Pero, por otro lado, todo ha cambiado. Soundcloud, YouTube, Tumblr, Bandcamp, Herzio y otro trillón de diferentes canales –sociales y antisociales– han transformado casi todos los aspectos de nuestra vida cotidiana en el último par de años. Y ese cambio se ha notado muchísimo más en la música. La posibilidad de tener quince megabytes de fama ahora parece más prometedora que nunca. Cada día, más canciones que tiempo para escucharlas en una vida se intercambian, se envían, se agrupan y, finalmente, se desechan. El concepto de un mundo pop totalmente democrático está muriendo tan rápido como veloz es nuestra velocidad de carga o descarga en internet. Si los fans pueden escucharlo todo, también es posible que acaben escuchando nada en particular o, al menos, nada que sea original. El hecho de que ahora una recomendación musical la haga iTunes en vez de MTV no cambia mucho las cosas, la verdad.
Dejando de lado el habitual pesimismo cultural que siempre hay, todo este tema tecnológico es fantástico. La destrucción total de fronteras entre géneros ha llevado a la creación de algunas de las canciones más increíbles, abiertas y libres de prejuicios que se han escuchado jamás. Tus raperos fardones favoritos riman sobre el último single de MGMT o de Bon Iver, grupos indies desde The xx hasta Delorean toman descaradamente rasgos de la música house o R&B de los noventa, y artistas como Brandt Brauer Frick y Elektro Guzzi (ambos ex participantes de la Academy) cierran el círculo al revisitar la estética de la música electrónica con instrumentos en vivo, que a veces incluyen orquestas enteras.
También podemos hablar de los participantes de la Academy de este año: DJ Asma, de la banda californiana de moda Nguzunguzu, fusiona el sonido del footwork de Chicago con bass luminoso y pop global; Raisa Khan, de raíces pakistaníes y alemanas, residente en Londres, produce beats para el rapero vanguardista DELS y toca acordes distorsionados en el trío de math rock Micachu & The Shapes; Xin Ge Ye Hai Ya Han, de Shanghái, trabaja con multitud de artistas, desde el maestro finlandés de jazz Jimi Tenor al pionero del dubstep Kode9. Con todo esto, uno puede preguntarse: ¿por qué toda esta gente necesita un lugar como la Academy? ¿Qué necesidad hay de coger un avión hasta Madrid si pueden viajar por todo el mundo a la velocidad del rayo gracias al ratón de su ordenador? Pues porque, como dice el gran filósofo 50 Cent: “Llega un punto en que la gente se cansa de usar la tecnología continuamente”. ¿Es Skype la panacea? Va a ser que no.