También hoy, como hace treinta años, parece que la imaginación sobrevive a los dictados empresariales y, como en aquellos ochenta, nacen propuestas culturales al margen de las grandes líneas de negocio: hace dos meses leíamos en esta misma sección sobre la corrosiva creación de Marxophone, que viene a sumarse a otras propuestas que nacieron, precisamente, de aquellos años ochenta, como BCore, o como Kasba Music, creada en plena crisis del mercado discográfico.
Hay momentos en que parece que la globalización no ha existido y el público retrocede treinta años para decidir lo que le gusta y lo que no, al margen de grandes empresas anticulturales y de holdings de la in-comunicación. De esta manera, por encima de medios informativos y de multinacionales, y la mayoría de las veces contra ellos, el público sigue aupando a grupos independientes y alternativos (¿para cuándo La Pegatina, grupo crecido desde abajo a la izquierda, en Rockdelux?).
Con los libros he podido comprobar que sucede lo mismo. “Que pagui Pujol!”, la crónica punk de esa Barcelona de los ochenta que publiqué en noviembre de 2010, se agotó en apenas dos meses sin contar con una gran campaña publicitaria, lo que ha dado pie a que este próximo mes de marzo se pueda encontrar en las librerías la primera edición en castellano de un libro que originariamente escribí en catalán.
La gran diferencia entre aquellos jóvenes punk barceloneses de los ochenta y la juventud actual está en la toma de conciencia de los primeros, que los llevó de una visceral capacidad autodestructiva a principios de década a una radical presencia en las calles a finales de la misma, desarrollando en el camino variadas y autogestionadas formas de contracultura (radios libres, fanzines, casas ocupadas, ateneos libertarios...).
Llegó el 92 y lo borró todo de un plumazo, o mejor dicho, de un porrazo, pero nos queda Ràdio PICA, que hoy celebra treinta años desde su primera emisión, y este “Que pagui Pujol!” para recordárnoslo... 