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ZYGMUNT BAUMAN, El sabio de la aldea líquida

El día a día inadvertido que respiramos cotidianamente: la distopía de la ciencia ficción es el diagnóstico del análisis de Bauman.

 

EDIT (2017)

ZYGMUNT BAUMAN El sabio de la aldea líquida

Publicado en el año 2000, “Modernidad líquida” exponía una serie de conclusiones sobre la decadencia del sistema ideado tras la Segunda Guerra Mundial. Su autor, Zygmunt Bauman (1925-2017), falleció a los 91 años dejando tras de sí más de sesenta libros e innumerables entrevistas donde levantaba acta notarial no de la ruina del sistema, sino de su licuado. Ramón Ayala lo despidió.

Se me permitirá la frivolidad de decir que el deceso de Zygmunt Bauman resulta especialmente penoso en un estado de las cosas donde el pensamiento es poco más que un rincón oscuro y lleno de telarañas, poblado por académicos que se miran el ombligo en una sociedad mediatizada, infantil y pop. Si Žižek abraza el pop para empujar su discurso, Bauman se apoyaba en una prosa dictada tras una humareda de tabaco de pipa bajo una apariencia frágil, con la autoridad que confiere la herida de la Historia y las consecuencias contradictorias de las afinidades ideológicas. Sea como fuere, quizá el ciudadano de a pie pueda nombrar hasta cinco filósofos mediáticos, y Bauman era uno de ellos. Probablemente la culpa la tiene su prosa límpida y transparente, sin academicismo ni oscurantismo moderno a lo Baudrillard. Podía referirse a todo: desde la crisis de los refugiados, la identidad europea, la crisis económica y las políticas de austeridad hasta al amor y las redes sociales.

Nació en Polonia, de la que escapó por su condición judía a la URSS durante la guerra. Reconoció en entrevistas haber sido miembro de comités políticos en la Polonia comunista. Una purga antisemita lo expulsó de la Universidad de Varsovia para recalar en el exilio en la de Tel Aviv. Tampoco era sionista, así que acabó viviendo y enseñando en Leeds (Reino Unido). Doctor de males sociales más que sociólogo, los suyos son los diagnósticos más acertados de la que él llamaba “modernidad líquida”.

Un retrato certero y pesimista de la crisis total del sistema de valores. Ética de la conveniencia, la moral de lo interesado, lo cambiante. La modernidad subjetiva cartesiana llevada a la abstracción total. La realidad licuada. “Nuestros acuerdos son temporales, pasajeros, solo hasta nuevo aviso”. Todo lo conocido para construir una sociedad –empleo, relaciones personales, sistemas políticos, familia, compromiso social, libertad, seguridad...–, toda identidad antes sólida, ya no lo es. La corriente de pensamiento está ahí desde Descartes, y Bauman hace la foto de su última metamorfosis.

Incluso las instituciones democráticas sufren de aluminosis en la estructura que forman sus agentes y su sistema moral. Según el pensador, las instituciones democráticas no fueron diseñadas para actuar como entes interdependientes. Así, en crisis humanitarias como las de los refugiados o debacles económicas le fallan al ciudadano y pierden la autoridad moral que se les supone. El resultado es una crisis de confianza política.

La influencia de Bauman sobre el pensamiento antiglobalización nunca será del todo ponderada. La globalización, para él, es algo más que una etiqueta: la integración sin enemigos que aglutinen un frente común contra el que luchar en la sociedad globalizada y cosmopolita. ¿Qué hacer donde nada nos une? Es nuevo y asusta. Para él, un reto aterrador.

Y con respecto a eso, en los últimos años se preguntaba por las redes sociales, pero sus conclusiones también eran oscuras. Las veía como zonas de confort, como espacios de protección del pensamiento único sin posibilidad a la disensión en el propio entorno elegido para socializar online. La red no se usa para acceder a lo nuevo, sino como espejo donde encontrar un eco de lo que ya creemos que nos representa. En términos sociales, las redes son clubes privados de gente que no disiente entre sí. No cabe enriquecerse con lo desconocido o lo diferente. Para el polaco suponía perder las habilidades del mundo offline, donde hay que construir tejido social a través de la diferencia. La red social es, sin embargo, un aplauso continuo.

La paradoja de los análisis del pensador de la pipa es que parece el telón de fondo de una obra de Ballard o de Philip K. Dick; es el día a día inadvertido que respiramos cotidianamente. La distopía de la ciencia ficción es el diagnóstico del análisis de Bauman. Vivimos en una aldea cosmopolita de certezas abolidas.

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