Por desgracia, mientras el grupo pasaba de los clubes a los recintos medios, en España solo los lectores de prensa especializada se enteraron de su existencia. La edad de oro se prolongó, tras el salto a Warner, con “Green” (1988), y gracias al ligeramente inestable “Out Of Time” (1991) y al sencillo “Losing My Religion” llegó, por fin, su hora comercial en este país. Y cuando todos temblábamos y temíamos su entrega definitiva al mainstream, llegó la cumbre adulta de “Automatic For The People” (1992); de “Everybody Hurts” a “Man On The Moon”.
Luego, el fin de R.E.M. tal y como los conocíamos. Al robusto “Monster” (1994; trajo su primera, tardía, visita a España) le faltaba inspiración, y las piezas se fueron desencajando en el experimental “New Adventures In Hi-Fi” (1996), en un “Up” (1998) con acentos Beach Boys y en el desequilibradísimo “Reveal” (2001); un ciclo en el que aún, con cuentagotas, entregaron canciones dignas de ser incluidas en un greatest hits, como “Daysleeper” o “Imitation Of Life”. Pero en “Around The Sun” ya no había rastro de ellas.
Tocaron fondo pero lograron alzar el vuelo, cuatro años después, convertidos en un rejuvenecido dinosaurio de mediana edad. Un desenlace más biológico que épico para una banda que, en los noventa, contribuyó a construir, con Nirvana, un patrón despierto para el rock de gran formato, literalmente alternativo al modelo corporativo. Pero nadie es perfecto, y eso que hubo un tiempo en que esa pandilla de universitarios de Georgia parecía serlo. Sensibles, inquietos y arty, no dejaron de ser casi nunca una banda de rock’n’roll. Un grupo difícil de imitar, que apenas ha alimentado plagios y clones. Descanse en paz. 