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PJ HARVEY, Poesía en escena

Polly Jean, dominando la escena con su sola presencia. Silencio sepulcral para escucharla. Máximo respeto. Foto: Miquel Taverna

 

EDIT (2017)

PJ HARVEY Poesía en escena

PJ Harvey, que actuará el próximo 23 de agosto en Barcelona (Poble Espanyol), cerró el festival literario Kosmopolis (Hall 
del CCCB, Barcelona, 26
 de marzo) con un recital de poesía a partir de “El hueco en la mano” (Sexto Piso, 2015), el libro que firmó a medias con el fotoperiodista Seamus Murphy, actual hombre de confianza de 
Polly Jean desde que la 
ayudó a documentar los preparativos del magnífico “Let England Shake” (2011) 
y filmó las evocadoras imágenes de los vídeos 
de sus canciones. Santi Carrillo explicó detalladamente la velada en esta columna.

El discurso humanista que transmiten los versos de “El hueco en la mano” (“The Hollow Of The Hand”) es fruto de la experiencia vivida por PJ Harvey sobre el terreno –estuvo con Seamus Murphy en Kosovo, Afganistán y Washington D.C. entre 2011 y 2014–, el testimonio de la realidad que, entre la descriptiva ingenuidad y la denuncia emocional, captó en sus cuadernos de viaje: “Llevo lápiz, observo lo que veo y trato de reflejarlo de un modo naíf, sin preconcepciones, mirando lo que está ante mí”, nos dijo. Estos poemas cortos fueron el esqueleto del  excelente álbum –muy Morphine, por cierto– “The Hope Six Demolition Project” (2016).

Melena larga a ambos lados, raya en medio, puntas descuidadas. Rostro presidido por la personalidad que le otorga su nariz-faro, cejas pobladas, enorme boca de labios carnosos, ojos negros con ojeras pronunciadas... Polly Jean, autoritaria, dominando la escena con su sola presencia: camisa blanca ribeteada con un amplio cuello con chorreras; entallada gabardina negra, casi capa; pantalones negros; botines negros. Silencio sepulcral para escucharla. Máximo respeto.

Arrancó con cinco de los ocho poemas del capítulo dedicado a Kosovo: “On A Dirt Road”, “The Abandoned Village”, “Chain Of Keys”, “Dance On The Mountain” (entre la furia y la turbación en su conclusión) y “Where It Begins”. Y continuó con diez de los dieciséis del apartado perteneciente a “Afganistán”, el trabajo de campo al que otorgó más protagonismo: “The Orange Monkey” (muy expresiva pronunciando “A happy chaos carried on”), “The Guest Room”, “Adhan” (casi musical en la segunda estrofa), “The Hand”, “The Boy” (el asco reflejado en su cara: “Past the tents through the fog and excrement”), “An Initiation” (declamación a lo Patti Smith), “Charikar” (de nuevo musical en la primera estrofa), “The Glass” (remarcando el acento extranjero al pronunciar “dollar, dollar” y alterando el ánimo al final), “Talking To Dog” (¡¡¡el único fallo de memoria!!!: modificó “I saw this city built” por “I saw this palace built”, línea que se repite en la última estrofa) y “Begging Bowl”.

 
PJ HARVEY, Poesía en escena

No leyó ni una sola vez sus papeles, que soportaba como apoyo indirecto a la lectura. Foto: Miquel Taverna

 

Parones ceremoniosos entre sus poemas, respirando, reposando ligeramente. Tras el último, bebió agua y presentó la parte de Washington D.C.: “Muchas de las decisiones que se toman en Kosovo y Afganistán están influenciadas por lo que se decide en Washington D.C. Cuando fuimos allí intentamos aproximarnos con una mente abierta para documentar lo que pudiésemos ver, simplemente. Me sorprendió toparme con imágenes similares a las que ya había registrado en mis notas en los otros viajes. En las zonas más pobres de Washington también había perros y mendigos. Intenté buscar las similitudes en vez de evitarlas”. Pero de los diez poemas impresos en “El hueco en la mano” sobre la capital del mundo, solo recitó cuatro: “‘African Voices’”, “To The Oldest Homo Sapiens”, “On The Corner Of 1st And D” (casi cantando en “spare some change, spare some change...”) y “Medicinals” (en el verso “say the little bluestem grasses” dudó y repitió la frase).

Volvió a beber agua y acabó con unos fragmentos de su nueva colección, todavía no publicada, titulada “The Forest” y centrada alrededor de una granja y un bosque: fogonazos entre el naturalismo y lo gótico. En este bonus track se mostró más suelta, casi como si se tratase de un directo con música. En la despedida, forzó la voz estentóreamente al declamar un “Love me tender” suplicado por un joven soldado moribundo en el poema “Cosas que encontré en el bosque, 3 de abril”.

En los casi 35 minutos que estuvo sobre la tarima no leyó ni una sola vez sus papeles, que soportaba como apoyo indirecto a la lectura. Setecientas personas en el Hall más ciento ochenta en el Auditori siguiendo el acto a través de una pantalla. Después, más de una hora firmando libros ante una cola eterna. Volverá el 23 de agosto a Barcelona, al Poble Espanyol, pero esta vez para ofrecernos uno (otro) de sus imprescindibles conciertos. PJ Harvey, estrella inteligente, inquieta, reflexiva; la más grande de su generación.

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