y excita profundamente: descubrir que aquel concierto al que anoche decidiste no ir pudo ser uno de esos. Ante la última visita de No Age, los remordimientos por no haber estado allí fueron tan intensos que se prolongaron días y  semanas. En casos así, el único consuelo que hay es recabar la máxima información posible en un vano intento de lograr algo imposible: revivir lo no vivido.

El dúo angelino fue contratado para actuar en el ciclo Make Noise que organiza la promotora barcelonesa This Is Underground para la marca de calzado deportivo Converse. Tras negociar el caché (mucho más alto que de costumbre, como ocurre en los conciertos patrocinados) y la visibilidad de la marca (ningún logo en el escenario mientras tocase el grupo), No Age volaría expresamente desde Los Ángeles para un único concierto que abrirían los grupos catalanes Please Wait y L’Hereu Escampa. Lo que no imaginaba Converse ni la promotora es que No Age venían en son de guerra.

Randy Randall y Dean Allen Spunt aterrizaron dos días antes en Barcelona y conocieron de primera mano la filosofía del concierto y el ciclo, pero mantuvieron en silencio sus intenciones. Nadie en la ciudad sabía qué iban a hacer; bueno, casi nadie. Llegada la hora del concierto, y tras las actuaciones de los dos teloneros y el reparto promocional de zapatillas entre periodistas y VIPs del underground, No Age tomó el escenario. Tocaron varias canciones y de repente se enzarzaron en una improvisación ruidista mientras se proyectaba un vídeo de factura casera montado por ellos mismos días antes. Las inesperadas imágenes denunciaban las condiciones de explotación en las factorías indonesias de Nike, multinacional que absorbió a Converse en 2003.

Según varios presentes, la gente reaccionó de forma dispar. Unos aplaudieron, otros silbaron y algunos ni se enteraron porque, como pasa en este tipo de conciertos-pesebre, estaban más por sus asuntos que por la música. En cualquier caso, no hubo una reacción unánime a favor de No Age. Pocos quisieron ver en aquella imprevista performance un uso político del ruido o un arriesgado ejercicio de sabotaje: por las consecuencias que tendrá en su expediente de grupo “esponsorizable” y por hacerlo en un país extraño donde no tenían el respaldo de sus amigos. En vez de no acudir a una fiesta a la que no les apetecía ir, No Age fueron y la reventaron. Una fiesta que, según L’Hereu Escampa, “parecía más un escaparate de una tienda que un concierto”.

 
NO AGE, El ruido y el feedback

El dúo vino a hacer ruido, pero su zumbido ensordecedor no generó un “feedback” unánimemente favorable. Foto: Marta Vélez

 

This Is Underground emitió días después un comunicado de cuatro párrafos que, entre otras cosas, declaraba: Queremos dejar claro que creemos en la libertad de expresión de los artistas aun cuando esta contenga un mensaje polémico y que poco tenía que ver con el motivo que nos reunía a todos allí”. Algo que ver sí que tenía el polémico mensaje del grupo, pues aportaba información sobre las prácticas de la empresa que permitió que las entradas, agotadas días antes, solo costasen cinco euros. (Lo que no decía el comunicado es que, y según testigos presentes, los organizadores entraron luego en el camerino para exigir explicaciones a No Age de lo allí ocurrido).

El sponsor también lanzó un comunicado, más breve: “Converse cree en la libertad de expresión y colabora con músicos y artistas que muestran un espíritu independiente. Como subsidiaria de NIKE, Inc., Converse toma muy seriamente las condiciones laborales de sus fábricas contratadas y apoya la protección de los derechos de sus trabajadores. NIKE Inc. y Converse asumen un gran compromiso con sus fábricas contratadas y exigen a todas ellas el estricto cumplimiento de nuestro código de conducta”. Breve y esquivo, puesto que ni califica de calumnias las imágenes que proyectaron No Age ni anuncia medidas legales contra el dúo.

Tanto This Is Underground como Converse reaccionaron como se les suponía. Había que cerrar la herida y aquí no ha pasado nada. Resulta comprensible hasta la reacción del responsable de marketing de Converse Iberia (y antiguo guitarra de The Unfinished Sympathy), que pide una y otra vez que no aparezcan sus palabras en este artículo, temiendo quizá que la noticia llegase a la central de Massachusetts. Pero la onda expansiva cruzó el Atlántico en cuestión de horas. Evan Minsker, redactor de ‘Pitchfork’, intentó contactar con el dúo; como también hizo este colaborador de Rockdelux. Hasta el momento, la única respuesta del grupo ha sido un e-mail muy apropiadamente titulado “Acción Contradictoria Planeada” que Spunt envió a la web estadounidense (ver aquí).

Tal vez también les llegase a No Age el eco de las reacciones que provocó su acción. Y es que en los debates que se abrieron de inmediato en redes sociales y webs musicales (especialmente enfrentados y jugosos, los de Indiespot y Jenesaispop) hubo tantos comentarios que celebraban la afrenta del dúo como entradas que lo calificaban de incoherente e hipócrita. No solo eso, la tertulia digital se amplió con encendidas opiniones alrededor del posicionamiento de la prensa musical: en especial, sobre la crónica de ‘Mondosonoro’ (acusada de reaccionaria por cargar abiertamente contra el grupo) y la fulminante desaparición de la web de ‘Vice’ de un texto que aplaudía la acción del dúo (y que la autora rescató en su tumblr).

No Age llegó, la armó y desapareció, dejando un polémico rastro que animó a numerosos melómanos a debatir sobre algo más que la música. Y pronto aparecieron la ingenuidad y la incoherencia, dos de los dardos más socorridos actualmente para anestesiar cualquier voz disidente. Se disparan con frases del calibre “ya sabes que las cosas son así” y “calla, que tú también estás manchado”. Por lo visto, la incoherencia formal es el dardo más certero, pues invalida cualquier contenido. A partir de ahí, da igual que lo dicho sea cierto: estás muerto. Da igual, incluso, que jugando a detector de incoherencias lo único que se consiga sea encubrir la injusticia denunciada. ¡Por supuesto que el gesto de No Age entrañaba una contradicción! No hace falta ser un lince para detectarla. Lo más coherente hubiese sido renunciar a la oferta de Converse, montar un bolo en un squat de Orange County y proyectar el vídeo ante 78 okupas alterglobalización que aplaudirían a rabiar. ¿Y?

 
NO AGE, El ruido y el feedback

El gesto de No Age entrañaba una contradicción. Esta vez no era ruido abstracto, sino con contenido. Foto: Marta Vélez

 

Pues no, el dúo se cascó doce horas de vuelo y otras doce de vuelta para ejercer de caballo de Troya, para resaltar tanto sus contradicciones como las nuestras (hasta la fecha no han anunciado qué hicieron con la pasta que cobraron, así que no han dado lecciones de integridad). Pero aquí muchos prefirieron ver solo las contradicciones del dúo y dispararon ráfagas desautorizadoras que iban del ultracinismo al más puro egoísmo: que si en 2011 giraron por España patrocinados por Heineken, que si los subtítulos en español eran penosos, que a saber si eran ciertas las informaciones (provenían de un reportaje de Associated Press), que si estas actitudes están muy vistas, que si esto solo distrae la atención sobre la música, que a ver si será una estrategia publicitaria, que si yo nunca me he considerado underground, que si estos sabotajes matarán la ya frágil escena de conciertos... (Ante esto último, que no cunda el pánico, chicos: Converse asegura que seguirá apostando por el ciclo Make Noise).

El debate sobre la idoneidad de mezclar música y marcas ya no da mucho más de sí; por lo menos en un sector como el indie, totalmente mimetizado con estas. Pero sería saludable estudiar cómo hemos ido resituando nuestra mirada en este nuevo contexto powered by a la hora de afrontar el conflicto. Y cada vez gana más terreno ese silencio moderno que consiste en ignorarlo, esa altiva autocensura colectiva del “todos sabemos que las cosas son como son, así que mejor no tocarlas”... y aún menos si eso puede afectar nuestras bien merecidas aficiones. A este nivel hemos llegado en 2012. Pero si hoy una crítica se considera una puñalada trapera y el más mínimo atisbo de discrepancia avecina una enemistad eterna, ¿con qué ojos miraremos en 2018, tanto público como prensa, un acto de protesta de similar contundencia?

¿Hemos decidido ya que un concierto es un acto desconectado de la vida real en el que no cabe más tema de conversación que la propia música? No Age señaló hacia las fábricas de Nike en Indonesia y aquí miramos el dedo de No Age: palpamos su carpio y metacarpio, observamos su uña con lupa y determinamos que... no está lo suficientemente limpio y recto como para señalar a nadie. ¡Y no somos cobardes, sino extremadamente astutos! Más listos que los listillos de No Age. La consigna es hacer oídos sordos incluso cuando nos dicen: “This is not underground”. El dúo vino a hacer ruido, como prometía el ciclo Make Noise, pero esta vez su zumbido ensordecedor no generó un feedback unánimemente favorable. Normal; esta vez no era ruido abstracto, sino con contenido. Y aquí cada vez nos preocupan más las formas y menos el fondo.

Publicado en la web de Rockdelux el 17/1/2013
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