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  • “Pola X”

  • “La infancia de un líder”

El clímax absoluto: Scott Walker añadiendo sonidos a las imágenes de Leos Carax y Brady Corbet.

 

FREESTYLE (2018)

SCOTT WALKER Música incidental (V): Avant-garde de un espía

Por Remate

Una vez alejado de los hits al frente de The Walker Brothers, Scott Walker reapareció convertido en un mito y un visionario. Aparte de sus propios discos en solitario, alumbró con su talento las bandas sonoras de películas como “Pola X” y “La infancia de un líder”. Remate lo cuenta en la quinta entrega de su serie “Música incidental”, que se puede seguir aquí.

Debería hablar mucho más a mis alumnos de Scott Walker. Les hablo en todas las clases de Van Dyke Parks y de la banda sonora de “Harold And The Purple Crayon” (el siguiente capítulo de Música incidental). Y a veces de Burt Bacharach, porque así denomino alternativamente al acorde de séptima mayor, de sonido inconfundiblemente sofisticado y lounge, muy fácilmente asociable en plan sinécdoque al compositor estadounidense si has escuchado cualquiera de sus canciones. Casi todos saben quiénes son los tres (y a quienes no lo saben, se lo cuento, porque hay pocas cosas importantes en la vida y esos tres nombres propios sí lo son): la mayoría de mis pupilos son buenos músicos que quieren tener más recursos musicales (armonía + piano, principalmente) e investigar instrumentos de ruidos eternos en esa detonación de Alex Ross. 

Repito: debería hablar mucho más a mis alumnos de Scott Walker (Ohio, 1943; aunque nacionalizado británico) porque es babilónico, esencial: ha pasado por casi todos los registros formales de la música y en todos ha sido, es y será un maestro y un mito. Primero, en los mitificados años sesenta del siglo XX como una especie de espía de hits, disfrazado de trío familiar inventado, The Walker Brothers (obviamente, ya la broma consanguínea indica el norte de su brújula). Fue justo una canción de Bacharach, “Make It Easy On Yourself”, la que les permitió el definitivo gran éxito, número 1 en Gran Bretaña. Un topo increíble que salió de la madriguera y, cuando la luz lo cegó, volvió a ella a toda velocidad con las gafas puestas para no quitárselas jamás. Desde el fondo de la tierra encendió una lámpara de deslumbrante belleza decadente y se convirtió en un meteórico cantante de oscuridad fantasmagórica, un visionario y un canon de roca metamórfica para casi todos los músicos ilustres que se agarran a un micrófono y diseccionan sus almas con melodías abstractas y tempo incierto. Cuando ese hilo de wolframio (el mismo con el que ya filosofaban mis amigos PAL hace más de diez años) se quebró, hibernó durante años y años.

 
SCOTT WALKER, Música incidental (V): Avant-garde de un espía

Scott Walker, un visionario al servicio de películas que escapan del canon de la supuesta “normalidad”.

 


Su reaparición fue de película, porque incluso los discos que no son estrictamente bandas sonoras de películas sí lo son en una realidad paralela. La vida es ficción y viceversa (cualquiera puede sentir empatía). Son un cosmos único y solo descifrable desde una óptica insólita, extraterrestre aunque ultrahumanista. Una invasión marciana para regenerar la especie. Todos los conceptos básicos pueden ser discutibles sin perder la fe en las posibilidades del ser humano (desde la música). No hay una frontera entre ruido y música, pero no se trata de ruidismo. De hecho, sus partituras son muy melódicas, si bien no en un sentido clásico. El ruido más puro busca la melodía. Y la melodía más clara necesita ruido rosa, ese paradójicamente denominado white noise, para sobrevivir. 


Aparte de “The Drift” (2006), disco sobre el que ya se han dicho mil cosas y todas justificadas, es en sus bandas sonoras “oficiales” para las películas “Pola X” (Leos Carax, 1999) y “La infancia de un líder” (Brady Corbet, 2016) donde alcanza el clímax absoluto. Trepa simultáneamente por las cuerdas más atemporales y avant-garde que se puedan soñar. Hay compositores de música de cine, de aquí y de allá, que enfatizan el supuesto riesgo o estímulo del registro de las bandas sonoras en el hoy-presente en una forma que esté lejos de los clásicos violines de Hollywood, de esa parafernalia orquestal. Quizá no sea mala idea en sí. Pero Walker, entre otros y otras (Mica Levi), les contradicen con grandes dosis de talento y observación, sin renunciar a otros muchos pantones, electrónicos o más cerca del rock cuando lo requieran subjetivamente las escenas. 


El largo (aunque se hace tan corto) prólogo de “The Childhood Of A Leader” lo resume todo, comprime dúctilmente lo que va a acontecer en esta gran historia que parece hecha a la medida de Walker, clásica (de época) y absolutamente heterodoxa, inyectada de la esencia de la música compuesta por el autor: cuerdas graves polirrítmicas, silencios que te dejan sin respiración, monofonías que no echan de menos ninguna compañía que hable de modos o tonos o cualquier otra clave musical. Todos los recursos ya estaban en “Pola X”, quizá dispuestos entonces de forma menos concentrada, más dispersos, a medio camino entre el rock underground de canción y sónico (estrictamente como indica la radiografía de sus colaboradores en este proyecto, Smog y Sonic Youth, y la del propio director Leos Carax) y de una aproximación golpista a la música clásica contemporánea.

Publicado en la web de Rockdelux el 12/1/2018
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