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THIS HEAT, La música de un escape de gas

Ilustración: Paco Alcázar

 

EDIT (2016)

THIS HEAT La música de un escape de gas

Esquivos y excéntricos, This Heat (1976-1982) pueden encajar en etiquetas como punk, post-punk o industrial, y resultan un ejemplo inmejorable de los modos, maneras, estéticas y texturas que asociamos a esos estilos. La reedición de su discografía completa –This Heat” (1979, LP), “Health And Efficiency” (1980, EP) y “Deceit” (1981, LP)– a principios de 2016 no hizo sino confirmar su incuestionable peso en la historia del rock de vanguardia, determinó Elías Martínez Viejo en este artículo.

“In The Beginning There Was Rhythm” (2001) es, sin duda, uno de los productos más dignos de ese confuso período de los albores de la década de 2000, cuando el espíritu del marketing turbocapitalista decidió que el post-punk bailable era la tendencia cuya energía resultaba oportuno plastificar y revender. Se trata de un recopilatorio producido con el acierto y el mimo que caracterizan a Soul Jazz, y que arroja una mirada esquiva e inconformista sobre el género. Combina llenapistas menos obvios con exabruptos de música decididamente obtusa y enemiga de la escucha fácil, entre ellas la desconcertante “24 Track Loop” de This Heat. Ni el sonido de la muerte a escala industrial ni rítmica hermética: esto suena como si alguien hubiera amplificado hasta lo imposible un grupo de gamelán balinés, lo hubiera pasado por varios cientos de efectos y luego se lo hubiera enviado para mezclar y masterizar al más destacado productor musical de Saturno.

La recuperación a cargo de Light In The Attic de su discografía oficial –”This Heat” (1979), “Deceit” (1981) y el EP “Health And Efficiency” (1980)– nos presenta una banda cuya mutabilidad facilitó que fueran relegados al olvido, aunque un rápido vistazo a los rincones menos transitados del rock nos los revela como indispensables: es difícil no ver que su inquietante sombra se ha proyectado sobre grupos básicos. Se entiende así la música inconformista de los últimos veinticinco años, representada por formaciones como Godspeed You! Black Emperor, Tortoise o Coil, o francotiradores actuales como Battles o Viet Cong.

Resulta imposible tratar de entender al grupo pasando por alto sus raíces en la virtuosa escena de rock progresivo de Canterbury (Quiet Sun, a la sazón campo de pruebas de un novato Phil Manzanera, fue el primer proyecto serio de Charles Hayward). Microescena con una potente personalidad y un sonido regional propio –un fenómeno que internet se ha encargado de erradicar–, parece improbable que el espectro de Gong o Caravan planee sobre el caso que nos ocupa, pero en la práctica esta anomalía es una de las características definitorias del grupo: mantuvieron el tono de protesta de la contracultura, con el inevitable recrudecimiento que engendró la era Thatcher, aunque sin hoscos panfletismos, y fueron asimismo capaces de dotar a su trabajo de un incuestionable halo espectral, casi espiritual, sin caer en el efectismo y la teatralidad de corte ocultista. Es un ejemplo perfecto de la música entendida como forma de articular una protesta, pero también como un grito primario o un espasmo de revuelta.

This Heat son, ante todo, una incógnita que lo poliédrico de su presentación no ayuda a esclarecer. Tan pronto pueden ofrecer baladas industriales o paseos por la abstracción seudo-ambient como coqueteos con el free jazz o el pop extrasensorial, con potentes ecos de la vanguardia teutona, de la inevitable mano negra jamaicana o de lo que años después se sanearía y –una vez convertido en un erial que algunos saquearon a voluntad– se vendería con el nombre de world music. Influencias todas ellas que hoy en día son parte del vocabulario básico del 90% de la música contemporánea, pero que suponían una verdadera rareza, y más combinadas, a finales de los años setenta.

Sin embargo, su insólita facilidad para evitar caer tanto en la experimentación autocomplaciente como en el virtuosismo gratuito produce unos discos que son antes amenas experiencias físicas que objeto de cerebrales análisis. Esto, claro, una vez repuestos del impacto que supone escuchar a una banda construir una canción a partir de una cinta manipulada y ralentizada de solos de batería o jugando a la llamada y respuesta con loops sacados de sus propias grabaciones caseras. Una escurridiza y volátil forma de trabajar que asegura que, pese a haber interactuado e incluso colaborado frecuentemente con sus contemporáneos, quedarán siempre fuera de todo, por mucho que se empeñen en encasillarlos y definirlos la industria, el marketing, las modas, y todas esas cosas que al final tan poco o nada tienen que ver con la música.

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