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PRINCE, La historia de un concierto imposible

En su memorable concierto de Dortmund del 9 de septiembre de 1988, sorprendentemente retransmitido por TVE.

 

FREESTYLE (1988)

PRINCE La historia de un concierto imposible

Prince actuó en España tres veces, la primera en 1990 (Madrid, Valencia, Barcelona, Marbella y A Coruña). Pero dos años antes, en septiembre de 1988, existió la posibilidad real de que tocara en Madrid en una fiesta sorpresa que levantó mucha expectación dada su gran popularidad en nuestro país en aquella época. Santi Carrillo explicó en este artículo todo el proceso de dimes y diretes que envolvieron en polémica el frustrado concierto (con cruces de declaraciones entre la promotora Gay and Co., la discográfica WEA, la discoteca Oh Madrid y TVE), cuya entrada podía haber costado 10.000 pesetas (lo nunca visto hasta entonces por aquí).

El concierto que pudo ser –varias veces, repetidas veces– y no fue. Pero existe, y para siempre –¡vídeo al poder!–, en el recuerdo de los que vieron por televisión su show en Dortmund del pasado 9 de septiembre y se quedaron atónitos, deslumbrados, descompuestos, desencajados, ante tanta belleza formal, informal, sexual, celestial, galáctica, eterna… Prince, el único capaz de inventar una concepción escénica diferente al ritual desgastador del rock como cliché inamovible. Esta es la historia de por qué no pudimos verlo en España.

Contrariamente a lo que anunciaron este verano la mayoría de los medios de comunicación –incluido Rockdelux en su número 44–, Prince no tocó finalmente en España durante el pasado mes de septiembre. A lo largo de 15 días del mes de agosto existieron posibilidades contrastadas de que Prince actuase por vez primera en nuestro país, o bien en Madrid, o bien en Barcelona. Según informa Gay and Co., la promotora de conciertos encargada de realizar la gestión, los representantes del artista solicitaron en un principio la viabilidad de tres recintos posibles –cubierto, al aire libre y discoteca–, pero, según la compañía de discos WEA, la indisponibilidad de encontrar un local cerrado –condición prioritaria para la escenificación circular de su “Lovesexy 88”– que pudiese albergar el montaje técnico del show con garantías y en condiciones invalidó el desarrollo de la gestión. Aunque se ha comentado que el no definitivo vino dado por la incapacidad de un local para sostener los artefactos que pendían del techo, lo cierto es que no solo fue eso, también influyó la falta de altura y la carencia de un espacio adecuado y reglamentario para habilitar todo el despliegue escénico, al igual que la falta de resistencia del suelo a las plataformas que sostenían el grueso de la parafernalia. Tal y como se planteó en Irlanda –y luego se desestimó–, se sugirió la posibilidad de realizar el show con media producción, pero finalmente también fue desechada esta propuesta. Por ambas partes –Gay y representantes de Prince–, se acordó reanudar las conversaciones en 1989, quedando en el aire una más que probable venida de Prince a España para la próxima temporada.

Pero cuando la negativa adquiría visos de oficialidad en los medios de comunicación diarios, inesperadamente surgió la contradictoria noticia de un surprise party de Prince en la capital de España, en la discoteca Oh Madrid, que volvió a reactivar el tema ante la sorpresa y la confusión de todos. Los hechos se desarrollaron así: el martes 6 de septiembre, Prince debía actuar en Roma, penúltima escala de su gira europea. Pero desde el viernes 2 empezó a correr el insistente rumor de que los permisos legales para consentir el concierto no llegaban ante la incapacidad manifiesta del local para albergar con seguridad el espectáculo; idéntico caso al de España, solo que en Roma la actuación sí se había programado y las entradas habían sido puestas a la venta y estaban agotadas. El domingo 4 por la noche se recibió una llamada en Gay confirmando que Roma no era posible y sugiriendo la posibilidad de llenar esos cinco días de impasse –hasta el concierto de Dortmund, punto final de la gira europea– participando en un press party en España, quizá como compensación a su no venida ante las muchas muestras de afecto recibidas. Se apuntó la posibilidad de una fiesta en la discoteca Oh Madrid. De hecho, según responsables del club, Prince era un artista con el que ya se habían hecho gestiones para la celebración del quinto aniversario de Oh Madrid; onomástica que se cumplía por esas fechas.

 
PRINCE, La historia de un concierto imposible

En 1988, Prince era el único capaz de inventar una concepción escénica diferente al ritual desgastador del rock como cliché.

 

A partir de aquí el proceso negociador se canalizó a través de la discoteca y al margen de la compañía de discos, aunque, según WEA, ellos siempre estuvieron al corriente de los pasos dados. No existía, por supuesto, ningún contrato, ya que todo se había pactado por teléfono, muy precipitadamente –de ahí que la posterior noticia que incidía en la demanda de Oh Madrid a Gay and Co. como responsables de la desafortunada gestión no pueda ser tenida en cuenta–, aprovechando una oportunidad única que venía dada por un cúmulo de casualidades que nacían de la circunstancia de que la discoteca –según sus responsables– está especializada en fiestas privadas y en el trato con mánagers y artistas a su paso por España. Tal es así que, por ejemplo, Pink Floyd, tras su concierto multitudinario en la capital el pasado 22 de julio, ofrecieron un set privado en Oh Madrid a altas horas de la madrugada y con canciones de Stevie Wonder.

Por obvias razones de infraestructura, el supuesto concierto no hubiese acogido el despliegue técnico de su show: Prince y su banda tocando –lisa y llanamente– un repertorio de versiones de James Brown, Aretha Franklin y otros clásicos del soul, algo que acostumbra a hacer en clubes privados tras sus megaespectáculos –tal fue el caso de París, ya comentado en estas páginas (ver Rockdelux 44)–. La capacidad pública de la sala es de 1.000 personas, de las cuales unas 800 ya habían sido invitadas por la dirección de la discoteca: preferentemente medios de comunicación, pero también, y según Marcos Calvo –director musical de la sala–, se habían atendido llamadas de la Casa Real (“¿quién iba a asistir? Probablemente, el Príncipe”) y de los Ministerios de Justicia e Interior (“con toda seguridad, eran invitaciones para hijos de ministros”) y del Alcalde de Madrid, entre otras personalidades.

Hasta 1.000, el resto de las supuestas entradas –unas 150 o 200, y no las 500 de las que se había hablado en un principio, ya que la demanda de invitaciones de “gente bien relacionada” superó las previsiones iniciales– iban a ser puestas a la venta al desorbitado precio de 10.000 pesetas –lo que hubiese supuesto el récord en la historia de los conciertos de rock en España– entre “gente selecta afín a la sala”. Según comentarios lanzados desde WEA, no se entiende muy bien ese interés por poner un precio tan abusivo –aunque el taquillaje fuese mínimo y aunque observar a Prince en unas condiciones tan favorables pueda encarecer sensiblemente cualquier previsión– cuando, además, Prince no suele cobrar en esas apariciones estelares y, por supuesto, no deja que cobren. Pese a que habían surgido cifras al respecto, no es cierto que Prince pretendiese llevarse 50 millones de pesetas por hacer acto de presencia en Oh Madrid. Según Marcos Calvo: “Solo había que responsabilizarse de los gastos de desplazamiento desde Roma y de la estancia de toda la troupe en el Hotel Ritz”.

Pero las reservas que muchos tenían a dar fiabilidad a la noticia –y a pesar de que Radio 3 la ratificó a media tarde– se evidenció a las 9 de la noche del mismo lunes, horas después de que en las oficinas de Gay se recibiese un télex confirmándolo todo. Prince, inesperadamente, dejó a su banda en Roma y tomó un avión con destino a Londres. Se rompió así cualquier posibilidad de venida a Madrid. Empezó a circular el rumor de “montaje publicitario promovido por la discoteca”, pero lo cierto es que solo cabe achacarle la negativa a lo imprevisible del carácter de Prince, tal y como queda demostrado en la llamada que se recibió en las oficinas de Gay del agente de Prince –en Miami en esos instantes– cinco minutos antes de tomar un avión –con el equipaje ya embarcado– con destino a Madrid vía Nueva York para asistir al día siguiente a la cita madrileña.

 
PRINCE, La historia de un concierto imposible

El show televisivo de Prince nos dejó atónitos, deslumbrados, descompuestos, desencajados...

 

No debe extrañar el hecho de una actuación semejante cuando en Londres, con todas las entradas vendidas, suspendió uno de los conciertos programados a raíz del éxito de sus primeras actuaciones.

Marcos Calvo, por su parte, acusa a la compañía de discos WEA y a TVE de la incomparecencia de Prince en Oh Madrid. Asegura que “el mánager personal de Prince recibió presiones desde España por dos motivos claros: 1) A WEA no le interesaba que Prince viniese a España la misma noche que Miguel Bosé, su artista nacional número uno, se presentaba en la plaza de toros; eso podía hacer desviar la atención informativa. 2) A TVE no le interesaba la actuación para no quitarse méritos ante la retransmisión que tres días después debía efectuar desde Dortmund; además, se ha de tener en cuenta que no estaba prohibido asistir al concierto con cámaras, por lo que cualquiera –incluida TV3, por ejemplo– podía presentarse y filmar imágenes de lo que allí aconteciese".

En WEA ni quieren considerar un comentario que ellos interpretan infundado y poco afortunado. Las 22.000 entradas del concierto de Bosé estaban agotadas con anterioridad, por lo que –según WEA– parecía poco probable que Prince pudiese afectar negativamente al espectáculo de la plaza de toros, teniendo en cuenta, además, que Bosé empezaba a las 10 de la noche y Prince debía hacerlo a la 1:30 de la madrugada. Incluso se había montado un circuito para los medios de comunicación –con pequeño lunch incluido– que, para mayor comodidad, enlazaba ambos eventos. Y, apostillan, “el hecho de que Prince se presentase por primera vez en España en un local de reducido aforo tampoco debería haberse interpretado como un detalle negativo, considerando que aquello no iba a ser un concierto, sino una pequeña fiesta. Y, en cualquier caso, siempre hubiese hecho vender el nombre de Prince todavía más”.

Por lo que respecta a TVE, Fernando Salaverri –Coordinador General de Temas Musicales de RTVE– juzga fuera de tono esa interpretación, considerando que los dueños de la sala –en conversación directa con él– ya habían desechado esa idea descabellada, incluso manifestada públicamente, y, sobre todo, porque la posible repercusión periodística de la actuación en Madrid –“presencia más que actuación”, matiza– hubiese favorecido aún más la gran audiencia registrada en la retransmisión de Dortmund –un nivel del 14%–.

De cualquier modo, siempre cabe pensar que las apariciones de Prince en discotecas son secretos bien guardados que no se descubren –generalmente– hasta el preciso instante en que Prince franquea las puertas de entrada. Este, dada la repercusión pública obtenida, no iba a ser el caso. ¿Quizá fuese ese el motivo de la  ausencia? Prince voló a Londres y todo se acabó. Solo queda guardar como oro en paño la grabación televisiva de Dortmund. El vídeo pirata-oficial perfecto. Y esperar a que en 1989 sí sea posible.

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