PJ Harvey, 41 años, personalidad entre la timidez y el exhibicionismo, es ya un nombre clásico de nuestro tiempo. Todo parecía orgánico y desnudo en ella hasta que, de repente, tras dos décadas de carrera, nos ha servido envuelta con lazo la pócima secreta de la destrucción del ser humano en una de sus más altas cumbres, la carnicería sin anestesia que fue la I Guerra Mundial, la Gran Guerra. Respaldada por John Parish, Mick Harvey y Jean-Marc Butty, PJ se ha puesto aguda, vocalmente hablando, y descarnada en su descripción del pesimismo. En “Let England Shake” no se priva de samplear microclimas ajenos si van a favor de su discurso, y afila la pluma para componer unos textos que luego musica con emoción: “Algunos de nosotros regresaremos, y algunos de nosotros no”, canta en “In The Dark Places”.
Los episodios nacionales que han dado trascendencia histórica a este disco, su octavo LP, cautivan. Y es que “Let England Shake” retrata el paisaje que se divisa después de los restos de la batalla de una manera melancólicamente desoladora. Lo extremo de las relaciones entre personas en tiempos de guerra, el lado oscuro de la naturaleza humana, la muerte aniquilando esperanzas en la lucha del hombre contra el hombre... Se necesitan años, haber vivido intensamente, o haberse formado pacientemente en la escuela del aprendizaje y la curiosidad, para poder llegar a hacer un disco así. Y la conclusión es que este es un trabajo que no necesita de la volcánica furia de sus inicios para impresionar. Curiosamente, no es un LP incómodo a pesar de los textos, ya que el lamento y la elegía del dolor han tenido su tiempo de maceración y reposo. “Let England Shake” es un disco sereno, presentado y arreglado en un formato arrebatadoramente pop.
Este nuevo trabajo de PJ Harvey, tan relevante conceptualmente, es una nueva variante de su blues confesional, inquietante y con regusto amargo, sin rastro de Nirvana, Nick Cave o Patti Smith, como había sido evidente en otros gloriosos discos. Adiós al sexo y sus relaciones de dependencia. Bienvenida la muerte como metáfora de la vida que se pierde. La catarsis personal que han supuesto algunas de sus obras aquí se ha extendido a una catarsis universal. Continúa su voz hermosa, apasionada, quejumbrosa, profunda. Que engancha y turba. Pero ahora más matizada que nunca en un disco que crece y crece a fuerza de escucharlo. “Let England Shake” es algo serio. Como también lo son los doce vídeos que Seamus Murphy ha confeccionado con las canciones del álbum.
Hay cosas que se tienen o no se tienen. El carisma, sí; pero sobre todo el talento. El de PJ Harvey no parece al alcance de cualquiera. 