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Revolcón municipal, No es la guerra, es la lucha de clases

Ilustración: Paco Alcázar

 

EDIT (2015)

Revolcón municipal No es la guerra, es la lucha de clases

El inédito movimiento municipalista caló y el bipartidismo se rompió. El 13 de junio de 2015 se constituyeron los nuevos ayuntamientos tras el resultado de las elecciones municipales del 24 de mayo. Elena Cabrera editorializó para Rockdelux la sensación de cambio que flotaba en el ambiente en los días sucesivos a esa ruptura política.

Xulio Ferreiro dijo, cuando aceptaba el mandato de alcalde de A Coruña, que aquel era un día alegre e histórico. Alegre e histórico, repitió varias veces, también para “una red de ciudades rebeldes”. La plaza entró en el pazo, dijo aquel alegre e histórico 13 de junio, “de donde ojalá no salga nunca más”. De Galicia a Cádiz los ayuntamientos estaban siendo tomados. La Marea Atlántica subía hasta María Pita; Martiño Noriega abría Compostela; Jorge Suárez y el común conquistaban Ferrol; Manuela Carmena rompía el feudo de la derecha en la capital; Pedro Santisteve recogía la indignación en Zaragoza; Ada Colau ganaba Barcelona, y Maria Dolors Sabater, Badalona. La espuma de esta oleada llegaba hasta la socialista Andalucía, donde “Kichi” se cantaba un sí se puede en el consistorio de Cádiz. El mapa de esta península sigue pintado de azul, pero menos.

Además, gracias al apoyo de otras muchas agrupaciones ciudadanas de confluencia se han facilitado investiduras rojas en Oviedo, Valladolid, Ciudad Real, Toledo, Castelló y Córdoba. Y así, como una ola de fuerza desmedida, la marejada de gente común llega con un discurso rebelde –los de arriba oprimen a los de abajo– que sustituye al de la casta política: derecha contra izquierda; una polaridad que pretendía hacer ver que la lucha de clases se había disuelto entre las papeletas de una urna electoral.

Marta Sanz se preguntaba en 2013 –a medio camino entre el 15-M de 2011 y el 24-M de 2015– si España tenía ganas de rebelarse o había claudicado. La autora escribía que “las revoluciones tienen más que ver con el ejercicio de la racionalidad que con el de la víscera. Porque el rencor de clase hay que servirlo frío. Sin calentones”. Y aquí tenemos la revolución, forjada en las plazas, pactada en las confluencias.

Primer día de trabajo. Ferreiro y Noriega plantan al arzobispo. Ada y Manuela van en metro a trabajar, y Joan Ribó, en bici por las calles de Valencia. Colau se baja el sueldo y sale del despacho para ayudar a parar un desahucio en Nou Barris. Santisteve crea un Observatorio de las Contratas. “Kichi” desenchufa las pantallas electrónicas de propaganda municipal, elimina los escoltas y reduce los coches oficiales. Carmena propone pasar la limpieza de los colegios de las contratas a cooperativas de madres y padres y decide ampliar en un cincuenta por ciento más el plan de Ana Botella de alimentar a domicilio a los menores de 18 años que lo necesiten.

Como es lógico, las normas, o las antinormas, del activismo no sirven para jugar a las instituciones políticas. El “en soledad nos quieren, en común nos tendrán” no funciona cuando en el trono solo cabe uno. Por ello, Manuela Carmena se desentiende de la Mesa de Coordinación de Ahora Madrid, decide unilateralmente quién es su mano derecha y medita y toma la decisión sobre cesar o no a sus concejales. En la capital, Podemos no quiere que haya “ahoras” en los barrios usando la marca que ha conquistado el Palacio de Cibeles. Asambleas de unos y círculos de otros se preguntan si acaso se habrá cambiado algo para que nada cambie.

Cuando Juan Carlos Monedero dio un paso hacia la retaguardia, advirtió que a Podemos le hacía falta recuperar “el frescor” del 15-M para ser capaz de plantar cara al PP y al PSOE, sin por ello abandonar la calle “planteando un movimiento desde abajo”. Ya oigo a Monedero contestarle a Ferreiro: “Ojo, amigo, la plaza ha tomado el pazo, pero no dejes la plaza vacía”.

Etiquetas: 2010s, 2015, política, sociedad
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