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APICHATPONG WEERASETHAKUL, Partículas de polvo en un vaso de agua

El tailandés es uno de los cineastas clave del nuevo siglo.

Foto: Pascal Della Zuana

 
 

ENTREVISTA (2010)

APICHATPONG WEERASETHAKUL Partículas de polvo en un vaso de agua

Apichatpong Weerasethakul (Bangkok, 1970) es uno de los cineastas referenciales del siglo XXI. El director tailandés fue galardonado en 2010 con la Palma de Oro en Cannes y con el premio de la crítica en Sitges por “Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas”, una película de fantasmas que no parece de este mundo. Eulàlia Iglesias habló con él del filme y de su manera de entender el cine.

El entonces impronunciable nombre de Apichatpong Weerasethakul (Bangkok, 1970) comenzó a sonar a principios del siglo XXI, cuando el cine asiático vivía ese boom que facilitó que nos familiarizáramos con cinematografías tan ignotas como la tailandesa. Con seis largometrajes y unos cuantos cortos a sus espaldas, y la moda del cine oriental temperada, Weerasethakul recibe ahora el reconocimiento merecido. Tras títulos supremos como “Blissfully Yours” (2002), “Tropical Malady” (2004), el único que se había estrenado comercialmente en nuestro país hasta el momento, y “Syndromes And A Century” (2006), “Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas”, ligada a la instalación “Primitive”, no hace más que confirmar al tailandés como uno de los cineastas clave del nuevo siglo.

¿Por qué decidiste dedicarte al cine? No resulto muy bueno escribiendo y soy demasiado tímido para dar conferencias en público, así que el cine es la herramienta que utilizo para expresarme. Me sirve para conectarme con el mundo, pero también como una suerte de escudo que me protege del exterior. Si ahora me pusieras tal cual delante de un auditorio y tuviera que hablar durante largo tiempo, me moriría. Sin embargo, si me dieras una cámara, todo cambiaría. La cámara de cine sería mi manera de relacionarme con los demás, mis ojos. En “Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas” le sucede una cosa bastante parecida al niño que se transforma en mono fantasma: la fotografía se convierte en su manera de vivir el universo.

“Para mí el cine, el celuloide, está relacionado con los recuerdos, con la memoria, por lo que necesita su propio tiempo y proceso. Es como un vaso de agua lleno de partículas de polvo que van sedimentándose poco a poco en el fondo. El cine es así, primero ruedas, después lo revelas... todo es muy químico. Esta es la manera de capturar el pasado”

Cuando el mono fantasma cuenta esa historia, explica que la fotografía le permite revelar una realidad que no veía a simple vista. ¿Prefieres rodar en celuloide por alguna cuestión parecida? Depende. En los cortos que realicé para la instalación “Primitive” trabajé con una cámara digital porque resultaba más adecuado: facilita rodar con más espontaneidad ya que requiere menos equipo. Me permitió quedarme en el pueblo el tiempo que creí necesario. Pero para mí el cine, el celuloide, está relacionado con los recuerdos, con la memoria, por lo que necesita su propio tiempo y proceso. Es como un vaso de agua lleno de partículas de polvo que van sedimentándose poco a poco en el fondo. El cine es así, primero ruedas, después lo revelas... todo es muy químico. Esta es la manera de capturar el pasado. El vídeo es otra cosa, es para el presente.

¿Cuál es el origen de “Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas”? Rodaste un cortometraje anterior que se llama “A Letter To Uncle Boonmee” (2009)... Todo empezó con este proyecto artístico que me encargaron, “Primitive”, que me permitió explorar la región del noreste de Tailandia donde crecí. En mis películas anteriores las localizaciones siempre habían sido anónimas. Se podía deducir que se trataba de una zona rural y fronteriza, pero no se concretaba nada más. Necesitaba volver allí y llevar a cabo un trabajo más explícito sobre el pasado y el presente de la zona. El cortometraje “A Letter To Uncle Boonmee” me sirvió para situarme en el paisaje, la arquitectura y la narrativa del largo. Lo considero como una especie de prólogo a la película ya que ayuda a entenderla.

¿Es cierto que cada segmento del filme corresponde a algún estilo de audiovisual o narrativa típica de tu país que querías homenajear? Hay una historia universal del cine que todos compartimos, así que las referencias que pueda haber hecho al audiovisual de mi país resultan menos peculiares de lo que podría parecer. Tailandia también ha recibido mucha influencia de los medios occidentales, sobre todo de los norteamericanos. ¡Incluso tuvimos nuestra propia versión del cine “blaxploitation”! Pero los presupuestos de las películas tailandesas eran mucho más bajos, lo que hacía que todo fuera muy informal y el tiempo narrativo, más lento. Este es un elemento que echo mucho en falta. Además, los cómics de la época reflejaban nuestra creencia en la coexistencia de los seres humanos con los fantasmas y los espíritus, algo muy habitual entonces. En “Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas” no pretendía tanto homenajear algún género en concreto sino todo este tipo de cine y televisión en particular, a través del uso de la luz y del trabajo de los intérpretes. Las series de televisión tailandesas de mi infancia se rodaban en 16 mm y con luz directa. Los actores repetían mecánicamente los diálogos que les indicaban. Los monstruos llevaban trajes baratos que se disimulaban manteniéndolos en la oscuridad. Por eso se les añadían unos ojos rojos, así los espectadores podían distinguirlos entre las tinieblas...

 
APICHATPONG WEERASETHAKUL, Partículas de polvo en un vaso de agua

Apichatpong, en acción.

 

No trabajas con bandas sonoras convencionales, pero en toda tu filmografía resulta apasionante el trabajo con el sonido: la combinación de los ruidos de la selva, los diálogos, esos extraños ecos, las canciones populares... El sonido me vuelve loco. Para mí es igual de importante que la imagen. En una película como “Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas”, el público tiene que notar la presencia y la ausencia de los seres vivos que hay en la selva. Por eso se oyen los pájaros o los insectos. Aunque no aparezcan en la pantalla, debemos mostrar que están allí. Me preocupaba mucho diseñar una banda de sonido especialmente rica.

“Hacer lo que podríamos llamar ‘cine de autor’ puede resultar muy delicado. Incluso yo a veces me aburro viendo alguna película de arte y ensayo, sobre todo cuando noto que el director se sitúa por encima del espectador. Para mí se trata de encontrar cierto equilibrio, no mirar al espectador por encima del hombro sino situarme a su nivel, pero sin dejar de ser yo mismo. El humor me sirve para eso”

Aunque “Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas” no sea una película política, los ecos de la situación en Tailandia se hacen sentir a través de toda esa serie de imágenes fijas de soldados. En mis películas anteriores había explorado asuntos más íntimos y autobiográficos, experiencias personales que conocía bien: la historia de mis padres en “Syndromes And A Century”, mi enamoramiento en “Tropical Malady”... Pero esta película trata más del paisaje, de una región en particular, ni tan siquiera Uncle Boonmee es el protagonista principal. Por eso resultaba necesario tratar algunos aspectos históricos que afectaron a la zona. De hecho, la instalación “Primitive” está todavía mucho más centrada en el aspecto político y esas fotos que aparecen en la película provienen de allí.

En la mayoría de tus películas, encontramos un curioso sentido del humor, una comicidad nada explícita, que no suele destacarse demasiado. En “Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas”, por ejemplo, el segmento final me parece muy irónico, como si jugara la función de rebajar la trascendencia del filme. Creo que todas las películas deben tener su personalidad y el humor debe jugar un papel imprescindible en ello. Hacer lo que podríamos llamar “cine de autor” puede resultar muy delicado. Incluso yo a veces me aburro viendo alguna película de arte y ensayo, sobre todo cuando noto que el director se sitúa por encima del espectador. Para mí se trata de encontrar cierto equilibrio, no mirar al espectador por encima del hombro sino situarme a su nivel, pero sin dejar de ser yo mismo. El humor me sirve para eso, aunque tengo que confesar que no me funciona con todos los públicos.

¿Crees que el título puede empañar la percepción de la película? Que la gente solo la vea intentando interpretar cuáles son las reencarnaciones de Uncle Boonmee, cuando finalmente esto no resulta tan importante... No, aunque la película haya cambiado desde el primer proyecto que adaptaba muy literalmente el libro sobre las vidas pasadas de Uncle Boonmee hasta la obra final. Pienso que el título es muy importante porque ayuda a entender que esta es una película sobre recuerdos, sobre capas de remembranzas. Podrían ser vidas pasadas o, simplemente, vidas diferentes, como cada uno prefiera. Pero la película quiere reflejar cómo opera este sedimento, cómo te asaltan todos estos recuerdos fragmentados cuando te estás muriendo. Sin este título, la gente acabaría mucho más perdida.

Pero también preservas cierto sentido del misterio. Se trata de una forma concreta de apreciación de la vida. Y de no querer funcionar como un intruso. Cuando viajas y sucede algo durante el camino, no siempre tienes tiempo para detenerte y preguntar a la gente qué ha pasado. Así que muchas veces la apreciación de la realidad es pasajera. Ni tan siquiera dentro de tu misma cultura entiendes a todas las personas. Resulta inútil pretender que sabes la causa de todas las cosas y eso es algo que quería preservar en el filme. Para mí el misterio es como un motor para la vida, la hace avanzar y la embellece. 

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