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Tráfico, El mito de Sísifo

Destaquemos la tolerancia de la autoridad, consciente del carácter de consumidores “recreacionales” de los miembros de un grupo.

 

FREESTYLE (2012)

Tráfico El mito de Sísifo

A raíz de los recientes ecos a favor de la legalización de las drogas y mediante una sencilla anécdota extraída de la vida real, Jesús Llorente nos habla de la futilidad de ciertas leyes que acaban siendo la pescadilla que se muerde la cola. Una historia anónima más que confirma el ritual de lo habitual en un desesperante proceso de búsqueda y captura condenado al fracaso. Legalize it!

En una carretera secundaria de Extremadura, camino de Portugal, una patrulla de la Guardia Civil hace señales a una furgoneta para que se detenga. Piden el permiso de conducir y, acto seguido, comunican que se trata de un control rutinario de estupefacientes. Los cinco músicos –pop ensoñador británico, algo entre Nick Drake y Television– que venían de dar un concierto en Cádiz se ven obligados a bajar del vehículo, y después a mostrar el contenido de sus bolsillos, carteras y chaquetas. Una de las preguntas de la Benemérita fue: ¿Consumen ustedes algún tipo de drogas?. Ante lo cual todos respondieron que no, entre sudores fríos y chupitos de saliva. Entonces comenzaron a registrar las mochilas. En la del conductor encontraron cannabis. Fue una maniobra misteriosamente hábil. De entre una docena de compartimentos dieron con el papel de fumar al primer movimiento. Luego, con una educación exquisita, pusieron sus manos en la maleta del copiloto. También en cuestión de segundos deslizaron sus dedos hacia el bolsillo –ni el más evidente, ni el más oculto– en el que llevaba restos de la cocaína consumida en los camerinos la noche anterior. Había también un kit con un pequeño espejo, un dosificador y un tubito dorado. Un guardia civil preguntó: Vaya, ¿dónde habéis comprado esto? ¡Es bastante curioso!. Otro, ya situado en el arcén, comentaba mientras lo iba oliendo: Este cannabis es bueno y fresco.

La banda al completo se había imaginado otra actitud por parte de las fuerzas del orden. Habían oído sórdidas historias, exagerados relatos sobre la brutalidad policial en nuestro país. Además, en el suyo la posesión de narcóticos se castiga severamente. Y encima se hallaban en medio de ninguna parte, donde nadie iba a tropezarse nunca con los cadáveres que ahora poblaban su imaginación.

 
Tráfico, El mito de Sísifo

“¡No crean que es lo más fuerte que hemos encontrado por estas carreteras!”, aseguraron, entre orgullosos y divertidos, los agentes.

 

No contaban, claro, con la mano izquierda y la tolerancia de la autoridad. Esta dejó de registrar la furgoneta, plenamente consciente del carácter de consumidores esporádicos y “recreacionales” de los miembros de un grupo que poco o nada más puede hacer cuando va de gira que capear el temporal físico y emocional. Dejaron maletas, cajas y bolsas sin inventariar, lugares estratégicos en los que un traficante experto hubiera ocultado su mercancía. ¡No crean que es lo más fuerte que hemos encontrado por estas carreteras!, aseguraron, entre orgullosos y divertidos. Requisaron los estupefacientes, guardándolos en un bolsillo de sus camisas. Y luego tomaron nota, en un papel arrugado, de los datos de aquellos chavales. No les pidieron que firmasen nada. Aparentemente, un día de estos les llegará una notificación con una leve sanción administrativa. El quinteto volvió a la furgoneta, y cada uno de ellos dio las gracias a los señores de verde, aliviados por no haber dado con sus huesos en el cuartelillo, agitando sus manos, diciendo adiós, hasta siempre, hasta nunca.

Cuando al fin llegaron a Oporto, pensaron en la futilidad de aquella operación, y que tendrían que buscar algún contacto en la ciudad lusa. Para entonces habrían amerizado, aterrizado, desde Marruecos, Colombia o el mismo Portugal, toneladas de todo tipo de sustancias que, previa adulteración, iban a estar en la calle esa misma noche. Quien haya visto “Traffic” sabrá a lo que me refiero. La rueda no se detiene. Sísifo es el mejor nombre posible para un camello que te vuelve a vender lo que antes te ha requisado. Y así hasta el infinito.

Publicado en la web de Rockdelux el 26/6/2012
Etiquetas: 2010s, 2012, sociedad
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