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PULP, Tenía 15 años

La escuela de la vida de Jarvis Cocker y sus Pulp.

 

FREESTYLE (1998)

PULP Tenía 15 años

En marzo de 1998, Pulp fueron portada de Rockdelux. Editaban su disco “This Is Hardcore”. Acompañando el reportaje, se publicó esta columna de opinión de David S. Mordoh, quien documentaba las relaciones afectivas y sexuales entre hombres y mujeres desde un punto de vista muy personal y siempre en base al perverso mundo que sugieren las calenturientas letras de Jarvis Cocker.

La chica en la tienda de discos, rubia, con gafas redondas, aparentemente bien formada tras la vestimenta amplia, y con un manojo de libretas escolares aplastadas entre sus senos, pide “His 'n' Hers”, de Pulp, tal vez espoleada por la adquisición de “Different Class”. No tendrá más de 15 años. Cuando yo tenía su edad, me gustaba una chica llamada Lourdes, parecida a ella, que iba con el grupo (¡entonces salíamos en grupo!). Nuestros escarceos no se consumaron en nada particularmente reseñable, aunque recuerdo con nitidez mi fijación por ella, pese a lo poco coincidente de nuestros gustos. El tira y afloja duró todo un invierno que me tuvo carcomido, hasta que un día me levanté de la cama como el que sale de una enfermedad grave, y no la llamé nunca más: entonces me telefoneaba ella, que tan bien supo interpretar su papel de presa esquiva, casi humillándose y sin saber exactamente las causas del cambio de actitud. Yo, de hecho, tampoco las conocía hasta leer años después sobre la existencia de algo llamado desamor. Y sigo sin entender aún hoy las reglas que han de seguirse para la convivencia óptima entre una pareja heterosexual. A las mujeres no hay quien las entienda, suelo pensar a veces, pero en otras soy yo quien no se entiende a sí mismo.

 
PULP, Tenía 15 años

La historia pública de Pulp empezó con su cuarto álbum: “His 'n' Hers” (1994).

 

Después de Lourdes apareció Raquel, a quien veía cada domingo en una discoteca, con su figura altiva de austeridad provinciana. Jamás permitió siquiera que la invitase a bailar, según supe por terceros, porque teníamos la misma edad y ella buscaba a alguien un par de años mayor. A Raquel la sigo viendo por el pueblo, siempre a paso rápido cargada de bolsas, ya más encorvadita y mustia, y con dos churumbeles siguiéndola como a mamá gallina. Me pregunto qué hubiese sido de mi vida de acceder ella a aquel baile. O de seguirle el rollo a Lourdes, cuyas amplias caderas presagiaban una maternidad exhaustiva pero con poco gancho erótico pasada la treintena.

Mientras van y vienen las caras –las de entonces y las de ahora– de estas dos hembras en mi memoria, a la muchacha le han traído su CD de Pulp. Tal vez Jarvis Cocker le haga sentir y evocar la misma cantidad de sensaciones que a mí, abarcando un extensísimo campo: la primera vez que me quedé sin aliento, a los 13 años, al decirle a una chica que la adoraba; los atardeceres de septiembre con ella en la playa, sabiendo que aquello se acababa; el voluptuoso flash-back de la primera mamada; las primeras purgaciones; una mirada lanzándome el veneno de la culpabilidad –“ahora, como todos, te irás diciendo que ya me llamarás”– tras un polvo casual; mi últimamente creciente gusto por la lencería fina; o, más sencillo, el inevitable análisis diario de mi matrimonio. En cualquier caso, su inversión musical está garantizada.

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