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Un día sin música (I), El IVA que va y viene

Ilustración: Laperla y Morán

 

EDIT (2015)

Un día sin música (I) El IVA que va y viene

Por primera vez desde que la cultura recibió el brutal hachazo del 21% de IVA, en julio de 2012, la música en directo cerró 2014 con cifras en verde. Un balance positivo que, sin embargo, no escondió lo evidente: el mal ya estaba hecho y urgía reducir el tramo impositivo para frenar la sangría; razones de peso para que la APM convocase para el 20 de mayo de 2015 un jornada sin música y sin conciertos. David Morán opinó al respecto en esta columna. Y más información sobre el incremento del 8% al 21% del IVA en el precio de las entradas a salas de cine, teatros, festivales musicales y conciertos, aquí.

Ahora que las elecciones empiezan a asomar la cabeza y llega el momento del puedo prometer y prometo, el IVA cultural, el mismo que durante dos años y medio ha desangrado poco a poco a la industria ante el más absoluto desprecio de quienes decidieron subirlo del 8% al 21%, vuelve a convertirse en asunto de Estado. O, mejor dicho, en materia de mercadeo electoral. Una promesa que, lo que son las cosas, empieza a cobrar forma ahora que está en juego la poltrona y no durante todo el tiempo en que la medida se ha revelado, en todos los sentidos, como una chapuza. Quizá por eso nadie acaba de creerse la voluntad de retroceder y volver a un tramo impositivo algo más razonable –el 10%, según diferentes informaciones–, una maniobra que, de confirmarse, llegaría tarde y mal, sí, pero, al mismo tiempo, en un momento de cierto optimismo para la música en directo. Y es que, por primera vez en los últimos años, la facturación de conciertos y festivales cerró temporada con cifras en verde, tal y como recoge el Anuario de la Música en Vivo de la Asociación de Promotores Musicales (APM).

Un crecimiento del 9,76% que, sin embargo, invita a un optimismo moderado y altamente matizado. Y no solo porque el balance que arroja 2014, pese a ser positivo, devuelva al sector al mismo panorama que ya tenía hace cinco años –el clásico tocar fondo para volver a subir poco a poco–, sino también porque el mal ya está hecho. Así, vemos que entre 2012 y 2013 la facturación cayó un 28,63% y la cifra de espectadores se ha reducido un 30% desde 2008, razones de peso para que la APM haya convocado para el 20 de mayo una huelga de salas cerradas. Un día sin música y sin conciertos para que el Gobierno atienda, de una vez por todas, las consideraciones de un sector cultural que, como recalcan desde la APM, representa el 4% del PIB del país.

El mal, decíamos, ya está hecho, y tras el hachazo del 21%, otro de los aspectos alarmantes que detectan desde la APM es la contracción del sector y la transformación de España en un mercado “marginal”, como apunta Jorge Cambronero, de Planet Events. Así, el menú musical es ahora más conservador, la programación en salas se ha visto seriamente perjudicada, las apuestas de riesgo son cada vez más –valga la redundancia– arriesgadas, y supuestos valores seguros como Neil Young, The Who, Fleetwood Mac o Black Sabbath pasan de largo de nuestros escenarios ante la dificultad de los promotores de cuadrar números.

Si a todo esto sumamos el canon de la SGAE, la ausencia de una Ley de Mecenazgo y unas políticas fiscales de risa –y también, dicho sea de paso, unas entradas cuyo precio a veces roza lo escandaloso–, lo que tenemos es un sector que resiste, en buena parte, gracias al músculo de los festivales, y que maniobra sobre la marcha, sin posibilidad de pensar en proyectos a largo plazo. Como señala el presidente de la Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales de España (FAPAE), Ramon Colom, “no hay dinero para nuevos proyectos y eso se notará en los próximos años”. Ahora, con las elecciones a la vuelta de la esquina, el Gobierno quizá no tenga más remedio que claudicar y renunciar a tratar la cultura a empellones, pero incluso así, con el IVA en un hipotético 10%, lo realmente importante sería que se empezasen a tomar en serio todas las manifestaciones artísticas. La cultura, esta vez sí, convertida en asunto de Estado y no en material de mercadeo político. Difícil, sí, pero por pedir que no quede.

(Se puede leer la segunda parte aquí)

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