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ANDRZEJ ZULAWSKI, Querer, matar y morir

Vivir rodando.

 
 

ARTÍCULO (2016)

ANDRZEJ ZULAWSKI Querer, matar y morir

El cineasta polaco Andrzej Zulawski, uno de los autores que mejor reflejaron (de la forma más dolorosa, pero también más intensa y bella) las pulsiones de vida y muerte connaturales al romance, falleció el 17 de febrero de 2016. Entre los filmes que nos dejó, las magistrales “Lo importante es amar” y “La posesión”, variaciones distintas del triángulo amoroso condenado a arrasar con todo. Desirée de Fez lo despidió con este artículo y Quim Casas comentó sus tres mejores películas.

El año pasado se estrenaba en el festival de Locarno, a concurso en la competición oficial, “Cosmos” (2015), primera película en quince años del director polaco Andrzej Zulawski (1940-2016). Adaptación de la novela homónima de Witold Gombrowicz, sorprende por lo unida que está al impulso de la filmografía del director. No es una película senil. No es la sombra de los mejores trabajos de Zulawski. No parece la obra de un autor retirado durante más de una década. Es cierto que el humor entra en ella con un ímpetu insólito en sus películas, pero está totalmente conectada a ellas tanto a nivel temático como por su sentido trágico, su fatalidad y su histeria emocional. Es esa la esencia de su cine.

El pasado 17 de febrero fallecía, víctima de un cáncer, un autor único. Un cineasta con la habilidad de desglosar desde lo extremo, desde un lugar incómodo y oscuro (pocos han puesto en escena como él la oscuridad del alma humana), los mecanismos, los misterios y los daños de las relaciones sentimentales. Nacido en Lwów (antes Polonia, ahora Ucrania) en 1940, abandonó su país por sus desavenencias con el régimen comunista y por la imposibilidad de hacer allí el cine que quería. Rodó en casa sus dos primeros largos: “La tercera parte de la noche” (1971), sobre la ocupación nazi de su país, y “El diablo” (1972), en torno a la invasión de Polonia en 1793 por el ejército prusiano. Ninguna de las dos películas, viscerales, críticas, llenas de rabia, fueron del agrado del gobierno polaco, que prohibió la segunda. Fue motivo más que suficiente para que, a la estela de otros cineastas polacos como Roman Polanski y Jerzy Skolimowski, optara por el exilio.

Fue en Francia donde Zulawski dirigió sus dos mejores filmes: “Lo importante es amar” (1975) y “La posesión” (1981). No son sus únicas películas buenas, pero son dos obras maestras tan grandes que todo lo que vino después estaba condenado a saber a poco. El éxito y el prestigio crítico del autor fueron paulatinamente en descenso con las posteriores “La mujer pública” (1984) y “L’amour braque” (1985), pero lo cierto es que son dos cintas magníficas. Tocada por el aliento trágico de la obra del autor y su querencia por los romances a más de dos bandas, “La mujer pública” partía de la relación entre una actriz y su director para convertirse en un contundente ejercicio de metaficción, poco amable pero empeñado en ir al fondo de las cosas, en torno al lastre sentimental en los procesos creativos compartidos. “L’amour braque”, donde Zulawski dirigió por primera vez a la actriz Sophie Marceau, su pareja sentimental durante diecisiete años, es más imperfecta, pero está llena de brillos. Inspirada en “El idiota” de Dostoievski, es un noir escurridizo sobre un tema clave en la filmografía del cineasta: los celos como una especie de entidad superior con la que es absurdo intentar encararse.

Zulawski regresó a Polonia en épocas distintas para hacer sus dos películas más extrañas: la primera, directamente inabarcable, el ejercicio de ciencia ficción experimental “Na srebrnym globie” (1988); y la segunda, la historia de obsesión con delirantes fugas al terror “Szamanka” (1996). Del resto, producidas en Francia, destacan “Mis noches son más bellas que tus días” (1989) y “La fidelidad” (2000). Sobre romances extremos y tormentosos, son melodramas notables. Pero es inevitable observarlos más como variaciones de sus dos obras maestras que como obras autosuficientes.

¿Qué tenían “Lo importante es amar” y “La posesión” para arrasar con todo? Muchas cosas. Básicamente, son dos de los filmes que reflejan con más intensidad, con más rabia y más verdad las pulsiones de vida y muerte connaturales al romance. Son películas distintas. Sobre la relación entre una actriz en crisis (Romy Schneider), su esposo (Jacques Dutronc) y el fotógrafo que se enamora de ella (Fabio Testi), la primera es un melodrama. La segunda, aunque el cineasta apueste en ella por la hibridación, es una película de terror con una soberbia Isabelle Adjani literalmente poseída por algo que la devora por dentro. Sin embargo, pese a las diferencias de género y argumentales, las dos giran en torno a triángulos sentimentales extremos. Histéricos, autodestructivos, nocivos para el otro y con las mismas ganas de vivir intensamente que de morirse, los personajes de “Lo importante es amar” actúan como si fueran monstruos porque no saben gestionar el afecto. En “La posesión” es el monstruo, representación metafórica y alternante de la pasión y el desencanto, quien se mete en medio de la pareja para recordarles que no saben hacerlo. Desirée de Fez

 

Tres películas, tres rostros

“Lo importante es amar” (1975)

Filme esencial en la cinefilia de los setenta, narra una historia de amor devastadora en la que la cámara se agita hasta la hipersensibilidad y los actores desbordan los personajes. Si hacemos caso a Jean-Luc Godard cuando decía que toda película es un documento sobre sus actores, la primera cinta francesa de Zulawski es un gran documento de Romy Schneider, cuyas cicatrices interiores y exteriores enriquecen al personaje.

“La posesión” (1981)

Epifanía del cine fantástico de autor europeo. La gélida fotografía de Bruno Nuytten, protegido de Marguerite Duras y entonces compañero sentimental de Isabelle Adjani, y la imagen hierática de esta actriz en el mejor momento de su carrera (“Nosferatu”, “Driver”) son elementos primordiales en este relato sobre una posesión tan real como abstracta. La secuencia en el túnel del metro sigue siendo muy perturbadora.

“La mujer pública” (1984)

Tras trabajar con dos actrices consagradas, Schneider y Adjani, y antes de conocer a Sophie Marceau, Zulawski modeló a Valérie Kaprisky, entonces con 21 años. De nuevo la actriz y su geografía particular –un “acto de intensidad alucinante”, en palabras del director Paulino Viota– devoran al propio personaje hasta confundir documento y ficción. Zulawski nunca superó la secuencia de la sesión fotográfica de este filme. Quim Casas

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