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Recuerdos, Fuimos felices aunque ya no me acuerde

Bailando los hits de los ochenta en el gran reencuentro final.

 

CAÍDA LIBRE (2011)

Recuerdos Fuimos felices aunque ya no me acuerde

Segunda columna de opinión de Jesús Llorente. Y no nos sorprende comprobar que persiste en su empeño de despeñarse progresivamente en la gran caída final. ¿La excusa? Esta vez, el reencuentro de ex alumnos como experiencia traumática y deliberadamente insatisfactoria. Todo tiempo pasado puede parecer mejor desde un presente cruel con vistas a la adolescencia.

Lo había visto en muchas películas norteamericanas. El instituto celebra una fiesta llamada “Clase del 56”, o “del 67”, o del “72”, y en ella se reúnen los ex alumnos y alumnas algunos años después de haber dejado las aulas y haberse olvidado por completo los unos de los otros. Los profesores quieren sentirse orgullosos de aquella semilla que plantaron tiempo atrás en los cerebros de un montón de adolescentes con las hormonas alteradas. Los ahora adultos se enfrentan a un examen para el que no estaban preparados: sea como sea, quedar bien, dar a entender que todo nos ha marchado de maravilla. Que nos hemos convertido en aquellos “hombres y mujeres del mañana” en los que tantas esperanzas y planes de estudio se depositaron, aunque a lo máximo que hayamos llegado sea a diseñar páginas web o hacer de animador cultural en ferias y fiestas de pueblo.

No pensé que asistiría jamás a una reunión semejante. Pero hace dos meses me llamaron y, ante mi sorpresa, acepté. Los chicos y chicas que alborotaron las clases de 3º de BUP en un instituto de provincias eran ahora jóvenes sin pasión alguna por la vida, por sus vidas. Hemos cambiado, todos hemos cambiado. Javier es ahora funcionario. Juan, el delegado, trabaja en un banco de gerente. Victoria es marchante de arte y odia a su marido, y nos lo hace saber a todos los presentes (incluido el marido). Carlos hace méritos en un periódico deportivo. Los atletas han echado tripa, úlceras y canas. Beto publicó un libro que no tuvo éxito, y varios compañeros han muerto en accidentes de coche o sobredosis. Carmen sigue siendo la más guapa de la clase, a pesar de dos abortos y cien mil tranquilizantes. Cuando bailamos los hits de los ochenta –Wham!, Culture Club, The Cure, Depeche Mode, U2 y los Blow Monkeys–, parecemos los personajes de “El baile de la vida” del pintor noruego Edvard Munch, con nuestros fantasmagóricos rostros y nuestra soledad encubierta.

 
Recuerdos, Fuimos felices aunque ya no me acuerde

Una fiesta de ex alumnos cualquiera (con perdón).

 

Sé que fuimos felices aunque ya no me acuerde, que compartimos suspensos, notables, litronas, charlas sobre sexo, odios encarnizados en el recreo y mucha camaradería. Que cuando queríamos ser profesores, astronautas, futbolistas y escritores lo decíamos en serio. Ha pasado más de una década y todavía subsisten algunas rencillas. Aquel que no te dejó sus apuntes, aquella que no quiso darte un beso, el profesor que la tomó contigo, los amigos que dejaron morir vuestra amistad. La lista tiene nombres y apellidos, pero ya nadie la pasa a primera hora de la mañana. Hay pocas ausencias, todas justificadas. No hay forma de saber si nuestras vidas han llegado ya a la cima, o si en la bajada vamos a despeñarnos (abandonados por los sherpas que nos ayudaron a subir) y a tragar fango, nieve y rocas.

Arriba queda nuestra bonita bandera, unas huellas de pasos que borrará el tiempo y todos aquellos que nos dieron por desaparecidos diciendo ¡Tan alto había llegado!. Ideas como esas le invaden a uno cuando pasea por un patio en el que ya no reconoce las pintadas, signo inequívoco de que se ha hecho mayor. Y eso me basta para pensar que ya no somos los mismos que hablaban en fiestas de cumpleaños y bares humeantes del amor, de la muerte; de todo, de cosas, de nada. Los mismos que con el indescriptible encanto de la juventud veían el futuro como un largo viaje con todos los gastos pagados: unos buscando algo que nunca llega, y otros sin querer enfrentarse a un Dios desconocido que crea primero el mundo y luego puede destruirlo.

Publicado en la web de Rockdelux el 8/9/2011
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