×

USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
Volando por los aires, Esto podría ser el fin

Turista que nos hace sentir menos turistas. Atención, rusos: Jesús Llorente en Moscú. Foto: Wences Lamas

 

FREESTYLE (2013)

Volando por los aires Esto podría ser el fin

Un viaje a Moscú invitado a un festival puede servirle a Jesús Llorente para dar vueltas sobre el mismo y eterno tema de siempre: la vida, la del propio Jesús, y sus circunstancias. Aquí, una tanda más de reflexiones, entre la ligereza aparente y la profundidad del fin del mundo, sobre la lealtad y los recuerdos (en este caso, los del Nasti).

Hace unas semanas viajé a Rusia invitado por el Festival Avant (celebrado del 26 al 28 de julio en el Museum Park de Moscú) para participar en su enjambre de paneles, charlas y mesas redondas... y hablar del Tanned Tin. Se supone que el evento del que sigo siendo director artístico a día de hoy ha sido una de las influencias en la creación y supervivencia de esta interesante muestra independiente, cuyo plato fuerte era una actuación de CocoRosie. Su director, Maxim Silva-Vega, es un emprendedor de ascendencia ruso-española que ha llevado a Moscú (y, a veces, a San Petersburgo) a gente como Manta Ray, Emak Bakia, Xiu Xiu, Refree (¡nada menos que tres veces!), Schwarz y hasta, por raro que parezca, La Monja Enana. Con poquísimos apoyos saca adelante un Avant que lucha contra viento y marea con las inconveniencias de un país inabarcable, donde las distancias suponen un kilométrico problema y los conflictos políticos (la libertad de expresión siempre en la picota), una continua rémora.

Hace años, Maxim, Matt Elliott y un servidor coincidimos en un Primavera Sound. Aproximadamente a las cuatro de la mañana un rezagado, solitario (sus amigos y compañeros de grupo se habían dispersado o retirado mucho antes que él) y ebrio Elliott volvía del Poble Espanyol al hotel que los tres compartíamos en el Paral·lel. En el camino, debido a la rabia de perderse en territorio desconocido y tras notar en su cuerpo el subidón del bajón, dio varios puñetazos a una pared de gotelé. Cuando llegó a la recepción, los nudillos de su mano derecha sangraban copiosamente. Al encontrarse con Maxim (que iba a pillar un vuelo tempranísimo), le preguntó si sabía en qué habitación me alojaba yo. Aquel le miró con cara de susto. No sabía que Matt necesitaba esa información para poder buscar sus pedales de efectos horas después. Y se negó a darle mi número de cuarto. Matt sabía que Max se estaba haciendo el tonto, y se enfadó; preguntó otra vez, y se enfadó todavía más. Pero cansado de los avatares de una noche tan accidentada, decidió irse a dormir.

 
Volando por los aires, Esto podría ser el fin

Jesús moldeando su espada de Damocles... antes del posible fin en un viaje de avión. Foto: Wences Lamas

 

Maxim Silva-Vega es un tipo leal y, como me contó luego por e-mail, intentaba protegerme de un bigardo de más de 1,90 con una vena hinchada en la frente y la mirada asesina. Max es fiel a sus ideas, y años después me lleva a Moscú, con todos los gastos pagados, para que sin PowerPoint ni nada que se le parezca diserte sobre la pasión y el fracaso: mis especialidades. Los festivales son como las personas: algunas se ponen una máscara horrenda para aparentar ser peores de lo que son y lograr sonar sinceras. Los festivales, como las personas, tienen la capacidad de autodestruirse. Gracias a Max conozco a periodistas muy amables que me llevan a restaurantes georgianos (dos en dos días, no está mal). Y a artistas amabilísimos que me arrastran a sitios como el bar Jean Jacques, donde coincidimos con el famoso director de cine Alexsei German Jr, borracho como un ucraniano y acompañado de damas muy pintadas y amancebados con guitarra.

Como colofón a dos días y medio que parecen haber durado un segundo o un año entero, me hacen una entrevista (ver a partir del minuto 1:40) desconcertante. Pero lo mejor del fin de semana no es el haber conocido a gente clave de la escena local que me ha tratado con más deferencia y educación de la que seguramente merezco. No, lo mejor es haberme perdido la despedida del Nasti. A casi un continente de distancia, la nada contenida clausura de la benemérita sala marcaba también el comienzo de una era. En realidad, el 99% de las personas con las que coincidí allí se miraban a los ojos buscando algo que nunca iban (íbamos) a encontrar, fuese lo que fuese. Se nos pegaban los zapatos al suelo como botellas medio llenas en la barra de la fiesta anterior. Así era nuestra sensación de permanencia. En eso consistía bailar pegados.

 
Volando por los aires, Esto podría ser el fin

El super hombre y el peque niño, o la idealización de un Jesús Llorente siempre dándole vueltas a lo suyo. Foto: Wences Lamas

 

En el avión de vuelta a casa cruzando al fin los Pirineos, temperatura exterior de menos 50 grados, a 460 kilómetros de mi destino, siento mi corazón a la misma escala que el avioncito en la pantalla de enfrente, un coloso que ocupa toda una franja verde entre Burdeos y Toulouse. Y es entonces cuando su armazón metálico lleno de vida, de promesas y de futuro, comienza a dar saltos, a frenarse, a bambolearse, a recibir golpes de viento y de tormenta. Y pienso: “En aquel Nasti ya cadáver, ¿negaste alguna vez lo evidente? ¿Pudiste explicarlo todo? ¿Fabulaste o confabulaste? ¿Pusiste allí tus primeros cuernos? ¿Te los pusieron –merecidamente– con un chico rubio y de ojos verdes? ¿Tomaste tu última raya? ¿La primera? ¿Compraste todas las intermedias?”.

Tantas preguntas sin ninguna respuesta que merezca la pena. Sí, así me sentí a veces en aquel Nasti que ya se me estaba olvidando –aunque los que han trabajado allí, con contadísimas excepciones, no se me olvidan, y les deseo lo mejor en cualquier aventura que emprendan–, subiendo y bajando en una turbulencia permanente, con la sempiterna esperanza de elevarme en algún momento, hacerme volar por los aires hacia un lugar más vivo y más seguro desde el que poder tomar un plano aéreo y dionisíaco del mundo, con sus salidas de incendios, sus extintores y sus rincones oscuros.

Publicado en la web de Rockdelux el 31/10/2013
Etiquetas: 2010s, 2013, Rusia, sociedad
FERMIN MUGURUZA, Colisión vasco-neorleana
Por Miquel Botella
Seminario punk, Posgraduado en underground
Por Eloy Fernández Porta
Glosófogos sin paladar, Transfuguismo linguístico
Por Jaime Gonzalo
VÀNOVA, Los años y los palos

FREESTYLE (2011)

VÀNOVA

Los años y los palos

Por David S. Mordoh
Los beneficios del dolor, Discos sobre la muerte
Por David S. Mordoh
KEVIN AYERS, No digas más

FREESTYLE (2013)

KEVIN AYERS

No digas más

Por Jaime Gonzalo
Los críticos, Inefables, invisibles
Por Jaime Gonzalo
PULP, Tenía 15 años

FREESTYLE (1998)

PULP

Tenía 15 años

Por David S. Mordoh
Recuerdos, Fuimos felices aunque ya no me acuerde
Por Jesús Llorente
DANIEL JOHNSTON, Triste y confundido
Por Ignacio Julià
Sin paños calientes, Confesiones (de un crítico frustrante)
Por Jesús Llorente
MORENTE, Y la voz torcida de los heterodoxos
Por Fernando Alfaro
Creem, Celulosa zombi

FREESTYLE (2017)

Creem

Celulosa zombi

Por Jaime Gonzalo
LA CASA AZUL, Arte menor en la fiesta mayor
Por Nando Cruz
PRINCE, La historia de un concierto imposible
Por Santi Carrillo
GINO PAOLI, Suena una armónica

FREESTYLE (2012)

GINO PAOLI

Suena una armónica

Por Nando Cruz
La revolución digital, El fin del mundo (conocido)
Por Ramon Llubià
Identidad y música, Reflexiones en el campus
Por Andrés García de la Riva
Humo en el agua, Milagros del rock
Por Jaime Gonzalo
Rebobinar no es cosa del pasado, Tristeza y confusión
Por Jesús Llorente
R.E.M., Nadie es perfecto

FREESTYLE (2011)

R.E.M.

Nadie es perfecto

Por Jordi Bianciotto
Secuelas del punk, Una costosa inversión
Por Jaime Gonzalo
Arriba