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Red Bull Music Academy, Madrid 2011

Ilustración: Paco Alcázar

 

VISTO Y NO VISTO (2012)

Red Bull Music Academy Madrid 2011

La edición de la Red Bull Music Academy que se celebró en Madrid entre octubre y noviembre de 2011 ahondó en el intercambio musical entre artistas consagrados y aspirantes a serlo. César Estabiel lo explicó aquí.

Habría que tirar de archivo para recordar un Palacio de Cibeles –hoy sede del Ayuntamiento de Madrid– tan animado desde todos sus recovecos y palcos. En un nuevo alarde de creatividad organizativa, el equipo de Red Bull Music Academy quiso dejar con buen sabor de boca a prensa e invitados como broche a la que ha sido su residencia en 2011. Y a tal fin llenó cada espacio visible desde el gran vestíbulo con un equipo preparado para la actuación. No hubo que tirar de chequera. Bastó con acudir a los alumnos que durante un mes han absorbido los conocimientos de todos los artistas consagrados que han pasado por las instalaciones creadas en el Matadero de Madrid. Unas infraestructuras que permanecerán al menos tres años. De alguna forma, Red Bull Music Academy vino para quedarse.

Fue hora y media repartida, sin pausas, en unos cinco minutos para cada uno de los quince alumnos más aventajados. Esos que un día también fueron Jamie Woon o Flying Lotus. De las miniactuaciones se pudo adivinar cierta tendencia a jugar con la voz al estilo de James Blake o a seguir creyendo en el dubstep como ejercicio de inspiradora modernidad. En definitiva, fue una hora y media que ilustró la clase de instintos que han fluido en la academia durante este tiempo.

Las noches se reservaron a una programación de conciertos que, resumiendo, fue más que notable. Los noventa tuvieron inmejorables embajadores con Global Communication; Erykah Badu y Chic se encargaron de abrir el abanico de la música negra todo lo que da de sí e incluso un poquito más, y hasta las propuestas menos cómodas supieron adaptarse al canon de lo sencillo: los beats ariscos de Byetone se hicieron para bailar y la partitura intelectual del compositor Morton Subotnick consiguió hacernos soñar. Se construyó una burbuja donde todo parecía posible. Aunque a la hora de la verdad, algunos ensayos interdisciplinares pedían más gaseosa que vino de reserva: a la sesión acomodada de RZA (Wu-Tang Clan) no le sentaron bien los audiovisuales abstractos.

 
Red Bull Music Academy, Madrid 2011

Sesenta alumnos de todas partes del mundo escucharon las historias y secretos de artistas como Erykah Badu.

 

Pero alejada del foco de lo mediático, la academia vivía su día a día. Solo el nombre convoca sentimientos encontrados. Imposible escapar del subconsciente televisivo e imaginarla a lo ‘Operación Triunfo’, como un internado donde el esfuerzo diario se vende como virtud cristiana y la competitividad es la clave para triunfar luego fuera. O, alistándonos junto a las vanguardias de los dos últimos siglos, la academia sería el enemigo a batir, la camisa de fuerza que ahoga los brotes de locura del artista indómito. La de la firma Red Bull responde a un modelo de infraestructura en la que compartir cualquier conocimiento forma la base de la capacitación. Allí, las charlas casi a diario con gigantes de la música sustituyen las lecciones y ensayos, y un estudio de grabación, el aula clásica. Sesenta alumnos de todas partes del mundo han escuchado en petit comité las historias y secretos no solo de los artistas que han pasado por los escenarios durante esos días. Productores como Tony Visconti, Gareth Jones o Andrew Weatherall también acudieron a la residencia madrileña.

Red Bull Music Academy viajará en 2012 a Nueva York para continuar –negocios aparte– con su trabajo de cantera. Como una Masia en la que se ponen todos los medios a disposición de los talentos emergentes. En el fútbol funciona. En la música deslumbra el modelo, pero aún está por comprobar si de este Disneyworld de las nuevas tendencias lo que saldrán serán genios o grandes simuladores.

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