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STROMAE, Formidable (sí), fort minable (no)

Ilustración: Sonia Pulido

 

EDIT (2014)

STROMAE Formidable (sí), fort minable (no)

Una de las sensaciones de los últimos tiempos: el belga Stromae. Con solo dos discos, el magnético Paul van Haver ha demostrado tener una fuerte personalidad y unas estupendas canciones rítmicas con varios ganchos; entre ellos, sus “juegos de palabras a lo Gainsbourg y resquicios vocales de su compatriota Brel (esas erres)”, aseguró Santi Carrillo en este laudatorio artículo.

Stromae (Paul van Haver, belga de padre ruandés, 28 años) es toda una revelación. Sobre todo, a partir del éxito viral del impactante “Formidable”, tema estrella de “Racine carrée” (2013), su segundo álbum; aunque ya con “Alors on dance”, de su primer disco, “Cheese” (2010), había conseguido ser masivo en varios países.

Con su magnética performance en el programa de televisión ‘Ce soir (ou jamais!)’, de France 2, Stromae se erigió en la estrella más radiante del pop europeo actual. Su desparpajo ante las incómodas caras de los contertulios –entre ellos, Isabella Rossellini– fue de antología: “¿Y qué os pasa a todos, que me miráis como a un mono? Ah, sí, que sois unos santos, ¡panda de simios!”, les atizó desde la letra de la ya inolvidable “Formidable”.

Pero su confirmación definitiva fue el videoclip de ese tema filmado en Bruselas (rond-point Louise) a las 8:30 de la mañana de un día lluvioso con varias cámaras ocultas y él simulando estar ebrio. Son imágenes que impactan por la incredulidad que provoca su memorable actuación: peatones asombrados ante un tipo que se tambalea y grita la canción que escucha a través de los auriculares; la mujer que le hace salir del andén antes de que llegue el tranvía; el policía declarándose fan suyo y proponiéndole acompañarlo a casa... Stromae entra definitivamente en la historia cuando, en un insospechado giro final, despide el clip sonriéndonos maliciosamente en un simpático guiño delator de su valentía y de su desfachatez.

Este vídeo, con casi sesenta millones de visitas, es, además, la prueba de un talento potencialmente mayúsculo que, por supuesto, se manifiesta en los dos discos hasta ahora publicados: irregulares, sí, pero rebosantes de momentos esplendorosos, especialmente el segundo.

Con unas letras generalmente realistas –es decir, negativas: tristes, irónicas o amargas–, en sus canciones de transversales referencias populares, no vanguardistas, aunque con puntos de fuga de inesperada distorsión, cabe de todo: electro de batalla, ligereza pop-rap, disco-funk sintetizado para la pista de baile de extrarradio, irresistible trance hortera todoterreno, bass music, pianos house-jazz, eurodisco con dispares influencias afro, trazos 80s, rumba congoleña, trap music, juegos de palabras a lo Gainsbourg y resquicios vocales de su compatriota Brel (esas erres).

De momento, el estelar Stromae (“Maestro” en verlan: argot francés que consiste en la inversión de las sílabas de una palabra) arrasa con el carisma de los verdaderamente grandes: en 2013 vendió más discos en Francia que los mismísimos Daft Punk.

Entertainer para todos los públicos y reflexivo storyteller con un punto oscuro, Stromae es, definitivamente, el personaje-artista del momento: no deberíamos perdernos su debut aquí en el próximo Primavera Sound. A descubrir o seguir absolutamente (sean ustedes adultos o adolescentes).

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