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ALAIN RESNAIS, Los territorios de la memoria

Resnais, con Sabine Azéma, durante el rodaje de “Las malas hierbas” (2009).

 
 

ARTÍCULO (2014)

ALAIN RESNAIS Los territorios de la memoria

Fallecido hace cuatro años, el 1 de marzo de 2014, pocos días después de presentar su último filme en el festival de Berlín, Alain Resnais (1922-2014) nos dejó una obra inabarcable, moderna, laberíntica, también muy lúdica, comprometida con su tiempo y con la evolución de un arte, el cinematográfico, que mezcló muy bien con otras disciplinas. Cineasta de la memoria, cierto, pero también de la ciencia, la ficción, el misterio y la historia. Eulàlia Iglesias y Quim Casas lo despidieron a cuatro manos.


DOCUMENTO Y FICCIÓN

¿Dónde acaba el documental en el cine de Alan Resnais y dónde empieza la ficción? El cortometraje “Guernica” (1950) muestra el lienzo panorámico de Picasso para hablarnos de la Guerra Civil española. “Hiroshima mon amour” (1959) enseña los cuerpos entrelazados de dos amantes para reflexionar sobre la contienda mundial y la atrocidad atómica. El corto es un documental. El largometraje es una ficción a partir de una realidad, pero la forma de contarnos el cuadro de Picasso puede verse también como un relato donde cada trazo es una historia inventada, del mismo modo que cada frase ideada por Marguerite Duras para los protagonistas de “Hiroshima mon amour” remite a una realidad, la de la locura bélica. Resnais-Duras, el binomio perfecto. Escribió Pierre Kast en 1959 que Duras había jugado en este filme el papel de catalizadora entre el documento y el romance, entre la ciencia y la ficción. Después, Resnais ya no necesitaría de más catalizadores.

Las fronteras genéricas se diluyen en la obra de Resnais: cine, teatro, representación, cómic, documento, recreación, fantástico –en una línea de filmación de lo invisible que lo emparenta con Jacques Rivette y Georges Franju–, drama, comedia, presente, pasado... Esa es una de las muchas cualidades del cineasta francés, compañero de viaje, y a la vez revulsivo, de la generación de la nouvelle vague.

Si Godard y compañía se formaron en las páginas de ‘Cahiers du cinéma’ y en la realización de cortometrajes de ficción, Resnais llegó al formato largo tras una depurada y no menos importante trayectoria en el corto documental. “Noche y niebla” (1956), o toda la memoria de un campo de exterminio nazi, es, sin duda, el título más conocido de esta práctica, una película que empieza en color siendo una historia de fantasmas, de los cuerpos que entonces habitaron, para restituir la memoria histórica con las imágenes de archivo en blanco y negro. Pero no son menores sus trabajos sobre pintores construidos exclusivamente con fragmentos de sus cuadros –“Van Gogh” (1948) y “Gauguin” (1950)– o el irónico “Le chant du Styrène” (1959), un documental sobre el plástico con un texto de Raymond Queneau escrito en rimas alejandrinas.


RECUERDA...

Cuando se estrenó, “Noche y niebla” era una película sin precedentes: el primer gran filme sobre el horror. En una Europa instalada en la amnesia voluntaria, Resnais trajo al frente aquellos acontecimientos que marcaron el devenir de la segunda mitad del siglo XX: la Shoah, la colonización, la bomba atómica, la Guerra Civil española, el franquismo y sus exiliados, la guerra de Argelia y sus torturados... La primera parte de la filmografía del francés encierra un constante ejercicio de memoria histórica mucho antes de que esta se volviera un tropo recurrente.

En su corto sobre la antigua Biblioteca Nacional Francesa, “Toute la mémoire du monde” (1957), Resnais aporta algunas claves sobre su temática habitual: entiende la memoria como algo eminentemente frágil y fragmentario, también como un work in progress inabarcable. Formalmente, la concibe como un laberinto sin salida: la cámara flota entre las paredes y por los pasillos de esta institución que salvaguarda “toda la memoria del mundo” como más tarde lo hará por Hiroshima o Marienbad.

A partir de “Te amo, te amo” (1968), la memoria individual cobra protagonismo por encima de la colectiva. Como en un “¡Olvídate de mí!” (Michel Gondry, 2004) avant la lettre, el protagonista viaja por sus propios recuerdos, confusos, desordenados y mutantes, de una historia de amor trágica. En “Providence” (1977) la interpretación subjetiva de los recuerdos se mezcla con la fabulación literaria. En “Mi tío de América” (1980) la memoria se analiza desde una perspectiva científica y biológica... A partir de los ochenta, este asunto pierde centralidad en la filmografía de Resnais: su carrera se mueve así desde una gravedad inicial consecuencia de asumir el peso de la Historia hacia una progresiva ligereza, que se convertirá en el tono habitual, la actitud e incluso la temática –véase “Las malas hierbas” (2009)– de sus últimos filmes.

 
ALAIN RESNAIS, Los territorios de la memoria

El más moderno de los cineastas franceses contravino la política de los autores de la “nouvelle vague” y colaboró con artistas de otras disciplinas.

 

EL CINE COMO ARTE COLABORATIVO

El más moderno de los cineastas franceses contravenía, sin embargo, la política de los autores. La práctica cinematográfica de Resnais se desmarcó de la concepción del director como creador último y único de un filme que promulgaban los futuros directores de la nouvelle vague para desplegar una serie de colaboraciones con artistas de otras disciplinas. Resnais trabajó con autores de cómic y músicos de registros varios (de Krzysztof Penderecki al televisivo Mark Snow), pero, sobre todo, desarrolló una simbiosis creativa con prestigiosos escritores.

De Jean Cayrol, el joven poeta superviviente de Mauthausen que puso texto y voz a “Noche y niebla” y escribió el guion de “Muriel” (1963), adoptó el personaje de Lázaro con el que se identificaba el propio Cayrol: aquel que ha regresado de la muerte a un tiempo presente por el que se mueve como un revenant. Junto a representantes o afines del nouveau roman como Marguerite Duras, Alain Robbe-Grillet o incluso Jorge Semprún, procedió a la desestructuración del esqueleto narrativo clásico y a la modulación de un tiempo fílmico entre la subjetividad y el extrañamiento.

Más allá del nouveau roman, también contribuyeron a su obra escritores de ciencia ficción –Jacques Sternberg en “Te amo, te amo”–, autores de cómic –Jules Feiffer en “I Want To Go Home” (1989)– o escritores de teatro de bulevar –“Mélo” (1986) se inspira en un texto de Henri Bernstein–... En la década de los noventa encontró en el teatro de Alan Ayckbourn otra inspiración para experimentar con las estructuras: así nacen la narrativa azarosa, arbórea y ad infinitum de “Smoking/No Smoking” (1993), la combinatoria de “Asuntos privados en lugares públicos” (2006) y el juego metateatral trasladado a la póstuma “Aimer, boire et chanter” (2014). Su debilidad por el mundo del teatro también se hizo patente cuando formó, a partir de los años ochenta y en torno a Sabine Azéma, su musa y segunda esposa, una troupe habitual de intérpretes: Pierre Arditi, André Dussolier, Lambert Wilson...


DE FANTÔMAS A FLOC’H

A partir de los años ochenta, la obra de Resnais gira de los complejos laberintos cerebrales que dividieron a la crítica y al público –hay quien considera “El año pasado en Marienbad” (1961) el verdadero nacimiento del cine moderno y hay quien la detesta profundamente– y de la visión de pasajes históricos –la clandestinidad de posguerra en “La guerra ha terminado” (1966), el conflicto de Argelia en “Muriel”, una estafa financiera en la Francia de 1934 en “Stavisky” (1974)– hacia la atracción de la cultura popular y el flirteo con las apariencias. No cambian las estructuras, tan alambicadas como ingrávidas, pero sí las opciones temáticas.

Resnais entra en contacto con distintos autores de cómic, una de sus artes preferidas: “La lectura de un cómic siempre me ha parecido más interesante que la lectura de una novela”, dijo en 1983. Jules Feiffer firma el guion de “I Want To Go Home”, un relato lúdico sobre la colisión entre lenguajes y culturas que se desarrolla en parte en una exposición de cómics y tiene como protagonista a Adolph Green, compositor de musicales como “Un día en Nueva York” y “Cantando bajo la lluvia”. Enki Bilal diseña los decorados que mezclan a H. P. Lovecraft y el personaje de El Príncipe Valiente de “La vie est un roman” (1983), además de dibujar algunos carteles promocionales de sus filmes. Floc’h, estilizado y anglófilo, obsesionado por el blitz y la línea clara, coincidía con Resnais en su fascinación por el cómic anglobelga de Edgar Jacobs. El dibujante se encargó de las ilustraciones preparatorias y los créditos de “Smoking/No Smoking”, así como de las siluetas recortadas de los genéricos de “On connaît la chanson” (1997).

En este último filme, con reminiscencias de Dennis Potter, desplegó Resnais una forma de musical en playback sobre temas clásicos de la chanson francesa, del mismo modo que “Pas sur la bouche” (2003) se inspira en una opereta. Aunque no lo parezca, el gusto por la cultura popular estuvo presente desde sus inicios: rodó en 1936 un corto nunca visto sobre Fantômas, fantaseó con la idea de adaptar las aventuras del mago Mandrake y llegó a escribir un guion con estética de serial sobre Harry Dickson, el detective pulp que ha transitado la novela, la radio y el cómic.

 

Cuatro piezas básicas

“Hiroshima mon amour” (1959)

Resnais colaboró con Marguerite Duras para trenzar este poema de amor y de muerte sobre las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. El peso de la historia interfiriendo en la sintonía en presente entre dos cuerpos. El cine reconociendo su incapacidad para aprehender el mundo real. Lo hemos visto todo de Hiroshima. No hemos visto nada de Hiroshima. Así nacía la consciencia de un cine moderno.

“El año pasado en Marienbad” (1961)

Escrita por Alain Robbe-Grillet e interpretada por la fascinante Delphine Seyrig, constituye una pieza de laberíntica musicalidad visual. Parte de otra memoria rota, una promesa hecha el año anterior que la protagonista no logra recordar, y es fascinante en su utilización del decorado, un hotel-castillo frío, elegante, órfico y en el fondo vampírico, arquitectura rígida y jardines de ciencia ficción.

“Providence” (1977)

Con un dream team de la interpretación británica (John Gielgud, Dirk Bogarde, David Warner...), Resnais convirtió su primera película en inglés en una obra metaficcional donde el proceso de creación literaria se funde con la catarsis de los demonios interiores y familiares del autor. Junto a la de “Las malas hierbas”, dispone de la conclusión mortuoria más hermosa del cine de Resnais.

“Smoking/No Smoking” (1993)

Los también actores Agnès Jaoui y Jean-Pierre Bacri firman la adaptación de la pieza de Ayckbourn, pero son solo los dos grandes rostros del cine de Resnais a partir de los ochenta, Azéma & Arditi, los que interpretan todos los personajes de este delicado y delicioso díptico interactivo: una mujer duda entre fumar o no hacerlo, y a partir de las dos decisiones distintas surgen dos filmes complementarios.

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