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Rebobinar no es cosa del pasado, Tristeza y confusión

En los Estados Unidos muchos jóvenes se ven obligados a reciclar los coches de sus padres, y en ellos no hay sitio para MP3s.

 

FREESTYLE (2014)

Rebobinar no es cosa del pasado Tristeza y confusión

A vueltas con la nostalgia, Jesús Llorente afina su ingenio hasta casi la depuración; la misma que se necesita para ir desprendiéndose de nuestros preciados objetos preferidos. La vida nos obliga a replantearnos con qué nos quedamos y qué desechamos. Este texto aporta un grano de arena a la tristeza y la confusión.

Resulta que el casete está de moda. Y no, no se trata de un fenómeno hipster. Está de moda de verdad de la buena. Los grupos los venden en sus conciertos. Vuelven a aparecer en las tiendas online de sellos y artistas. Y, lejos de comprarse como mero objeto de museo o por puro fetichismo, hay quien escucha cintas de principio a fin. Pronto muchos las rebobinaremos con un boli, como antaño. ¿El motivo? La crisis. En los Estados Unidos muchos jóvenes se ven obligados a reciclar los coches de sus padres, y en ellos no hay sitio para MP3s, pero sí para los recopilatorios hechos con mimo, con su cara A y su cara B. No pretendo hacer un canto a la nostalgia; se trata tan solo de una simple constatación. Gente de 35, 40 años heredando vehículos que nunca pensaron que iban a conducir. Tiene mucho que ver con esa tendencia a volver a casa de tus progenitores porque ya no puedes con el alquiler o porque te han desahuciado. De repente, regresas a ese hogar donde nunca puso la mano Ikea y donde, a partir de ahora, hay que encontrar acomodo a la pantalla de plasma, el proyector, la Thermomix –que vas a terminar de pagar en 2023–, entre la cómoda, las estanterías con libros y fascículos y un vetusto tocadiscos cubierto por un tapete: lo viejo y lo nuevo menos viejo.

El espacio es la última frontera de las colecciones de discos. Ya hablaba de ello en una columna anterior titulada “Cajas que encajan”. Las mudanzas y las exnovias filtran más que la sabiduría de tu crítico de cabecera. Es una selección a la inversa, una purga, un aprendizaje –doloroso, la mayoría de las veces– encaminado a distinguir lo esencial de lo superfluo. Nuestros discos, realmente, escriben nuestra historia, y también pueden reescribirla, como pequeños monolitos que asombren a generaciones posteriores, que querrán ubicarnos en un contexto que ya no les pertenece. Quién sabe, quizá ese “grandes éxitos” de Donovan me dure una mudanza más, pero seguro que no dos. ¿Y el cedé con extras de Morphine? Novias, mudanzas y ambientes cada vez más reducidos que nos obligan a replantearnos la situación. Ya no basta con quitarle la caja de plástico al compacto y meterlo en un sobre transparente. Eliminar las jewel boxes es una solución pasajera; el dilema va mucho más allá. El vinilo (¡vaya con los 180 gramos de muchos de ellos!) pesa y ocupa unos centímetros cúbicos imprescindibles si quieres mantener una colección cuidada. Los 10” son un engorro porque encajan mal en casi cualquier rincón. Y de vez en cuando piensas: ¿Adónde irá a parar todo cuando yo desaparezca? ¿Quién va a heredarlo y, si es posible, custodiarlo con esmero? Los sucesivos traslados son como matrioskas que vas dejando en el camino hasta –se supone– quedarte con lo básico. Al final podríamos acabar en la clásica isla desierta, con lo imprescindible: la antología mermada que ni siquiera cabe en un hotel-cápsula de Tokio.

 
Rebobinar no es cosa del pasado, Tristeza y confusión

“Carmen, tal vez no te acuerdes de mí, soy el que te dio un poco la paliza en Nerja”.

 

Hace unos días, al pasar junto a un contenedor, vi un inusual montón de basura. Había libros viejos, juguetes rotos, recuerdos de los que alguien había decidido desprenderse. Entre los desechos había un puñado de postales, algunas con matasellos de 1973. Por supuesto, las rescaté. Luego las leí de un tirón. Carmen, tal vez no te acuerdes de mí, soy el que te dio un poco la paliza en Nerja. Por aquí todo es muy bonito. “Como ves, te echo mucho de menos. “Ojalá estuvieses conmigo en el chiringuito. “El verano ha sido demasiado corto. ¿Adónde han ido a parar aquellos anhelos, aquellos amores? ¿Quien arrastró esto al vertedero era la misma Carmen que recibía las postales y las declaraciones de amor, o alguien para quien ya no significaba nada? ¿Ha tenido algo que ver la muerte? Y en cada anverso, imágenes inconexas, casi siempre neutras, de lugares de vacaciones, edificios anodinos, playas que desconocían si algún día merecerían una bandera azul. Un pasado que no me concierne porque jamás fue mío. Esas palabras, esos deseos, por huecos que suenen hoy, significaron algo para el remitente y el destinatario. Promesas de un futuro mejor. Un destello parpadeante. Ahora son trozos rectangulares de cartón, doblados y con los extremos erosionados, que, por arte de magia, aparecen en este texto para aportar un grano de arena a la tristeza y la confusión. Fósiles, sí, pero también todo un yacimiento.

Publicado en la web de Rockdelux el 8/7/2014
Etiquetas: 2010s, 2014, sociedad
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