11. Cosas positivas de ‘Operación Triunfo’: vender discos a mil pesetas: un éxito, a pesar de los agoreros de la competencia. ¿Por qué nunca se apunta la posiblidad de bajar los precios del CD? ¿Por qué los directivos de las grandes compañías, haciendo oídos sordos a la competitividad que rige sus negocios, no quieren ni oír hablar de la bajada del precio del CD, cuando, probablemente, y dejémonos de tonterías de una vez por todas, sea la única medida clara y directa para favorecer la venta (legal) de más discos? “Bajando el precio, le hacemos un favor al pirata”, dicen sin que se les caiga la cara de vergüenza.
12. A mediados de los noventa, los costes de producción cayeron, pero la codicia de las discográficas evitó que se replantease el precio de venta de los CDs. Recordemos que el CD irrrumpió en los ochenta con un PVP en las tiendas que triplicaba el del vinilo al considerarse un producto de lujo (cuando su precio de coste era muy inferior). Al contrario que otros avances tecnológicos (televisión en color, videograbadoras, videocámaras...) que progresivamente han ido abaratando su prohibitivo PVP inicial, al CD, implantado obligatoriamente en detrimento del vinilo y en contra de la economía del consumidor, nunca le afectó esa popularización de precios, manteniendo siempre un estatus al alza al que, obviamente, se acomodó la gran industria: rápidos beneficios.
13. Preocupa el papel de la SGAE como casi un gobierno en la sombra (protegido desde su soledad de ente único en la materia de gestionar el dinero de los autores), bendiciendo el consumo del triste desarrollismo español a través de las ventas millonarias de ‘Operación Triunfo’ (esto es: defendiendo su propia recaudación, un crecimiento del 6,6% respecto al año anterior; por supuesto, no la música) y, mucho más allá de sus atribuciones y competencias, intentando poner una tasa por cada CD-R vendido para tratar de compensar sus pérdidas por piratería. ¿Y qué más?
14. No menos importante: en la piratería también influye la responsabilidad de los usuarios, y aquí no parece haber signos de lucha contra la poca educación cultural, no solo musical, de la gente. En España, a la cabeza del top manta dentro de la UE junto a Grecia, no existe demasiado respeto entre la población por la propiedad intelectual, como se comprueba en las crecientes fotocopias de libros entre los estudiantes (fomentadas por sus profesores; no así, parece ser, el gusto por los propios libros). Si no se propicia el respeto por “esos activos intangibles” que son los bienes culturales, es normal que no se valore, entre otras cosas, la música. Es así como ha adquirido categoría de norma la baja calidad de los intercambios de archivos amateurs, que no suelen llegar ni al nivel de lo analógico. La calidad del sonido no le importa a nadie. Es normal: si ya no importa la música... ¿Quién se ha preocupado de ese tema, el verdadero problema? En cualquier caso, si al consumidor siempre se le ha tratado únicamente como tal, parece ahora el menos culpable en esta rueda de despropósitos.
15. ¿Existen radios que eduquen musicalmente a los jóvenes? ¿En las escuelas se fomenta una sensibilidad musical (o, más trágico, de cualquier otro tipo)? El liberal modelo de ‘Los 40’ se ha extendido como una plaga en su lucha por conseguir audiencias masivas acríticas, embrutecidas intelectualmente, desensibilizadas. La copia no es más que la clonación de lo vulgar, la representación de los valores, o de la falta de ellos, de la sociedad actual. En cualquier caso, los buenos discos no suelen encontrarse disponibles en la venta ambulante del top manta. ¿Quiere decir eso algo? “¿Te imaginas un mundo sin música?”, rezaban provocadores los afectados por la piratería en la celebración del inútil Día Sin Música. Pero el eslogan debería ser éste: “¿De qué música hablamos cuando hablamos de música?”. 