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PACO Y MANOLO, Behaviour

Ilustración: Sonia Pulido

 

EDIT (2011)

PACO Y MANOLO Behaviour

El volumen “2001/2010. Diez años de Primavera Sound según Paco y Manolo” (2011) es una recopilación de las fotos que Paco y Manolo hicieron para Rockdelux a lo largo de la primera década de festival. Santi Carrillo escribió la presentación del libro (se puede pedir aquí), texto del que surgió esta columna de opinión. Las “fotos normales” de Paco y Manolo se han convertido en un estilo en sí mismo: ellos no simulan llegar al fondo del enigma que se encuentra detrás de una mirada, no aspiran a radiografiar una personalidad con un disparo cargado de pretenciosidad; cazan un momento, el que sea, bueno o malo, mejor o peor.

Coincidiendo con el inminente Primavera Sound, se publica un libro que recopila el trabajo de Paco y Manolo para Rockdelux en los diez primeros años del festival, desde la edición de 2001 hasta la de 2010. Es una colección de fotos, muchas de ellas jamás publicadas, con algunos de los mejores artistas que han pasado por el certamen.

Hasta ahora, Paco y Manolo han formado una sociedad indivisible en el mundo de la fotografía con una gran leyenda a cuestas. Inventada o no, se dice que en el protocolo de los disparos de Paco y Manolo hay un ritual inalterable que transcurre del siguiente modo: en la primera tentativa, se coloca uno de ellos delante del artista y observa por el visor de la cámara; momento de reflexión, quizá de duda; si no se tiene clara la imagen, se acostumbra a oír este murmullo: “No lo veo”. Relevo habemus. Por eliminación, ocupa la posición privilegiada de ejecutor el otro integrante del dúo y procura verlo, visualizarlo, mejor... En ese proceso, tras el cambio, suele ocurrir que por fin “se vea” lo que tiene que ser visto. Chas. Momento inmortalizado. Otra “foto normal” al zurrón.

La famosa etiqueta de las “fotos normales” no es ninguna leyenda. Es una realidad que inventó gráficamente un gamberro Juanjo Sáez en el diseño que les estampó en unas tarjetas de presentación. Aparentemente, lo de fotos normales define muy bien lo que ellos hacen. Aunque creo que ya no les gusta esa marca registrada por el uso y abuso que se ha hecho de ella; en algunos malévolos casos, que conste en acta, para desprestigiar su trabajo. A mí me hace gracia cuando se defienden de las críticas con una curiosa estrategia a la contra: alegando que sus fotos son fácilmente reconocibles, sí, pero únicamente cuando se han visto ya unas cuantas; una sola, aclaran, podría ser de cualquiera.

Ellos no simulan llegar al fondo del enigma que se encuentra detrás de una mirada, no aspiran a radiografiar una personalidad con un disparo cargado de pretenciosidad. Cazan un momento, el que sea, bueno o malo, mejor o peor. Quiero decir con esto que no veo a Paco y Manolo deslumbrados por nada ni por nadie, ni dándose demasiada importancia ni esperando que nadie se la dé a ellos.

Y es que creo que su pasado no les permitiría ir de figuritas atontadas. Su origen de extrarradio, las horas de formación vividas en escuelas y bloques de barrio, descampados y fábricas, asoman en esa falta de artificio de sus obras, donde no existe la pose del fotógrafo, pero tampoco la del fotografiado, tal vez porque no tratan al artista como artista, sino como persona-personaje: sus retratos humanizan a las divinidades retratadas. Importante y redundante: ellos se definen como fotógrafos no artistas, y es ahí donde hay que encontrar las claves de su trabajo. La insistencia y reiteración de su estilo no es más que una ventana abierta a la realidad más cercana, al antiglamour, donde la cámara marca distancias, y ellos, amparados en su frialdad y timidez, ven el mundo pasar con una sonrisa de escepticismo. Y con el disparo en el bolsillo.

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