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DAVID BOWIE, Un alienígena entre vitrinas

El abrigo que Alexander McQueen y el propio Bowie diseñaron para la portada del álbum “Earthling”, 1997. Foto: Frank W Ockenfels 3

 

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DAVID BOWIE Un alienígena entre vitrinas

Uno de los grandes acontecimientos de 2017 fue “David Bowie Is”, la monumental exposición que convirtió la vida de Bowie en pieza de museo y apuntaló su legado a partir de una barra libre de fotografías, letras manuscritas, trajes y gadgets variados que explicaron la pervivencia del mito y su impacto en la cultura popular. La muestra pudo verse en Barcelona (Museu del Disseny) desde el 25 de mayo hasta, finalmente, el 15 de octubre. David Morán habló con Geoffrey Marsh, comisario de la expo. Más información sobre “David Bowie Is”, aquí.

La culpa, una vez más, fue de Elvis Presley, héroe de infancia con el que David Bowie (1947-2016) parecía intuir algún tipo de conexión cósmica –que ambos hubiesen nacido un 8 de enero podría tener algo que ver– y culpable indirecto de que el británico se haya convertido en pieza de museo. ¿La razón? Fácil: en cuanto la exposición sobre el Rey del Rock que planeaba el museo de artes decorativas de Londres se fue al traste, el Duque Blanco dio un paso al frente para convertir su vida y su obra en objeto de adoración artística. Así que, gracias a Elvis y a unos oportunos problemas de copyright, el alien de Suburbia aterrizó el 23 de marzo de 2013 en el Victoria And Albert Museum (V&A) londinense para hacer historia y convertir en algo tangible y visualmente impactante su huella en la cultura popular.

“El problema con los músicos es que sus colecciones no suelen ser demasiado relevantes: o bien han vendido muchas cosas o está todo hecho un desastre. Con David, en cambio, fue muy diferente, ya que todo el material estaba bien documentado. Además, encajaba perfectamente en esa idea de encontrar a alguien que conjugase de forma determinante interpretación, diseño y arte”, explica Geoffrey Marsh, responsable del departamento de teatro del V&A y comisario junto con Victoria Broackes de “David Bowie Is”, exposición que desembarca en el Museu del Disseny de Barcelona el 25 de mayo, después de reunir a más de un millón y medio de visitantes a su paso por Londres, Toronto, Berlín, Chicago, París, Bolonia o Tokio, entre otras ciudades. Una oportunidad única para explorar a partir de más de trescientos objetos personales el laberíntico universo creativo del hombre que hizo y rehizo el pop a su antojo.

“La exposición es un buen reflejo de cómo funcionaba la mente de David Jones. Porque, aunque todo tenga que ver con David Bowie, no hay que olvidar que fue el ser humano el que creó al personaje y convivió con él durante más de cincuenta años”, apunta Marsh sobre una muestra que se sirve de letras de canciones, fotografías, películas, vestuarios originales y diseños de escenarios para repasar la historia de Bowie y conectar todos sus afluentes musicales, literarios y artísticos. “No es una retrospectiva ni una antología. El título, ese ‘David Bowie Is’, es una manera de decir que en realidad David Bowie es algo que nos envuelve a todos, una fuerza que nos rodea”, añade.

 
DAVID BOWIE, Un alienígena entre vitrinas

Mono de punto asimétrico, 1973. Diseñado por Kansai Yamamoto para la gira de “Aladdin Sane”.

 

En realidad, era como si Bowie supiese que antes o después toda su vida acabaría encapsulada en una vitrina, razón por la que guardó hasta sesenta y cinco mil objetos de todo tipo en un almacén de Nueva York. Letra a letra y traje a traje, empaquetó y documentó minuciosamente todos los movimientos que transformaron a un chaval espigado de Brixton en una de las personalidades más arrebatadoras y arrebatadas del pop, por lo que Marsh y Broackes no tuvieron más que llamar a la puerta y esperar a que se abriese la cueva del tesoro. La disposición, recuerda el comisario, fue total, aunque con dos condiciones: Bowie se mantendría al margen y su archivista, Sandy Hirshkowitz, debería verificar que todos los datos y fechas fueran correctos. Por lo demás, añade Marsh, tuvieron barra libre para disponer de cuanto se les antojara. Eso sí: el saxofón con el que empezó a tocar en su primera banda, The Konrads, quedó fuera de las negociaciones por su fragilidad y su alto valor sentimental (se lo regaló su padre cuando tenía 14 años), así que el visitante tiene que conformarse con una réplica.

Un detalle sin duda menor para una exposición que lo mismo exhuma trajes icónicos como el que Freddie Burretti diseñó para la gira de Ziggy Stardust de 1972 que recupera algunos títulos de su biblioteca personal; viaja del swinging London a su refugio alemán en Berlín para mostrar las llaves de su apartamento en Hauptstrasse; recorre su carrera cinematográfica, entre fotogramas de “Basquiat” (Julian Schnabel, 1996) o “El truco final (El prestigio)” (Christopher Nolan, 2006), o da buena cuenta del compromiso estético que anudó a todas y cada una de las mutaciones que se sucedieron entre “Hunky Dory” (1971) y “Scary Monsters” (1980). “Si tuviese que quedarme con solo un objeto, creo que sería el abrigo de la Union Jack que Alexander McQueen y el propio Bowie diseñaron para la portada de ‘Earthling’ (1997). Es una pieza con un simbolismo realmente especial. Además, si te acercas puedes ver que está repleta de quemaduras de cigarrillo”, explica Marsh. Otro de los objetos que mejor resumen la personalidad del artista, añade, es el test pressing del primer álbum de The Velvet Underground, que Bowie consiguió después de que Andy Warhol se lo diese a su mánager, Kenneth Pitt, antes de que llegase a las tiendas. “David siempre estaba atento, buscando algo nuevo, así que no extraña que estuviese escuchando aquellas canciones antes incluso de que se publicase el disco”, destaca. En efecto, Bowie versionó “I’m Waiting For The Man” previamente a que el LP de la banana viese la luz.

 
DAVID BOWIE, Un alienígena entre vitrinas

Collage de David Bowie con imágenes manipuladas de “El hombre que cayó a la Tierra”, 1976, a partir de fotos de David James.

 

Marsh subraya solo dos ítems, pero en realidad los impactos visuales y momentos epifánicos son infinitos. Ahí están, por ejemplo, la partitura original de “Space Oddity”; la maqueta de la fallida adaptación teatral de “1984” que inspiró “Diamond Dogs” (1974); la grabación de su alucinógena actuación en el ‘Saturday Night Live’ en 1979; los vistosos ropajes de inspiración japonesa de la gira de “Aladdin Sane” (1973); el disfraz de arlequín que se enfundó en el videoclip de “Ashes To Ashes”; el autorretrato que realizó a partir de la portada de “Heroes” (1977); una guitarra acústica que utilizó a finales de los sesenta; un buen puñado de letras manuscritas; sus canciones, que acompañan y sitúan en cada contexto al visitante a través de los auriculares...

Una cantidad apabullante de referencias, conexiones artísticas y guiños emocionales que explican sin demasiadas dificultades por qué “David Bowie Is” se ha convertido en una de las exposiciones del momento. “Creo que el éxito se debe a que es una muestra muy emotiva. La gente no se espera encontrar la letra de ‘Life On Mars?’ y, al lado, el traje azul con el que grabó el videoclip de la canción. Durante la inauguración en Londres, incluso pude ver a gente llorando”, subraya Marsh.

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